¿Te das cuenta de que cuando no estamos juntos, ni vos ni yo sabemos nada de lo que hace el otro con su vida?
La frase me la dijo mi amiga Gabriela hace muchos años una apacible tarde de primavera mientras fumábamos un porro, pero contrariamente a las pavadas que escuche en ese estado, la observación se mantuvo en mí a lo largo de las décadas.
Unos años después, cuando ya trabajaba como productos de televisión, le tuve que decir a mis viejos que no hablaran cosas raras por el teléfono (aún no había celulares) porque seguramente estaba pinchado. Para sorpresa de mi padre, una vez un juez de la Nación me dejó un mensaje en el contestador familiar y mi viejo me dijo algo así como: «Me parece que fuera de casa no sos como acá».
Mientras veía Will & Harper me acordé de estas dos historias personales. Will es Will Ferrell y Harper es el guionista Harper Steele, su amigo desde hace 25 años. Compañeros de trabajo en las arduas jornadas de «Saturday Night Live», en donde parece que algunos no le encontraban ninguna gracia a Ferrell, Steele descubría en esa nueva incorporación el vehículo ideal para sus guiones. Esa conexión los llevo a volverse un equipo de trabajo que incluso rindió sus frutos en las comedias que Ferrell filmó con su propia productora.
La relación entre ambos era realmente provechosa, cada uno tuvo su desarrollo personal, camientos, hijos y esas cosas que trae la vida. Un día, mientras todos transitábamos la pandemia, Ferrell recibió un mail bastante escueto en el que su amigo le avisaba que había iniciado el camino de transicionar para vivir como mujer. Ferrell lo felicitó pero también sintió curiosidad, porque nunca había tenido noticias de que ese guionista brillante encerrara el deseo de ser mujer.
Lo llamó y arreglo un viaje cruzando Estados Unidos que sirviera para documentar sus charlas y que le contara cosas. Will & Harper registra ese viaje con Steele ya viviendo como mujer, un viaje que por supuesto va a servir para que se afiance la amistad y de paso, para que Harper le cuente a Farrel cómo eligió su nuevo nombre, además de recordar que en su casa solía escribir vestido de mujer y por ejemplo, que de niño se sintió raro pero que pensaba que todos sentían lo mismo.
Lo cierto es que el relato hace pie en la presencia de Ferrell en el viaje por la América profunda, un acompañamiento que funciona como un elemento clave para normalizar el cambio de Harper y por caso, suavizar el choque en la vida real.
El documental es un viaje feliz de re-conocimiento de dos personas que se conocen desde hace décadas, aunque sí, parece que le faltaba conocerse un poco más.
En la película participan algunos actores del elenco de SNL, hay momentos amables y algunos un poco ásperos, pero cuando el viaje se termina la misión está cumplida y Will aprendió un poco mas de Harper y el propio Harper, que no estaba muy segura de ese recorrido junto a Farrel entendió que el mejor compañero para eso era su viejo amigo de la comedia de la vida.
“Cualquier persona que salga del armario puede arrepentirse de algo y puede elegir vivir con ello o no”, dice Steele y agrega, “yo no lo hago, no tengo ningún interés en vivir con resentimiento”. El resultado es emotivo y aleccionador, pero no al modo de los dibujitos de He-Man (ponele), porque nadie levanta el dedo para retarnos.
WILL & HARPER
«Will & Harper». Dirección: Josh Greenbaum. Con Will Ferrell y Harper Steele. Fotografía: Zoe White. Música: Nathan Halpern. Productoras : Delirio Films; Gloria Sanchez Productions. Wayfarer Studios. Distribuida Netflix.





