“Yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí…”, de “Encuentro con un ángel amateur” (Indio Solari)
Primero lo primero: Francis Ford Coppola es el director de la saga de El Padrino, una obra formidable que por sí sola bastaría para significar un todo en la obra de cualquier director de cine, pero además, también es el autor de Apocalipsis Now, otro hito en el cine mundial. Y La conversación. Dicho esto, Coppola llegó a los 85 años y decidió hacer de Megalópolis, su testamento cinematográfico, un legado que no repara en la respetabilidad ni en tomar en cuenta la opinión de nadie. De lo que se trató fue de mostrar, decir, llevar a la pantalla las obsesiones, visión del mundo y lo demás, bueno, lo demás no importa nada.
Megalópolis es Estados Unidos o mejor, Nueva York como centro del mundo occidental, La Nueva Roma y claro, la referencia es la ciudad que controló buena parte del mundo de la antigüedad, la de los excesos y de la ambición desmedida, el centro de un imperio que no tomó conciencia de su decadencia y desapareció.
En la película el eje del relato es César Catilina (Adam Driver), un poderoso arquitecto ganador del premio Nobel por haber descubierto el Megalón, un material que permite construir casi lo que sea y con el que Catilina pretende crear un mundo ideal, en donde la justicia y la educación sean el norte de esa sociedad utópica del futuro.
César tiene sueños y delirios tan desmesurados como su homónimo de la antigüedad, así que destruye barrios enteros para ganar espacio de la urbe soñada. El alcalde (Giancarlo Esposito) encarna la oposición a las iniciativas de César, porque lo dejarían sin posibilidad de negociar contratos millonarios y toda la corruptela política en torno a la contrucción.
El otro personaje relevante es Julia (Nathalie Emmanuel), enamorada del arquitecto-genio e hija del alcalde-corrupto.
El resto, Shia LeBeouf, Aubrey Plaza, Jon Voight, Laurence Fishburne, Dustin Hoffman, Jason Schwartzman y siguen las figuras, andan por ahí, contentos de participar de una película-evento, plenos en colaborar con la visión del director.
¿Y de qué se trata la visión del Coppola? Bueno, en este punto es difícil la respuesta, en todo caso lo más honesto en cuanto a los tramos comprensibles en oposición a lo críptico del relato, tiene como camino a seguir es la reflexión sobre los Estados Unidos, un país que se parece poco al país en donde el director creció y se convirtió en un artista respetado por todo el mundo.
Su mirada es feroz y desencantada, en el discurso que plasma en Megalópolis se entrecruza el desprecio por Trump, la desesperanza, sus propios sueños desmesurados (como una especie de Kurtz, el de Apocalipsis Now por si hace falta aclarar, vagando por una sociedad que ya no lo contiene ni entiende), el ego desbordado, los golpes de efecto, las ideas geniales y también las otras tan obvias que dan pena, tramos oníricos, mezcla de géneros y desborde por donde se lo mire.
Se trata de una experiencia extenuante, como si el espectador se viera obligado a asitir a una vivisección a cerebro abierto de un gran artista, con partes incomprensibles, otras esperables y hasta disfrutables y el resto como flashes que no significan nada para la mayoría y que la más de las veces ni siquiera encandilan.
Dicho todo esto y volviendo al principio, no está de más repetir que probablemente sea la última película del autor de El Padrino y Apocalipsis Now, así que tiene todo el derecho a hacer lo que se le acurra -de hecho, lo hizo y puso su capital para solventar la película-, tiene derecho a darle a no importarle la oposición del público ni de la llamada prensa especializada, mientras que los espectadores tendrán todo el derecho a salir más o menos indignados después de ver la último y grandioso acto de megalomanía de un genio.
A mí me parece un trato justo.
MEGALÓPOLIS
Título original: Megalópolis. Dirección y guion: Francis Ford Coppola. Reparto: Adam Driver, Giancarlo Esposito, Nathalie Emmanuel, Shia LeBeouf, Aubrey Plaza, Jon Voight, Laurence Fishburne, Talia Shire, Dustin Hoffman, Jason Schwartzman. Fotografía: Mihai Malaimare Jr. Música: Osvaldo Golijov, Grace VanderWaal. Estados Unidos, 2024. Duración: 138 minutos.





