En una época en donde el cine recoge la aprensión generalizada por las guerras sectorizadas que rápidamente pueden pasar a ser conflictos mundiales, catástrofes naturales provocadas por el calentamiento global e incluso el temor del accionar de la ultraderecha con su agenda fanática, el obvio desenlace del fin de la humanidad por el accionar nuclear -con El día después, de Nicholas Meyer (1983) como película paradigmática-, son propios de otra época del cine, sin embargo Kathryn Bigelow vuelve a poner en agenda el asunto con Una casa de dinamita, una inquietante ficción que pone en el centro el peligro real de una guerra nuclear.

La premisa es simple: un misil con ojiva nuclear que parte desde algún lugar del Pacífico, es detectado por el aparato de defensa estadounidense cuando faltan apenas 18 minutos para que impacte sobre Chicago.

La reacción para evitar la hecatombe es sobre donde se monta el relato a partir de diferentes puntos de vista, en donde entran variables como la intercepción del misil, el contraataque, y si todo falla, la evacuación de la ciudad en la mira.

Por supuesto, a partir de la mira estadounidense, Rusia, China y Norcorea son los posibles agresores que se barajan, pero en realidad no se sabe quién está detrás del ataque, un desconcierto pasmoso teniendo en cuenta que se supone que Estados Unidos tiene el complejo tecnológico y militar más grande de la historia de la humanidad.

Bigelow (The Hurt Locker: Vivir al límite, La noche más oscura) parece preguntarse cuál es el rol de su país como potencia mundial en declive y entonces, a partir del guion de Noah Oppenheim (autor de la serie Día cero) recorre e indaga los pasos que siguen los funcionarios de primera, segunda y tercera línea en una crisis terminal como es un ataque nuclear.

Así y mientras los personajes piensan en sus propios queridos ante la catástrofe, la mirada está puesta en igual orden de importancia y de peso dramático en una estación militar remota en Alaska que tiene como misión repeler ataques transcontinentales, la sala de situación al mando de la capitana Olivia Walker (Rebecca Ferguson), la actitud del secretario de Defensa Reid Baker (Jared Harris ) y las decisiones sin vuelta atrás que sopesa el propio presidente (Idris Elba )

De lo que se trata, parece decir la directora, es mostrar la increíble fragilidad del sistema, el estupor, la sucesión de errores que se producen en la cadena de mandos y claro, la incompetencia.

Desde el thriller que remite a las películas de catástrofe tan comunes en los 70, con muchas escenas clave filmadas con cámara en mano que le imprimen a la historia un carácter por momentos documental, Una casa de dinamita desarrolla una tensión extraordinaria, siempre en aumento pero que sin embargo, aún en medio del frenetismo de las acciones, reserva tiempo para reflexionar sobre la locura de tener a la casa de la humanidad, el planeta, asentada sobre un arsenal letal que por un sinfín de razones podría explotar y determinar el fin de los tiempos.

UNA CASA DE DINAMITA
A House of Dynamite. Dirección: Kathryn Bigelow. Elenco: Idris Elba, Rebecca Ferguson, Gabriel Basso, Jared Harris, Tracy Letts, Anthony Ramos, Moses Ingram, Jonah Hauer-King, with Greta Lee, and Jason Clarke. Also starring Malachi Beasley, Brian Tee, Brittany O’Grady, Gbenga Akinnagbe, Willa Fitzgerald, Renée Elise Goldsberry, Kyle Allen y Kaitlyn Dever. Guion: Noah Oppenheim. Fotografía: Barry Ackroyd. Música: Volker Bertelmann. Origen: Estados Unidos,2025. Duración: 112 Minutos. Estreno el 24 de octubre en Netflix

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