Podríamos empezar recordando la importancia histórica de The Köln Concert. Grabado en la ciudad alemana, que a veces se castellaniza como Colonia, el 24 de enero de 1975, se trata del disco de jazz solista más vendido y del disco de piano más vendido de todos los tiempos. Su intérprete fue Keith Jarret, pianista virtuoso y una de las figuras más importantes del jazz de vanguardia, que tocó en varias bandas incluida la de Miles Davis, y luego se hizo solista para pasar a tocar su piano completamente solo y de manera absolutamente improvisada. Con este concierto, Jarrett alcanzó para muchos su pico artístico, y es considerado como una obra maestra pese a todas las circunstancias desfavorables que lo preceden y que contribuyen a su leyenda.
Y podríamos pensar este primer párrafo como una falsa entrada, que es el recurso que utiliza el film al comienzo con una voluntad lúdica de la que ya vamos a hablar. Porque La chica de Colonia, la película, no se trata exactamente del concierto, del que finalmente no escuchamos ni una nota, sino de aquello que lo precede, el armado, el “andamiaje” como se sugiere al comienzo del film. Y Keith Jarreth es importante, sí, y mucho. Pero la protagonista acá es Vera Brandes.
¿Y quién es Vera Brandes? Al comienzo del film es solo una adolescente de 16 años (interpretada por Mala Emde) que vive con sus padres y su hermano, con quienes tiene una relación tirante por decirlo amablemente, y que sale por las noches con su novio y sus amigos recorriendo pubs y conciertos de rock y jazz. En una de esas salidas conoce al músico Ronnie Scott (Daniel Betts) quien, pese a la corta edad y la inexperiencia de Vera, le encarga que le consiga unas fechas para tocar. A partir de allí Verá inicia una carrera de Tour Manager con un éxito inesperado hasta para ella misma.
Cuando Vera asiste a una presentación de Keith Jarret tocando solo con el piano queda extasiada y decide producirle un concierto en la Ópera de Colonia. Jarret (John Magaro) está en un momento artísticamente extraordinario pero personalmente muy duro, con fuertes dolores en la espalda, problemas de insomnio y una precariedad económica que lo lleva a ir de una fecha a la otra en un coche manejado por su amigo y manager Manfred Eicher (Alexander Scheer). El camino hacia la concreción del evento en cuestión está plagado de obstáculos y su eventual fracaso podría poner a Vera en la circunstancia de volver vencida a la casita de los viejos resignando su recién ganada libertad.
En parte Biopic, en parte Coming of Age, La chica de Colonia es básicamente la historia de crecimiento de Vera y el largo camino de liberación de la tiranía paterna. Lo que hace el film del realizador israeli radicado en Estados Unidos Ido Fulk, es poner en escena el recorrido que va desde esa adolescente inexperta pero con mucha actitud, hacia la chica preferida de la escena jazz en Alemania (la “conejita del Jazz”, titulo con que la bautiza un periódico y que le trae muchos problemas), para más tarde (y ya fuera de campo) convertirse en una figura relevante en esa misma escena que al principio no la tomaba en serio.
Pero aún cuando el centro de gravedad del relato pasa por su joven protagonista, el fondo también tiene su gracia. Una de las cosas más atractivas de la película es el retrato de la escena musical de Alemania de mediados de los 70, que incluye no solo al jazz sino también lo que pasaba con el rock alemán en ese entonces, con el apogeo del Krautrock de bandas que se mencionan y/o suenan en el film, como Can, Floh de Cologne y Neu!
Estrenada con una buena recepción en el Festival de Berlín de 2025, se trata de una película liviana y divertida, donde lo más interesante, además de los hechos y personajes históricos que retrata, es el estilo y el espíritu juguetón, las constantes rupturas de la cuarta pared y desvíos de la trama, Quizás como una manera ligera de replicar desde la puesta las formas improvisadas del Free Jazz que menciona con frecuencia.
Además de por Vera, varias de estas alocuciones al público están protagonizadas por Michael Watts (Michael Chernus), periodista especializado en Jazz que llega a Europa con la dificultosa tarea de entrevistar a Jarret y termina viajando con él y convirtiéndose en testigo privilegiado de un evento histórico. Watts le habla directamente a la audiencia para dar explicaciones que pueden ir desde una semblanza del propio Jarrett a una mini clase sobre la evolución del Jazz, ilustrando con cuadros sinópticos o material de archivo. Todos estos juegos formales están acompañados de mucho humor y un espíritu de provocación bastante inocente y amable.
El film se beneficia de gran elenco encabezado por Mala Emde, cuya actuación es notable, pero hay que decir que aparenta los 30 años que en realidad tiene. Para aceptar que su personaje va de los 16 a los 18 se le pide al espectador cierta dosis de buena voluntad y suspensión de la credibilidad. Obviamente no es el primer caso en la historia del cine, pero aun así. A pesar de sus desvíos y juegos formales, La chica de Colonia es una película bastante clásica, con conflictos bien claros y un camino de obstáculos y superación. Quizás no entregue tanto como alardea, pero es una experiencia muy disfrutable.
LA CHICA DE COLONIA
Köln 75. Dirección: Ido Fluk. Intérpretes: Mala Emde, John Magaro, Michael Chernus, Alexander Scheer, Ulrich Tukur, Jördis Triebel. Guión: Ido Fluk. Fotografía: Jens Harant. Música: Hubert Walkowski. Edición: Anja Siemens. Diseño de Producción: Jutta Freyer. Origen: Alemania. Duración: 116 minutos.





