Pocos minutos después de empezada la película, que el espectador ya sabe que va a demandar tres horas de su tiempo, la voz de Alexandre Koberidze advierte que le protagonista va a recorrer Giorgia junto con un personaje que es invisible -después se le sumarán otros-, una advertencia que se le agrega al hecho de que el director también deja en claro que la imagen en la pantalla tiene y va a tener muy poco definición.
Esta manera directa del realizador de dirigirse al público no solo es un acto de valentía y honestidad, sino que lo que estas observaciones incluyen sin duda una enorme confianza sobre las capacidad de los espectadores de atravesar una experiencia diferente en el cine de cualquier época, sobre todo en la actualidad, donde la sobreestimulación visual, las urgencias y las plataformas están redefiniendo la manera de ver cine.
Delimitada la forma -aunque no del todo-, el contenido tiene apenas como excusa la búsqueda Irakli (David Koberidze, padre del director) de su hija Lisa (Irina Chelidze), una fotógrafa que deja una carta en su hogar familiar diciendo que se va a ausentar un tiempo y que no la sigan.
El misterio sobre el paradero de Lisa -que se supone que está fotografiando canchas de fútbol de todo el país- es el puntapié inicial para el recorrido de Irakli, acompañado por el invisible Levan, que como periodista acompañó a Lisa por un tiempo en el interior de Georgia.
El viaje al interior profundo del país, da cuenta de un pasado sin duda más próspero, también se adivinan algunas huellas de la dominación soviética, pero si se suele decir que lo más importante del viaje es el camino antes que el destino (una meta que aquí sería el misterio sobre una desaparición), Hojas secas hace de esa máxima el centro de la historia, en donde lo crucial es el contacto con viejos y niños (aquí también hay personajes invisibles), animales, sobre todo perros, paisajes registrados en una puesta que es como un gran lienzo impresionista en movimiento.
Por momentos ardua pero de una belleza pictórica extraordinaria, con instantes inasibles, el juego que plantea Koberidze carece de solemnidad -hay humor, Maradona es homenajeado como lo fue Messi en ¿Qué vemos cuando miramos al cielo?, de 2021- y en su sereno encanto, propone un cine introspectivo, que no abandona su capacidad de sorprender y de hacer preguntas sin esperar respuestas definitivas
HOJAS SECAS – Familias
De Alexandre Koberidze (Georgia / Alemania, 2025 – 186 Minutos)
Puede verse el sábado 18/4 a las 16.20 y el domingo 19/4 a las 18.15 en Cinépolis Plaza Houssay Sala 3.





