La saga de terror Destino final tuvo como inicio una historia escrita para los Expedientes secretos X que nunca llegó a filmarse. Años después, se convirtió en una película y acá estamos, recibiendo la sexta entrega de una fórmula que parece imbatible. La historia es sencilla, parte de un grupo de gente sobrevive a una catástrofe que ante la muerte, que es insistente y no le gusta que la eludan, busca que los sobrevivientes mueran, uno por uno y de las maneras más estrambóticas, así que la gracias es ver cuán imaginativos son los guionistas para crear cada una de esas muertes. De las películas anteriores existe un consenso acerca de que la mejor de ellas es la segunda pero aquí estamos para hablar de la sexta entrega, así que aquí vamos.
Iris y Robert son novios y con ganas de formar una familia, el muchacho consigue una invitación para la inauguración de una torre de 150 metros de altura, con todos los lujos de la época, 1960 pongamos. Al subir al edificio Iris comienza sentirse mal y tiene una premonición funesta. Gracias a eso salva a un montón de gente.
Saltamos varias décadas para adelante y nos encontramos con una estudiante universitaria que tiene una pesadilla que no la deja prepararse para un examen final. La estudiante se llama Stefi y es la nieta de Iris. Me adelanté un poco, pero es mejor no revelar los pasos que recorre Stefi para llegar a ese secreto a partir del cual y suene más que retorcido, la familia se va a enterar de que la muerte va por ellos.
Los 102 minutos que dura la sexta entrega de la saga cumple con creces la promesa de muertes rebuscadas, alto componente gore y bastante humor y claro, risas nerviosas.
DESTINO FINAL LAZOS DE SANGRE
Final Destination: Bloodlines. Dirección: Adam Stein y Zach Lipovsky. Elenco: Kaitlyn Santa Juana, Teo Briones, Richard Harmon, Owen Patrick Joyner, Anna Lore, junto a Brec Bassinger y Tony Todd. Música: Tim Wynn. Fotografía: Christian Sebaldt. Estados Unidos, 2025 – 109 minutos.





