Las buenas películas y está sin duda lo es, como los libros, el sexo, el whisky de la tarde, Ellington o una rutilante porción de fugazzeta, perduran mucho más allá de que la experiencia termina. Esas sensaciones operan como un pinball, en donde rebotan en el interior de cada uno encendiendo rincones remotos de la memoria, cuestionando, preguntando y añorando (no por nada escucho ahora a Bola de Nieve). Esto es lo que produce Annemarie de la directora Mariana Sanguinetti, con su inmersión a la obra de la extraordinaria fotógrafa argentina Annemarie Heinrich -más allá de haber nacido en Alemania en 1912-, que, como los grandes artistas, no solo retrató su tiempo, sino que se proyectó al hacer de los que siguieron.
Sanguinetti, con acceso libre a la intimidad de la artista por ser su bisnieta, comienza tímidamente abriendo algunas gavetas de la monumental obra de Annemarie, que para muchos ha quedado atrapada para siempre en las clásicas portadas de la revista como Radiolandia, Antena o Sintonía, un ejercicio al que por fortuna sobrevivió, en tanto el retrato de las sonrisas, los brillos y dentaduras del star system criollo siempre fue un asunto peligroso, por razones obvias.
Entonces, por la lente de la fotógrafa pasaron los egos de Mirtha Legrand, Graciela Borges, Tita Merello, entre cientos de las primerísimas figuras de entonces. Los tiernos testimonios de Graciela y Mirtha dejan en claro que su calidad técnica se equiparaba a su humanidad.
Aunque, afortunadamente, para el acervo cultural argentino y la fotografía universal, su obra, además de sus retratos de aquellas estrellas del cine, también se le sumaron personalidades como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Rafael Alberti, el pintor Juan Carlos Castagnino, Astor Piazzola o Atahualpa Yupanqui, entre otras figuras de la cultura.
Entre estas series aparecen sus trabajos sobre Eva Duarte poco antes de ser Evita, a quien retrata en varias oportunidades. Entre estos trabajos, quizás el más icónico de la “abanderada de los humildes”: un primer plano tomado en 1944, en el que, pensativa, mirando fuera del campo, casi como si presagiara su futuro, con la mejilla descansando sobre un puño en que destaca un grueso anillo con una piedra, que según dicen era un topacio, adornó, por algún tiempo, el departamento de la calle Posadas, en el que vivió con el general Perón. Pero Sanguinetti apenas se detiene en ese periodo, el viaje es todavía mucho más extenso.
Lo inconmensurable de la obra de Annemarie parece abarcarlo todo, donde lo urbano cohabita con el más revolucionario surrealismo, al que le engarza majestuosos desnudos con tramas y texturas como una orfebre exquisita, o el ensayo sobre “Ejercicio Plástico”, los frescos del muralista David Alfaro Siqueiros en la bodega de la quinta Los Granados que Natalio Botana tenía en Don Torcuato y donde el mexicano recaló durante su exilio. Pero según el lugar común, el tiempo es tirano y el cine no es la excepción,, , , más allá de Lav Díaz, Mariano Llinás o Béla Tarr.
También están las breves entrevistas a fotógrafos como Sara Facio, Juan Travnic o Aldo Sessa, que contextualizan y pone en foco la magnitud de su obra frente a sus pares, los que además no han olvidado su generosidad para los que se iniciaban.
Mientras, conversaciones casi domésticas que Sanguinetti tiene con su propia familia, que es la de Annemarie, también retratan a la mujer que no relegó a su familia en pos de su trabajo. Hizo que su oficio,de manera horizontal, los atravesara a todos, ya que muchos de ellos se han involucrado en el mundo de las cámaras y los flashes. No por casualidad, Alicia y Ricardo Sanguinetti son los hijos que tuvo junto al poeta Álvaro Sol. Ellos son grandes fotógrafos contemporáneos y los hijos que tuvo junto al poeta Álvaro Sol (Ricardo Sanguinetti) igual y son los que todavía manejan el mítico estudio que Annemarie tuvo por décadas en la avenida Callao, casi Las Heras.
De esas conversaciones sale una duda que “nos involucra a todos”, más en estos momentos donde la “batalla cultural” pretende aniquilarlo todo: ¿quién conservará el archivo, lo terminará de clasificar y ordenar? Más allá del legado de los Sanguinetti-Heinrich. Un reto que en la Argentina de hoy no tiene respuesta.
En el tránsito más íntimo por el mundo de Annemarie, Mariana apenas nos deja espiar algunos dolores que han oscurecido el universo de su bisabuela: el elaborado suicidio de su marido (el poeta Álvaro Sol), y el secuestro y desaparición de la pareja de su hija Alicia. Pasajes que no se ocultan, pero Mariana apenas sobrevuela con la discreción que esas laceraciones merecen.
El film se resuelve casi abrupto, y al momento de los últimos títulos, uno se pregunta casi fastidiado: ¿ya termina? ¿Y el resto de la obra de Annemarie? Pero claro, solo es posible una aproximación al magma incontenible de su obra, que mantendrá por siempre una conversación íntima con otras grandes de su tiempo como Tina Mondoti, Dorothea Lange, Graciela Iturbide, Margaret Bourke-White o la salvaje Vivian Maier, que abrieron caminos cuando todo estaba cerrado para ellas y eso tampoco es menor.
En el MALBA: 9, 16, 23 y 30 de octubre a las 20.
En el ATLAS PATIO BULLRICH: 11de octubre a las 16:40 y 14 de octubre a las 19.
ANNEMARIE
Dirección y guion: Mariana Sanguinetti. Incluye material de archivo de Annemarie Heinrich junto a Alicia Sanguinetti, Ricardo Sanguinetti, Mariana Sanguinetti, Sara Facio, Juan Travnic o Aldo Sessa, Graciela Borges y Mirtha Legrand y otros. Fotografía: Ignacio Aveillé. Montaje: Ana Godoy. Origen: Argentina, 2026. Duración: 74 minutos.





