El cine de terror viene incorporando diversas mitologías ya desde sus primeros exponentes y estas se vienen explotando ininterrumpidamente, aunque con momentos de apogeo y retraimiento, hasta nuestros días. Vampiros, hombres lobos, fantasmas, y más tarde zombies y muertos vivos vienen poblando el género ya desde sus primeras décadas. Y no es que parecen agotarse, porque cada tanto aparece alguna película que los reutiliza o los reformula. Por eso, explorar otros monstruos, otras leyendas, otras entidades, abre la posibilidad de darle un poco de aire fresco y saludable. El asunto, como siempre, es el cómo.
Una película como Rosario: Herencia maldita parece una respuesta a esa idea. En este caso la mitología introducida es la del Palo, una religión sincrética de origen Africano, que en América se practica mayormente en Cuba pero también México, Colombia y Estados Unidos. Estos últimos son puntos relevantes para abordar el film, en principio porque se trata de una coproducción entre Colombia y Estados Unidos que transcurre en el país del Norte. Y también porque su director, Felipe Vargas, y gran parte del equipo técnico es de origen colombiano. Pero en cuanto a la historia que se cuenta, nada hay de colombiano. La mayoría de los personajes son latinos pero de origen mexicano. Aunque ya se sabe que para los norteamericanos, y también para su cine mainstream, cualquier cosa que pase al sur del Río Grande y el muro fronterizo es todo más o menos lo mismo.
Rosario (Emeraude Toubia) es una exitosa corredora de bolsa de origen mexicano que vive en Nueva York, ciudad a la que llegó desde niña con sus padres después de cruzar la frontera de manera ilegal. Recibe (e ignora) una serie de llamadas de Griselda, su abuela materna, de quien se distanció tras la separación de sus padres y la muerte de su madre y, cuando finalmente atiende, escucha a un vecino de esta informándole su muerte. Movida sobre todo por la culpa, Rosario se dirige al departamento de la difunta para encontrar el lugar en malas condiciones, el cuerpo ídem, un encargado y un vecino poco amistosos y una tormenta de nieve que la obliga a pasar la noche encerrada junto el cadáver mientras espera la llegada de su padre y la ambulancia.
Como ya se había mostrado en un flashback al principio del film, la abuela era practicante de la religión del Palo. Parte de la práctica implica rituales a una entidad creadora, Nsambi, que consisten en colocar huesos humanos y otros objetos en un caldero como ofrendas para pedir favores. Cuando Rosario inspecciona el departamento advierte que Griselda viene practicando el ritual hace tiempo y que en esos pedidos ella está directamente implicada. Por supuesto, los favores tienen un precio y, durante una noche que se intuye va a ser muy larga, fuerzas sobrenaturales van a venir a reclamarle a Rosario su parte.
En los papeles parece una buena idea incorporar elementos mitológicos o folklóricos no tan habituales en el género. Los mexicanos vienen explotando sus leyendas ya desde La Llorona (1933), la primera película de terror de aquel país, hasta más recientes esfuerzos como Huesera de Michelle Garza Cerver (2022). Los “gringos” se han apropiado de algunos de ellos, como en la reciente La maldición de la Llorona (2019) de Michael Chaves, relato incluido en el universo de El conjuro. Hay que decir que si bien Huesera tuvo una recepción entusiasta, el spin off de los Warren no tuvo esa suerte. Los resultados de Rosario: Herencia maldita, no entusiasman tampoco, o entusiasman solo en parte.
Felipe Vargas es un realizador con una propuesta visual interesante y potente, deudora del Sam Raimi de los años 80. La atmósfera pesada, la claustrofobia, el uso del espacio y de los cuerpos, sus contorsiones y sus fluidos, le deben bastante al director de Evil Dead, cuyas dos primeras películas parece por momentos estar referenciando. La cámara del realizador se mueve con confianza en las habitaciones, los pasillos, y recovecos ocultos de ese departamento en decadencia, mientras los efectos mayormente prácticos (nuevamente a la manera del cine de horror ochentero) aportan la inquietud que los insulsos jumpscares no pueden ni insinuar.
El problema mayor de Rosario es el guión firmado por Alan Trezza, lleno de agujeros y arbitrariedades, con líneas argumentales desaprovechadas como la del vecino interpretado por David Datsmalchian, que no van a ningún lado y parecen puestas para una aparición final meramente utilitaria, vueltas de tuerca apenas justificadas o directamente descolgadas (¡esa última escena!) y un repertorio añejo y gastado de clichés del cine de poseídos y apariciones. Anodina, inofensiva e inconsistente, ni una puesta visual atractiva ni una tradición sobrenatural poco explorada pueden salvarla de la intrascendencia.
ROSARIO: HERENCIA MALDITA
Rosario. Dirección: Felipe Vargas. Intérpretes: Emeraude Toubia, David Dastmalchian, José Zúñiga, Diana Lein, Paul Ben-Victor. Guión: Alan Trezza. Fotografìa: Carmen Cabana. Música: Brooke Blair, Will Blair. Edición: Claudia Castelo. Diseño de Producción: Carlos Osorio. Origen: Colombia, Estados Unidos. 2025. Duración: 88 minutos.






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