Cuando en 1963, Akira Kurosawa presentó en el Festival de Venecia su película El cielo y el infierno ya era un director absolutamente consagrado en Occidente. Pero si bien en Japón la película ganó premios y fue la más taquillera del año, en Europa y Estados Unidos no despertó tanto entusiasmo. Uno podría aventurar que quizás este film, basado en una novela del norteamericano Ed Mc Bain, un drama contemporáneo y policial de procedimiento con un fuerte dilema moral, no era exactamente lo que se esperaba de Kurosawa en esta parte del mundo. Y es que “el más occidental de los directores japoneses” era sobre todo identificado con sus films de samurais, el género nipón por excelencia.  

No obstante, con el tiempo, aun sin ubicarse dentro del podio del director, el film fue creciendo en valoración, y la posibilidad de una remake fue tomando forma. De hecho Steven Soderbergh hizo en 2003 una adaptación en formato miniserie llamada Círculo cerrado (disponible en HBO).  Pero en cuanto al largometraje, los que se barajaron para dirigirla fueron nombres de peso: Martin Scorsese, Mike Nichols, Walter Salles. Pero fue finalmente Spike Lee el que se quedó con el empleo. Lee ya había hecho en 2013 una remake de un film oriental con Oldboy, pero a su versión del film de Chan-wook Park no le fue nada bien ni con la crítica ni con el público. Sin embargo esta vez Lee, un admirador confeso de Kurosawa, realizó una muy lograda remake que toma unos cuantos de los temas planteados por el original y le agrega algunos propios. 

En el film original un ejecutivo de una importante fábrica de zapatos, interpretado por el gran Toshiro Mifune, planea comprar las acciones que le permitan quedarse con el control de la compañía, un viejo proyecto que viene planeando desde hace tiempo. Pero justo cuando sus planes están por realizarse, recibe un llamado anónimo que le informa que su hijo ha sido secuestrado y pide por su rescate una suma que va a dar por tierra con su proyecto de manera definitiva. Cómo vuelta irónica de los hechos, resulta que el secuestrador se confundió y secuestró en su lugar al hijo del chofer del empresario. Aun así le exige el pago a cambio de la vida del chico, con lo cual para el empresario se abre un dilema: pagar y perderlo todo a cambio de un hijo que no es el suyo, o simplemente lavarse las manos con las consecuencias que eso conlleva. 

En la versión 2025 el empresario es David King, interpretado por Denzel Washington, y si bien el planteo es básicamente el mismo, Lee cambia la industria del calzado por la industria de la música. No es un cambio menor. Washington es David King, un productor musical de Nueva York. Pero no cualquier productor sino el de “los mejores oídos del negocio”. King le hace honor a su apellido como un verdadero referente de la industria musical, fundador de un exitoso y prestigioso sello discográfico dedicado a la música negra. Está en la cima de la cadena y con una historia y un prestigio que atestiguan los premios y las tapas de revistas que decoran su lujoso departamento. Cuando la noticia del secuestro lo golpea, lo enfrenta no solo a la posibilidad de arruinar su próxima jugada, sino de perder todo aquello que ha venido construyendo a lo largo de su carrera. Al igual que en el primer film, aquí se juega para él el dilema moral de hacer lo correcto y salvar al hijo de su chofer, que en esta versión además es su amigo de toda la vida, y en el proceso perderlo todo, o negarse a pagar y salvar su negocio. Esto último tampoco es gratis. Si en la versión de 1963 la opinión pública era un elemento a tener en cuenta, esto se refuerza en 2025 cuando entran a jugar los elementos de Backlash y cancelación, cuando lo que uno decide íntimamente se vuelve hashtag y tendencia.

La decisión de llevar la trama a la industria musical, le da la oportunidad a Lee de introducir el tema que viene desarrollando desde el inicio de su carrera, que es básicamente qué es ser negro en los Estados Unidos. A través del negocio musical, Lee hace un comentario sobre la cultura negra, y específicamente sobre cómo esta se vende y cómo se consume. Más aún cómo esto cambió en los últimos tiempos. King es un referente pero también es un tipo grande, un millonario que siente que quizás haya perdido contacto con las raíces y con la calle, que le pide a su hijo adolescente que lo tenga al tanto de la música nueva, y que se viene planteando la alternativa de aggiornarse a los nuevos tiempos o seguir su instinto. Cerca del final se le va a plantear un nuevo dilema en forma de propuesta que lo pone frente a esta disyuntiva. 

Si la primera parte del film, sigue con bastante fidelidad al original, en la segunda, que en aquella era más un procedural que le cedía el protagonismo al inspector de policía interpretado por Tatsuyta Nakadai, en su versión Lee conserva el protagonismo de King. Es este mismo el que va a hacerse cargo de una búsqueda que, de alguna manera, es también una reivindicación y una manera de reencontrarse con su orígenes Y lo hace adentrándose en unas calles de Nueva York que Lee filma de una manera en que convierte a la ciudad en un elemento esencial del relato. Uno de los mejores ejemplos de esto es la vertiginosa escena de persecución, donde el realizador además le cede el foco por un buen rato a la cultura Latina. Spike rinde su homenaje al cineasta que admira, con una versión que le hace honor al original, pero que a la vez se lo apropia, logrando de esta manera un film que, al verlo, nos damos cuenta que es indiscutiblemente suyo. 

DEL CIELO AL INFIERNO
Highest 2 Lowest. Dirección: Spike Lee. Intérpretes: Denzel Washington, Jeffrey Wright, Ilfenesh Hadera, A$AP Rocky, John Douglas Thompson, Dean Winters, LaChanze, Princess Nokia. Guión: Alan Fox. Fotografía: Matthew Libatique. Música: Howard Drossin, A$AP Rocky. Edición: Barry Alexander Brown, Allyson C. Johnson. Diseño de Producción: Mark Friedberg. Origen: Estados Unidos. Duración: 133 minutos.

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