Es posible que algunos vayan a sentirse viejos, pero para esta ocasión vamos a recordar que ya pasaron unos 25 años desde el boom del cine de terror oriental. Por supuesto que el género es mucho más antiguo en aquellas cinematografías y ya tenia unos cuantos hitos memorables, sobre todo en Japón, como Kwaidan (1964) de Masaki Kobayashi, Onibaba (1964) o El gato negro (1968), ambas de Kaneto Shindo. Pero fue en el cambio de siglo cuando se produjo una expansión internacional a partir de películas y autores como Ringu (1998) de Hideo Nakata, Kairo (2001) de Kiyoshi Kurosawa o Ju-On (2003) de Takashi Shimizu. Films que fueron reversionados en Hollywood y mundialmente imitados, copiados y parodiados.
Y es que, sin formar un movimiento, muchas de estas obras tienen una atmósfera común, una estética, una forma de entender el terror que las hacen reconocibles. A partir de ahí, y, dado que fueron los japoneses los que tomaron la delantera, se terminó acuñando la etiqueta J-Horror. La ola expansiva alcanzó a otros países de la región como Hong Kong, Tailandia, y por supuesto Corea del Sur. Los coreanos (quienes tuvieron su propio boom por aquellos años) tomaron mucho de ese nuevo terror japonés en sus propias producciones por lo que también surgió la etiqueta K-Horror, ya que muchos de sus films de terror estaban en buena medida hechos según el molde de sus vecinos. Y si resaltamos los 25 años pasados es porque esta situación continúa hasta hoy. Un film coreano como Noise, sonidos del más allá es una buena prueba de ello
Ju-hee, una mujer que vive en un complejo de monoblocks, es acosada por una serie de misteriosos ruidos emitidos por alguna siniestra entidad y luego desaparece de su casa sin dejar rastro. Ju-young, su hermana, quien hace un tiempo se había alejado por problemas en la relación, vuelve y se instala en el departamento para investigar y dar con el paradero de su hermana . En su búsqueda Ju-young se va a encontrar con la indiferencia policial, la hostilidad de algunos vecinos, los misterios que surgen en nuevos recovecos y espacios ocultos del edificio, revelaciones que complejizan la trama y, desde luego, la presencia de la entidad que acosó a su hermana y ahora la toma como nuevo blanco.
Pero hay algo que hace especial a Ju- young, especialmente en esta circunstancia, y es que sufre de una dificultad auditiva. Si bien no es exactamente sorda, necesita audífonos para poder oír correctamente y cuando se los saca solo oye un vago rumor del mundo exterior. Esto, ante una entidad que se manifiesta, se anuncia y ataca a sus víctimas a partir de sonidos, le da a la protagonista en algunos momentos una indefensión extra pero en otros cierta ventaja. Ese uso ingenioso de una discapacidad o una característica especial como vía de percepción de lo sobrenatural recuerda un poco otro film de horror oriental, El ojo (2002) de los hermanos hongkoneses Oxide y Danny Pang donde una chica ciega, a partir de un transplante de córneas, era capaz de ver fantasmas.
Noise, primer largometraje de Kim Soo-jin, que participó de la edición 2024 del Festival de cine fantástico de Sitges, es en muchos sentidos una película típica del terror oriental, que sigue muy claramente los lineamientos desplegados a partir del J-Horror, en este caso K. Una interés en la creación de atmósferas más que en el sobresalto del jumpscare, un trabajo minucioso sobre los detalles, las luces y sombras, las imágenes que se sugieren difusas en el fondo, lo que se vela, lo que se muestra y lo que se va develando paulatinamente. Y en particular en este film, el trabajo sobre el diseño de sonido, sobre lo que la protagonista y el espectador escuchan al mismo tiempo, sobre lo que ella no escucha pero el espectador sí, y también cuando el mismo espectador participa de la propia experiencia auditiva de ella.
Uno de los elementos de esa influencia que el espectador puede reconocer y que aquí funciona es el enrarecimiento de los espacios cotidianos. La acción tiene lugar en ambientes prosaicos, los monoblock, las casa modernas de clase media, y toma un papel fundamental la incorporación de la tecnología cotidiana. Otro elemento prestado es la idea del hecho sobrenatural generado a partir de un resentimiento, un hecho violento que genera una rabia que contamina un lugar (algo que estaba por ejemplo en la base de Ju-On). Este planteo parece interesante al principio, pero demasiadas vueltas de tuerca sobre el final, una resolución que se estira más de la cuenta entre las explicaciones naturales y sobrenaturales, hacen que se vuelva confusa y se pierda parte del interés que hasta el momento se venía sosteniendo de manera más sólida.
25 años después del boom, el horror oriental ya es una etiqueta y en cierta medida una forma reconocible y hasta buscada para los fans del género. Aquello que alguna vez sorprendió hoy es parte del paisaje y una película como Noise, claramente subida a su estela, todavía puede provocar inquietud con esas mismas armas. No se trata de una propuesta muy original, pero es en general efectiva y cumple sin sorprender. Kim Soo-jin maneja con precisión las herramientas que toma prestadas y, aun con sus pasos en falso, logra hacerlas funcionar.
NOISE: SONIDOS DEL MÁS ALLÁ
Noijeu. Dirección: Kim Soo-Jin. Intérpretes: Lee Sun-bin, Han Soo-a, Kim Min-Seok, Ryu Kyung-soo, Jeon Ik-ryeong. Guión: Lee Je-hui. Fotografía: Hong-Gyu Jeon. Origen: Corea del Sur. Duración: 93 minutos.





