Mary Shelley escribió Frankenstein como producto de una apuesta de su marido con otros escritores que se juntaban a tomar ajenjo y a jugar con las palabras. Era 1818 y a la larga la novela resultó ser un clásico. En 1931 se estrenó la primera película que no estaba basada en el relato original, sino en una obra de teatro que adaptó para el escenario aquella novela. A Frankenstein le siguió La novia de Frankenstein y después una larga lista de películas basadas en el relato.

Cuando hace un tiempo Maggie Gyllenhaal anunció que estaba dispuesta a llevar adelante su versión de La novia de Frankenstein, muchos tomaron nota del regreso del relato clásico en distintas miradas porque ya se sabía que Guillermo Del Toro estaba pre produciendo Frankenstein.

La película de Del Toro llegó a las pantallas hace meses y resultó deslumbrante en su obsesión por producir todo de manera lo más analógica posible. Su apego al relato original y la mirada sobre los distintos puntos que abarca la novela, que van desde la creación misma hasta el desgarro de la criatura que descubre que ser eterno no es necesariamente un don.

La novia es una especie de continuación alucinada y torturada salida de una Mary Shelly, muerta por un cáncer cerebral y que desde algún lugar espectral se queja de que nunca pudo desarrollar su relato clásico. Que le quedó algo por contar y que piensa llevar adelante su idea. El espectro de la escritora posee el cuerpo de una prostituta de Chicago en 1930. Por desgracia el espectro fue a ocupar el cuerpo de esa mujer desdichada que trabaja como informante de la policía. Esa noche el fantasma toma posesión de la prostituta pero todo se complica y la mujer termina asesinada.

Por esos días el monstruo (Christian Bale) creado por el Dr. Frankestein está en la misma ciudad porque hasta allí lo llevó la pista de un especialista en el trabajo de su creador. El monstruo lleva más de cien años sin compañía, necesita un alma gemela o algo así. Una vez que llega al especialista en cuestión descubre que es una científica, la doctora Euphoius (Annete Benning) y le pide por favor que le consiga una compañera. Después de algún tire y afloje sobre lo moralmente pertinente del asunto, la Euphoius se apiada del monstruo que hay que decirlo, arrastra desde hace un siglo una urgencia sexual.

La criatura y la doctora se meten en el cementerio y se traen el fiambre más fresco del lugar que, lo crean o no, resulta ser la prostituta de los primeros minutos de la película.

Ahora si el monstruo ya tiene su compañera que no entiende muy bien que está pasando. La criatura trata de meterle a su novia recuerdos inventados. Mientras eso pasa ocurren algunos eventos desafortunados y el monstruo defendiendo a su novia mata a una par de violadores, luego ella mata a un policía y ahí ya no hay más paz.

El vértigo se apodera de la pantalla, el monstruo baila tap y canta, en un claro homenaje a El joven Frankenstein, pero no es la única cita cinéfila. La pareja de monstruos se vuelven una especie Bonnie & Clyde góticos y en el pico de todo eso aparece una especie de denuncia sobre el maltrato hacia las mujeres y  la película se vuelve una oda sobre el mee too. El pastiche post moderno está servido para el que quiera desmesura, sexo y algunos toques gore. Jesse Buckley se adueña de la película, incluso por encima de Christian Bale, mientras que Penélope Cruz y Peter Saasgard son una pareja de detectives al estilo de las screwball comedy clásicas.

La novia está destinada a molestar al público más conservador y a conquistar a los que gusten del cine que se atreve a cruzar ciertos límites. Lo que es seguro es que nadie que se siente a ver lo nuevo de Maggie Gyllenhaal saldrá indiferente.

¡LA NOVIA!
The Bride
. Dirección y guion: Maggie Gyllenhaal. Reparto: Jessie Buckley, Christian Bale, Peter Sarsgaard, Annette Bening, Penelope Cruz, Jake Gyllenhaal, Julianne Hough, Louis Cancelmi, John Magaro, Linda Emond, Jeannie Berlin, Matthew Maher. Música: Hildur Guðnadóttir. Fotografía: Lawrence Sher. Origen: Estados Unidos, 2026. Duración: 126 minutos.

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