La historia de Frankenstein fue escrita por Mary Shelley en 1818 y desde esa época ha tenido distintas formas de representaciones fuera de las página del libro y de ellas resalta la película de 1931 protagonizada por Boris Karloff y dirigida por James Whale. Ese film estableció las bases de la historia para el gran público, aunque no fue del todo fiel al relato original. En aquel relato perdió movilidad y le aparecieron unos insólitos tornillos en el cuello pero el argumento en general respetaba bastante el original. De las distintas versiones posteriores -este cronista prefiere la Mel Brooks- pero mejor seguir de largo y hablar de éste versión de 2025 que llega de la mano de Guillermo del Toro, un especialista en criaturas deformes, hipersensibles e incomprendidas si se estudia un poco su filmografía (Cronos, Mimic, El espinazo del diablo, Hellboy, El laberinto del fauno, La forma del agua, etc.).
La nueva versión resulta la mas fiel al formato de la novela original que se construía cómo un intercambio de cartas entre los protagonistas, es decir el Barón Frankestein y la criatura. El relato se construye a través de la voz en off de los protagonistas, el Barón relata el inicio y la voz de la criatura aparece en la segunda mitad.
Durante dos horas y media, Del Toro narra de manera majestuosa, desbordada y de un romanticismo extremo la historia en la que la criatura le plantea a su creador con qué derecho lo hizo volver de la muerte convertido en un ente que no tiene forma de integrarse a una vida diaria y sin posibilidades de morir y hasta llega a reclamar que fue pensado como un Prometeo moderno pero terminó siendo una ángel caído. A su vez, después de darse cuenta del resultado de su obra el creador sufre otros tormentos de orden moral y hasta metafísicos.
Guillermo Del Toro crea una película hermosa llena de texturas increíbles y un manejo de la paleta de colores que envuelve al espectador. La dirección de arte del nuevo Frankenstein se afirma en la mirada del director y apela a efectos prácticos y a un manejo de cierta forma artesanal que se hace presente en la mismísima creación de la criatura. Así, el Barón Fankenstein va a coser con sus propias manos a la criatura en un momento impactante en que destroza cuerpos humanos para combinar las distintas partes del monstruo.
El elenco se entrega a este juego extremo y todos brillan, desde Mía Goth como la novia del hermano del Barón Frankestei (Oscar Isaac), que parece ser la musa favorita de los directores de cine de terror, hasta Jacob Elordi que se mete en la piel de la criatura.
El resultado es sorprendente, poético y aunque suene demasiado pretencioso, filosófico.
No son muchas las películas de estos días que le tiren al espectador semejante combinación de elementos y ese arrojo ubica al director mexicano como un artista de los que ya quedan pocos, con una mirada personal y capaz de olvidarse de los que supuestamente quieren el mercado y “la gente” para entregar una obra total, que obliga al espectador a prestar atención y entregarse al placer de disfrutar de un relato gótico lleno de estímulos.
FRANKENSTEIN
Dirección: Guillermo del Toro. Elenco: Osar Isaac, Jacob Elordi, Christoph Waltz, Mia Goth, Felix Kammerer, Charles Dance, David Bradley, Lars Mikkelsen y Christian Convery. Guion: Guillermo del Toro, basado en el libro de Mary Shelley. Fotografía: Dan Laustsen. Edición: Evan Schiff. Música: Alexandre Desplat. Sonido: Nathan Robitaille, Nelson Ferreira, Christian Cooke, Brad Zoern y Greg Chapman. Origen: Estados Unidos, 2025. Duración: 149 minutos. En Netflix desde el 7 de noviembre.





