Hace muchos años, un tipo me encajó el micrófono en la cara cuando salía del edificio en donde vivía en mi primer departamento de soltero y me preguntó a los gritos: “¿Qué sabe de Marcela Tiraboschi?”.
En ese momento balbucee que “nada” y me fui. Vagamente conecté el apellido Tiraboschi a un romance-escándalo con Cacho Fontana y luego me enteré que la mujer era mi vecina.

Pero al que reconocí al instante fue al periodista, José de Zer, que quién iba a imaginar, poco después iba a convertirse en un showman de las noticias, un freak que cubría todo tipo de temas insólitos para la época. Y claro, tampoco nadie podía prever que décadas después se estrenaría El hombre que amaba los platos voladores, una película basada en su vida y en particular de su primera cobertura “inusual”, que definió el estilo que lo convertiría en una estrella televisiva y que marcaría el resto de su carrera.

La mínima anécdota con José de Zer no viene al caso –¿pero cómo iba a desperdiciar la oportunidad de contarla no?- , pero sin embargo da cuenta de la popularidad del periodista y del noticiero Nuevediario por aquellos años, una masividad de 50 puntos de rating construida en base a espectacularidad y mentiras varias.

Entonces es lógico pensar a José de Zer como un personaje fascinante a ser retratado por el cine, pero si bien Diego Lerman centra su mirada sobre la cobertura del periodista sobre la presencia extraterrestre en el cerro Uritorco en Córdoba, también amplia la mirada sobre el protagonista ficcionalizando su vida privada y la construcción que hace de ese informe decisivo (cuando abandonó el periodismo de espectáculos), tan aceitado que él mismo empieza a creer en ovnis y todo tipo de fenómenos, entre los que estaban los llamados “paranormales”.

Así que el centro del relato es el periodista, su hambre de gloria, de fama, pero también de alguien que empieza a creerse sus mentiras y deja en suspenso parte de su raciocinio.

Ese campo de batalla místico que se desarrolla dentro del personaje tiene como origen su participación cuando fue subteniente en el ejército de Israel durante la Guerra de los Seis Días, que en la película se muestra como una experiencia traumática que arrastra desde hace años, un conflicto no resuelto que de alguna manera lo conecta con su trabajo como cronista de sucesos insólitos.

Leonardo Sbaraglia logra dar cuenta de las múltiples facetas del personaje, desde la ambición y los problemas personales hasta la popularidad y el costado espiritual de un protagonista, siempre tenso, al borde de algún abismo privado.

El humor, la biopic deforme, son elementos de una película extraña, por momentos liviana y sarcástica pero también con una mirada piadosa y comprensiva sobre el protagonista, un ser complejo con una parte oscura que fricciona con esa veta de oro que se le abre laboralmente desde el periodismo y que De Zer toma como plataforma para embarcarse cada vez más en la ficción para llegar, al menos en la Argentina, al grado cero de las ahora llamadas fake news.

EL HOMBRE QUE AMABA LOS PLATOS VOLADORES 
El hombre que amaba los platos voladores. Argentina, 2024. Dirección: Diego Lerman. Elenco: Leonardo Sbaraglia, Sergio Prina, Osmar Núñez, Renata Lerman, María Merlino, Agustín Rittano, Norman Briski, Daniel Aráoz y Mónica Ayos. Guion: Diego Lerman y Adrián Biniez. Fotografía: Wojciech Staroń. Música: José Villalobos. Edición: Federico Rotstein. Dirección de de Arte: Marcelo Chaves. Sonido: Leandro de Loredo. Duración: 107 minutos. 

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