El encuentro se produce en el centro de la ciudad de Córdoba. En la peatonal que todos los días hábiles ve desfilar miles de personas, pasa Mariano (Mariano Burgos) atareado, hablando por celular, concertando citas y tareas. Allí se encuentra casualmente con Martín (Martín Suárez) que está repartiendo unos volantes de manera histriónica y vestido de manera estrafalaria. Un encuentro entre dos personas a primera vista muy distintas. Hasta que ambos se reconocen y nos damos cuenta que es en realidad un reencuentro.

Martin y Mariano se abrazan emocionados. Se van a un bar a tomar algo y ahí sabemos que hace 25 años que no se ven. La vida los separó cuando eran muy jóvenes y ambos tomaron caminos distintos, se diría opuestos. Mariano tiene una mujer, una hija, una casa, un trabajo estable. Martin vive sólo en la habitación de una pensión y se gana la vida con trabajos ocasionales. 

Martin tiene ganas de hablar, Mariano está algo incómodo, no sabe mucho qué decir. El encuentro los abruma a ambos de diferente manera, los desborda pero al mismo tiempo sienten que no pueden separarse por el momento. Van a la pensión de Martin y pasaran otras cosas que, también sabremos, no suceden por primera vez. 

El realizador cordobés Rodrigo Guerrero construye una pequeña historia de personajes que han amado, que fueron felices, que han sufrido y que se han construido una vida como han podido. Y les regala 24 horas para volver por un rato al pasado pero también para compartir su presente, evaluar sus vidas y reacomodarse. 

Ambos son ahora muy diferentes entre sí, pero también de lo que fueron y probablemente de lo que soñaban ser. Mariano dice que está conforme con su vida más estable y quizás más rutinaria, si bien no lo dice con demasiada convicción, pero se percibe un amor legítimo con su esposa y sobre todo con su hija. Martin es más alegre y expansivo, y aparentemente más despreocupado e independiente. Pero también tiene problemas y confiesa que no le gusta estar solo y la pasa mal por las noches. 

Guerrero los muestra con su cámara a veces a respetuosa distancia y a veces con cariñosa cercanía. Lo que más resalta de su mirada es la gran empatía por esos personajes vulnerables, un poco cascoteados, pero muy decididos a mantener la dignidad y la voluntad de amar. 

Con el correr de las horas del día, o los minutos del film, va tomando sentido la ambigüedad del título. Esos días que transitan los personajes son los que han podido armarse con las cartas que les tocaron. Es la vida que se pudieron construir. Pero a la vez permite fantasear un poco con lo que pudo haber sido. El subtítulo, que apela a la ternura, da la pauta del tono. Se trata de un film que, en una realidad quizás hostil,  apuesta por la calidez dentro de un retrato comprensivo y amoroso. 

LOS DÍAS POSIBLES – TRILOGÍA SOBRE LA TERNURA – Competencia Argentina
De Rodrigo Guerrero (Argentina, 2026. 65 minutos)

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