Emi, La nueva película de Ezequiel Erriquez Mena protagonizada por un fantástico trabajo de Benicio Mutti Spinetta junto a Mara Bestelli y Luis Ziembrowski, es el relato sobre un joven en el conurbano que busca saber acerca de su familia biológica.
El director habló con Reencuadre sobre la identidad, el conurbano como escenario de una historia íntima y las influencias para contar esta historia que se alzó con el Premio Cóndor a la mejor Película de la Competencia Oficial Argentina en el último Bafici.
¿Cómo llegás a ese interrogante fundacional que tracciona el relato sobre la identidad de un joven como Emiliano?
La escritura de la película surge hace varios años atrás a partir de estar muy cerca de realidades vinculadas a la adopción, durante el tiempo de escritura empecé a reflexionar acerca de los laberintos de la identidad. En ese momento daba clases en secundarios en el conurbano y se me vino la pregunta de qué pasaría con un adolescente que fue adoptado y en ese momento de su vida que es el pasaje a la adultez. Cómo sería mi vida si hubiese estado en esa otra familia que no conoce. Me interesaba indagar acerca de los huecos que todos tenemos en nuestras historias familiares, aquellas piezas inexistentes o difusas que todos tenemos, porque pasa el tiempo, porque los relatos son siempre fragmentados, parciales y los recuerdos también se entremezclan con la imaginación y la ficción. Imaginaba un rompecabezas que no se pudiera rearmar nunca y quería que todos los personajes de la película pudieran ser parte de la misma familia, aunque no lo fueran.
La identidad en un país como la Argentina es un tema que tiene una atención especial a partir de las desapariciones de la dictadura. ¿Estuvo presente al abordar la problemática?
No estuvo presente de una forma consciente, pero hoy viendo la película con cierta distancia puedo identificar esos elementos que tienen que ver con nuestra identidad nacional, un estar en permanente búsqueda de las fracturas en nuestra sociedad que están debajo de la superficie. En mi primera película A la cantábrica, cuenta la historia de un adolescente que desaparece momentos previos al 2001, en La crecida, un pueblo entero va a quedar sumergido por el agua, en Emi el protagonista busca comprender aquella información que está oculta en relación a su origen. Nunca pensé en escribir acerca de los desaparecidos de la dictadura, pero es evidente que está en mi inconsciente y está también en el aire.
La película tiene un registro naturista, casi documental. ¿Cómo decidiste el tono?
Quería contar una historia cercana, una situación que le pudiera pasar a cualquier persona que conozcamos. Me interesaba contar la clase media Argentina, que frente a los vaivenes de las crisis algunos subieron y otros cayeron o al menos tropezaron, pero que todos podrían ser parte de un mismo mapa familiar. No buscaba contrastes de buenos, malos, ricos y pobres. Al contrario, me interesaba acercarme a personajes que se equivocaran y que hicieran lo que pudieran, sobre todo Emi. Y quería una aproximación muy cercana casi documental, de alguna forma imperfecta, quería personajes que realmente habitan esos espacios suburbanos. Hablamos mucho con el equipo de darle prioridad al elenco, para mi era importante que el poco tiempo que teníamos tuviese prioridad la actuación, que pudiera emerger algo verdadero, por decirlo de alguna forma, desde el trabajo en esos vínculos que va complejizando Emi.
¿Cuáles son las principales características que viste en Spinetta para encabezar el relato? ¿Cómo se conformó el resto del elenco?
Cuando conocí a Benicio, sentí que era Emi. Había algo de su experiencia personal, de una búsqueda silenciosa y de situaciones personales, que si bien eran muy distintas a la del personaje, había algo dislocado, algo que hacía sentido con Emi. Él estaba en un movimiento personal. Y también de inmediato noté que tenía totalmente incorporada la relación con la cámara. Una gran facilidad para explorar el personaje, improvisar pero partiendo de lo que yo había escrito y de lo que veníamos hablando antes de salir a filmar. El rodaje fue muy ameno, pese a que él tenía que estar presente en todas las escenas. También tuvo mucha afinidad con los demás integrantes del elenco como Sofía Palomino, Mara Bestelli, Luis Ziembrowski, Miriam Odorico, Lucas Tresca y Alejandro Scaravelli, eso fue fundamental.
-¿En dónde fue el rodaje, cómo elegiste las locaciones que tienen que ver con la capital y el conurbano?
Yo escribí una historia de la zona oeste de Buenos Aires y tratamos de acercarnos a eso dentro de las posibilidades de producción. Filmamos en Santos Lugares, Caseros, Villa Devoto, y en Villa Lugano. Yo crecí en Haedo y viví mucho tiempo allí. Me interesaba contar los barrios que se fueron transformando con la llegada de las autopistas y de alguna forma sentía que eran como heridas en el entramado urbano, que casi siempre separaban un espacio del otro, por eso sentía que los viajes que hace Emi en moto por esos laberintos de autopistas, de alguna forma se relacionan con su viaje y con su transformación. En este sentido tome ciertos elementos del Road movie.
¿Cuáles son tus referentes, con qué películas crees que dialoga “Emi”?
Para hacer Emi volví a ver las películas que se hicieron en la Argentina cercanos al 2000, como las de Adrián Caetano, un cine con recursos limitados y con poco tiempo de rodaje, y también veía las películas de la nueva Ola del cine Rumano, con directores como Cristi Puiu, que también eran de la misma época y tenían esa misma urgencia de hacer cine. Aunque siento que la primera película Argentina que vi cuando era chico solo en mi casa y que me motivó a hacer cine fue La terraza, de Leopoldo Torre Nilsson: Una locación y muchos actores.
Emi la filmamos en diciembre de 2023, cuando asumió el actual presidente y el clima era de enorme tensión. Poco después vinieron los graves recortes a la cultura y la desfinanciación de nuestro cine y nunca terminamos de cobrar el Concurso que habíamos ganado en el INCAA. Logramos hacer una coproducción con Uruguay que nos permitió hacer postproducción y terminar la película.





