Si bien las películas hechas con archivo o material filmado previamente por otros existe desde hace décadas, en los últimos 20 años los films documentales hechos a partir de la reinterpretación de material audiovisual no creado especialmente para los mismos conocieron un crecimiento notable. Estos materiales audiovisuales pueden incluir archivo fílmico o periodístico realizado de manera profesional pero también pueden provenir de múltiples orígenes y formas: películas caseras, videos tomados con el celular, cámaras de seguridad o cámaras policiales. Este último caso es el de La vecina perfecta, el más reciente documental de la realizadora norteamericana de ascendencia india Geeta Gandbhir, que fue presentada en la edición 2025 del Festival de Sundance donde ganó el premio a la mejor dirección.
La vecina perfecta narra un caso muy reciente que tuvo bastante repercusión en los Estados Unidos, ocurrido en 2023 en el Condado de Marion en el estado de Florida, donde una disputa entre vecinos, concretamente una mujer, Susan Lorincz, y sus vecinos, en particular en relación a los hijos de estos, empezó escalar a niveles cada vez más intensos hasta terminar en una tragedia. Este episodio, a la vez, reabrió una serie de debates siempre candentes en aquel país.
El documental de Gandbhir está construido de manera casi total, salvo por algunos separadores y una filmación judicial, por imágenes tomadas por cámaras policiales, tanto en patrulleros como pequeñas cámaras corporales de los propios policías. Estas terminan funcionando como subjetivas de los mismos y su uso es cada vez más frecuente de forma mandatoria ya que suelen ser usadas como fuentes de evidencia legal. No hay entrevistas, no hay narración en off, no hay material complementario, por ende todo en el relato pasa por el montaje, por cómo se organiza y se presenta esa cantidad de material policial registrado a lo largo de casi tres años.
Ese material va registrando los incidentes, las constantes llamadas de Lorincz quejándose de los hijos de sus vecinos, en su mayoría niños pequeños, los diálogos de los policías con ambas partes, el creciente hastío de los vecinos y el hartazgo de los propios agentes ante una situación que se percibe en parte preocupante y en parte ridícula. El relato arranca con los momentos previos a la tragedia y luego retrocede tres años para repasar, ahora sí de forma cronológica, un crescendo imparable y absurdo cuyo final nadie previó ni se ocupó de ponerle un freno, aunque visto a la distancia (que no es tanta) parece bastante previsible.
Que el relato esté construido casi exclusivamente con este tipo de archivo podría hacer pensar a priori en algo árido y demandante para el espectador. Sin embargo, a medida que avanza, el film se va haciendo cada vez más atrapante. Gandbir echa mano a recursos que parecen salidos de un thriller y el desarrollo del caso se va siguiendo como una suerte de crónica de un desastre anunciado, con un manejo de tensión y suspenso que se consume como una ficción a pesar de que los materiales están extraídos de lo real.
La realizadora ordena y los dispone esos archivos cuyo destino inicial claramente no eran formar parte de un relato cinematográfico, presenta hechos, personajes, diálogos, a veces hace diferir los los audios, llama la atención sobre ciertos elementos, y con todo eso hace cine. Tomando además como fuente exclusiva el material original. Solo el uso de ciertos colchones musicales puede pensarse como una suerte de subrayado que de todos modos no es grueso.
Pero a la vez lo que está presente es un trasfondo social mucho más denso que una disputa de vecinos que se desmadró. El hecho de que Lorincz sea blanca y sus vecinos mayoritariamnte negros no es un hecho menor. La cuestión racial, siempre en tensión en Estados Unidos, y hoy mucho más exasperada, toma un papel protagónico. Uno puede observar por ejemplo el trato policial muy deferente que se hace con la señora blanca que no es el que uno suele observar en general con la población negra, o en el uso de ciertas palabras que la policía ya no se atreve a pronunciar en público y prefiere aludir sutilmente como la “N word”, pero que sin embargo Lorincz usa contra sus vecinos y al ser interpelada justifica con una explicación bastante disparatada.
El otro debate que se hace presente se refiere a las leyes que están vigentes en algunos estados como el de Florida, que reciben el nombre Stay on the Ground (que podría traducirse como Defender tu posición). Estas leyes permiten el uso de fuerza letal en defensa propia, algo que en teoría, o en espíritu, apuntaría a brindar seguridad pero termina (y sobre el final se presentan las estadísticas que confirman lo que todos sospechan) beneficiando de manera ostensible a las personas blancas contra las personas negras. Con todo este material, y sin salirse de sus límites autoimpuestos, la realizadora presenta toda una serie de debates complejos, que tienen que ver con el racismo, la paranoia y la difícil convivencia entre diferentes clases y grupos étnicos, la portación de armas y los crecientes niveles de violencia.
LA VECINA PERFECTA
The Perfect Neighbor. Dirección: Geeta Gandbhir. Música: Laura Heinzinger. Edición: Viridiana Lieberman. Producción: Nikon Kwantu, Geeta Gandbhir, Alisa Payne, Sam Bisbee. Origen: Estados Unidos. Duración: 96 minutos.





