Si le preguntamos a un espectador local acerca de Stiller y Meara, lo más probable es que el cinéfilo identifique a su hijo, el famoso actor y director Ben Stiller. Si le mostramos fotos quizás reconozcan en Jerry Stiller a Frank Constanza, el padre de John Constanza en la sitcom Seinfeld, y a Anne Meara por papeles muy secundarios en Alf o Sex and the City. Pero probablemente ninguno reconozca a Stiller y Meara como uno de los dúos cómicos más famosos de la televisión norteamericana.  

Sin embargo Stiller y Meara son casi una institución en ese país, un dúo de comedia integrado por marido y mujer en la vida real, que cimentó su popularidad en el Show de Ed Sullivan, un programa de audiencia millonaria, que participó de manera sostenida en teatro y televisión y llegó a tener su propia Sitcom. Ambos trabajaron exitosamente en dueto entre los años 60 y 70 y luego siguieron con apariciones conjuntas intermitentes mientras continuaban sus carreras por separado. La pareja permaneció junta hasta la muerte de Anne en 2015. Su marido la sobrevivió cinco años más, hasta fallecer en 2020. Hoy en Estados Unidos ya forman parte de la cultura popular. 

El mismo espectador local seguramente sabe perfectamente quién es Ben Stiller, uno de los nombres más referenciales de lo que se ha dado en llamar la Nueva Comedia Americana. Actor, director, productor, protagonista de películas  icónicas como ZoolanderLoco por Mary o Los excéntricos Tenenbaum, director entre otras de Generación X o Tropic Thunder y responsable de series como Severance. Pues bien, Ben es el hijo del exitoso dúo, criado entre las bambalinas de aquella legendaria carrera, y el documental Stiller y Meara: Nada se ha perdido, entrenado recientemente en Apple TV, pareciera ser la puesta en escena de sus intentos de arreglárselas con aquella herencia. 

Se trata de una herencia que es tanto metafórica como literal. Y es que el disparador de la película, y con la que arranca luego de una secuencia de archivo, es el recorrido que hace Stiller y su hermana por el viejo departamento familiar, tal como se explicita en un diálogo entre ambos acerca de este regreso y del propio documental, en lo que se declara como una suerte de abordaje meta. La visita está motivada por la necesidad de vender este hermoso piso en Nueva York cargado de recuerdos, de los psicológicos y de los materiales y de los cuales hay que disponer en más de un sentido. Esto dispara en Stiller toda una revisión tanto de lo que fueron y significaron Anne y Jerry como artistas por un lado pero también lo que fueron como padres. 

Que nadie busque en el documental un relato pormenorizado de la carrera, una biografía más convencional sobre Jerry Stiller y Anne Meara con un repaso formal por vida y obra. Ben Stiller no tiene la distancia para ello y ni se lo plantea. Es cierto que el film recorre sus vidas, antes y después de la fama, los altos y bajos de su carrera y su relación, todo ello con abundante archivo. Pero todo el relato está puesto en función de la relación del propio realizador con sus padres, con su infancia, con cómo fue vivir y crecer con ellos y, en buena medida, qué hay de ellos en su propia vida y obra. 

Stiller entrevista a amigos y ex colaboradores de sus padres, entre ellos un Christopher Walken que de muy joven se hizo amigo del ya mayor Jerry. Pero los principales personajes del film son los miembros de su familia: él, su hermana Amy, su esposa la actriz Christine Taylor y sus hijos Ella Y Quinn. Stiller habla con ellos y revisa su historia con sus padres famosos comparándola con su propia experiencia como padre famoso, dándose cuenta en el camino como en muchos casos repitió con sus hijos los mismos errores que él le reprochaba a sus padres.  

Y es que Stiller y Meara es una película sobre sobre ellos pero es también una película sobre el propio Ben Stiller, sobre lo que fue crecer con padres célebres y amarse a su vez una carrera artística con ese antecedente, esa ayuda y ese peso. Algo así como la experiencia de ser un Nepobaby, para hablar en términos bien actuales. Una experiencia particular que sus hijos comparten y comparan graciosamente con la de su esposa y madre Christine Taylor, la de tener unos padres “normies”.

En un punto el documental de Stiller no es tan diferente, o directamente se adscribe, a la tendencia hoy en boga de los documentales en primera persona con gran parte de su metraje ilustrado con archivo familiar. Precisamente el archivo es abundante y en gran parte inédito. Y esto es gracias a la la acumulación obsesiva de Stiller padre que guardó una enorme cantidad de material en varios tipos y formatos a lo largo de los años. Así desfilan clips de películas, sketches de televisión, backstages, filmaciones caseras, fotos, recortes de prensa y hasta diálogos personales grabados en cassette. 

El gran tema de la película termina siendo el legado, tanto el cultural, artístico y universal, como el familiar, personal e íntimo, y como ambos tipos se entrelazan en la forma en que alguien, en este caso Stiller, pero también sus hijos, se incluye dentro de un linaje. Y si, el documental se siente en varios momentos como una suerte de terapia a cielo abierto, pero como la historia es interesante, igual se disfruta.

STILLER Y MEARA: NADA SE HA PERDIDO
Stiller & Meara: Nothing is Lost. Dirección: Ben Stiller. Elenco: Ben Stiller, Amy Stiller, Christine Taylor, Ella Stiller, Quinn Dempsey Stiller, Christopher Walken, Jerry Stiller (archivo), Anne Meara (archivo). Música: Will Bates. Edición: Adam Kurnitz. Origen: Estados Unidos. Duración: 97 minutos.

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