El drama particular que se desarrolla en el contexto de una tragedia colectiva es la columna vertebral de la opera prima de la suiza Marie-Elsa Sgualdo, que aborda un proto-empoderamiento femenino con un relato tan clásico como efectivo.

Ambientada en el pico del poderío nazi, un idílico pueblo suizo -con fronteras compartidas con Alemania, la Francia ocupada y la Italia fascista-, es el escenario en donde la jovencísima Emma (Lila Gueneau) está a cargo de sus dos pequeñas hermanas, trabaja como criada con el reverendo protestante de la iglesia local y no entiende por qué su madre se arriesgó a tener un amante, lo que determinó que su padre la expulsara del hogar.

Pero ese presente de tristeza y pobreza no hace más que empeorar cuando la joven es violada, un hecho que se supone que va a determinar su futuro.

Pero contrariando la opresión de la época y del conservadurismo rural, Emma va a sortear un matrimonio sin amor, va a cuestionar la posición de su comunidad (y de su país) por su famosa neutralidad en la Segunda Guerra Mundial mientras entrega a los nazis los judios que escapan a su territorio. Y también en ese trayecto la protagonista logrará su independencia económica.

Se trata de la transitadísima estructura narrativa del camino del hérore (heroína, claro), pero que tiene a favor una cantidad de detalles en la puesta que abren diferentes lecturas sobre la época, una sutileza sin remarcaciones innecesarias en lo dramático y el formidable trabajo de Lila Gueneau, capaz de sostener solo con su mirada una enorme cantidad de emociones.

 À BRAS-LE-CORPS – Competencia Internacional
De Marie-Elsa Sgualdo (Suiza – Bélgica – Francia, 2025. 97 Minutos)

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