Luego de participar en la Competencia Oficial del Festival de San Sebastián con El hombre que amaba los platos voladores, en comunicación telefónica desde Madrid, su director Diego Lerman habló con Reencuadre sobre la película protagonizada por Leonardo Sbaraglia, que a partir del 18 de octubre estará disponible en la plataforma Netflix
El director de El suplente (2022), Una especie de familia (2017), Refugiado (2014), La mirada invisible (2010), Mientras tanto (2006) y Tan de repente (2002), esta vez eligió contar parte de la vida del popular periodista José de Zer fallecido en 1997, más específicamente el momento que dio un giro en su carrera y se instaló como un showman de las noticias a partir de la cobertura para el noticiero Nuevediario sobre la la posibilidad de la presencia extraterrestre en el cerro Uritorco en la provincia de Córdoba.
¿Qué fue lo que te atrajo de un personaje como José de Zer?
Había algo de trabajar en Córdoba, que es un lugar donde voy d vacaciones, que quiero mucho y además, hay mucha fabula extraterrestre, de creencias de fenómenos paranormales y mágicos, entonces tomé la historia de Zer muy libremente, porque lo que quedó de él son sus notas, él se encargó de que no haya mucho rastro de su vida de su vida privada y sí hay algunos testimonios de quienes lo conocieron, pero en general todo lo que corresponde a su vida privada es fue recreado fue funcionalización.
Lo que me interesó del personaje es el periodista de espectáculos que va a cubrir un fenómeno extraterrestre y empieza de golpe a hacer notas en un pueblo donde no hay demasiado, como era Capilla del Monte en los años 80, y cómo se arma un fenómeno televisivo y mediático que de golpe se le va de las manos a todos los que participaron en él.
Y surge el interrogante sobre las creencias.
Por un lado están las creencias, que en parte ese es el núcleo de mi motivación para hacer esta película: ¿Qué son? ¿Qué representan las creencias para la humanidad? Desde la creencia en los platos voladores, hasta de aquello que no podemos ver ni tocar en este mundo tan concreto y mercantilista. Las religiones, la magia, lo oculto, lo desconocido, tienen en común la base del misterio de la existencia y un intento de dar algún tipo de respuesta. Me interesó a través del personaje de José de Zer, la posibilidad de abordar esta temática y también el origen de las fake news, ese debate sobre si se debe o no contar la realidad, o si se debe entretener al espectador y cuál es el lugar de la verdad en las noticias que consumimos.
En el contexto de los 80 y los 90, a José de Zer se lo tomaba como un showman de la noticia, pero a la vez también tenía el cariño del público. ¿Cómo fuiste armando el relato para que estuvieran esas dos facetas?
Esta es una película de ficción, toma ciertos elementos de todo lo que ocurrió, pero no intenta contar exactamente cómo sucedió. José de Zer era un contador de historias y yo soy otro contador de historias. Utilicé la historia de José para contar aquello que me resultaba más relevante y también lo usé de excusa para adentrarme en aquello que me interesaba contar, dejando de lado algunas cosas, inventando otras y tomando algunos datos concretos que sucedieron, como por ejemplo las notas que hacía José, que están representadas muy fidedignamente, o la huella de pastizales quemados. Pero hay muchas otras zonas de la película que son puro invento, o hipótesis dramáticas.
Pero en ese armado surge un algo así como “elijo creer” del propio protagonista.
Es la historia de un hombre que va perdiendo la noción de si lo que ve es real o no. Nuestro José se pone a construir ficción para contar algo que es un fenómeno televisivo, con la idea de impactar al espectador, y de golpe empieza a creer en ese fenómeno, y empieza a creer que hay una verdad oculta y que él mismo es un elegido. La idea principal es contar una maquinaria y sobre cómo es armar una ficción y si la ficción está – o no – cerca de la realidad. El cine, esta película también por supuesto, es una maquinaria de ficción y en el fondo, en el mejor de los casos esconde una verdad. Por supuesto que la verdad es relativa, y está asociada al punto de vista. Si tuviera que definirla, es una comedia dramática que cuenta el dilema de creer o reventar.
¿Cuáles son las principales características de Leonardo Sbaraglia como actor para que lo hayas elegido para el protagónico? ¿Cómo trabajaron el personaje?
A Leo lo llamé y dije que tenía algo para que trabajemos juntos, él leyó el guion muy rápido y me dijo “no sé cuándo pensás hacerla, pero yo quiero estar”. Fue casi inmediato cómo entró en el proyecto, yo la había escrito pensando en él.
Leo hizo un trabajo muy intenso y profundo en la creación del personaje porque la propuesta y la demanda de la película que queríamos hacer era salir de la zona de confort, y arrojarse para ahondar en el drama más profundo del personaje y él se tiró de cabeza al desafío, hizo un trabajo increíble. Trabajamos en la preparación del personaje, él por su lado buscó transformarse, tanto físicamente como en el habla, y por momentos estaba irreconocible, fue muy impresionante como se puso al servicio de esta historia.
Fue un placer enorme trabajar junto a él, pedirle cosas, escucharlo, y guiarlo en función de las escenas y el arco dramático que iba haciendo el personaje. Desarrollamos mucha confianza, y creo que lo que ha logrado es muy llamativo. Estoy seguro que muchos se van a sorprender. Es un gran actor en un gran momento.
La película tiene mucho cuidado de burlarse del personaje. ¿Esto fue consciente, hubo una especie de premisa a la que ajustarse en ese sentido?
Al proyecto lo empecé a escribir hace como cinco años y recién con el guion terminado y ya en proceso de preproducción me contacté con la hija de José de Zer, así que la película fue hecha en total libertad, inspirada en su figura.
Sí hay algo de homenaje, pero el cuidado digamos que surgió del proceso creativo de un personaje que va perdiendo la cordura paulatinamente, que confunde realidad con ficción. Un poco la película es sobre ese viaje que va transitando el personaje.





