Cecilia Kang llamó la atención con dos largometrajes documentales. Especialmente con Partió de mí un barco llevándome (aquí entrevista en 2023), donde tomaba como tema principal el caso de las “Mujeres de Consuelo”, que es como eufemísticamente se llamaba a las mujeres coreanas sometidas a esclavitud sexual por el Ejercito Japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, el documental tenía como protagonista a una joven estudiante de actuación coreano-argentina en la actualidad y mostraba a través de ella unas cuantas pinceladas de la vida de aquella comunidad.
La realidad cotidiana de la colectividad coreano-argentina era también, y en mayor medida, el trasfondo de su ópera prima, Mi último fracaso (aquí entrevista en 2016), donde Kang tomaba como elenco a su propia familia y a la colectividad de la que forma parte para cuestionarse acerca de la identidad, en particular el papel de la herencia cultural en la vida y la formación emotiva y sentimental de los miembros de una comunidad. Con su primer largometraje de ficción, Hijo mayor, Cecilia Kang (aquí entrevista) retoma los temas de su identidad cultural y familiar, pero lo hace de manera bien diferente.
El film se estructura en tres partes. En la primera, que es la que abre el film, los protagonistas son Lila, una joven de unos veintipico de años interpretada por la DJ Anita B Queen, y Antonio, su padre, interpretado por Kim Chan Sung, posiblemente el actor coreano-argentino más reconocido, a quien se lo puede ver en varias películas y series y que protagonizó films como La Salada (2015) o el documental 50 Chuseok (2018). Ambos, padre e hija, viajan juntos a un camping a la vera de un río donde se encuentran con un puñado de amigos de Antonio y pasan juntos la noche pescando, conversando, bebiendo y emborrachandose. La confianza que da la tranquilidad del entorno y la ingesta de alcohol da pie a los recuerdos y las reflexiones y hace que Antonio, quien llegó de Joven desde Corea dejando atrás una mujer y una hija (la hermana mayor de Lila), cuente a su hija menor su reencuentro con aquellas hace muchos años y su remordimiento por no haber sido entonces un buen padre.
La segunda parte, que es la de más duración, se remonta varias décadas atrás, para mostrar a un joven Antonio instalado en Paraguay, llegado no hace tanto de Corea en donde dejó esposa e hija pequeña. No hay un indicador preciso de época pero podemos suponer que estamos en algún momento de los años 80. Antonio está en una situación muy precaria: perdió la propiedad de un bar que fundió y al que vuelve con porfiada insistencia pese al hostigamiento de sus nuevos dueños, vive en una pensión donde debe cada vez más dinero y se mezcla en actividades de supervivencia de una legalidad difusa. Mientras tanto, vive un romance con Victoria, una joven paraguaya de la zona.
En la tercera parte Kang vuelve al registro documental de sus películas anteriores, y en particular a personajes intérpretes de la primera. Allí, como en aquel film, vuelven a aparecer su madre, su hermana y la propia Cecilia (aunque esta lo hace fuera de cuadro), pero introduce a un personaje que no estaba en aquella opera prima: su padre, quien cuenta en primera persona aquellos primeros años que vimos previamente ficcionalizados. Este último tramo completa y resignifica los anteriores y da cuenta de cuánto hay allí de la propia trama familiar de la realizadora.
Kang mezcla diversos géneros, tonos y estéticas, según cada parte le toque narrar. Una suerte de naturalismo costumbrista en la primera parte, qué es abandonado en la reconstrucción del pasado, donde el tono meláncolìco es dictado por el aura romántica y trágica del joven Antonio, un perdedor hermoso o que cree serlo. Se trata de un personaje complejo y seductor, un galán en desgracia que hace lo posible por mantener su impostura mientras el mudo lo arrincona, que se resiste a perder su cascoteada dignidad y se empeña en mostrar una fachada triunfadora y optimista que ya nadie le cree. Mientras, en la intimidad, se ensimisma en el duelo de aquello que dejó atrás y se debate ante el deseo de reencontrarse con su familia o renunciar a la ilusión de recuperarla y abandonarlo todo de una vez.
Hijo mayor, es un título que describe la circunstancia familiar del propio Antonio y que según él cree tuvo algún sino determinante en su vida. El film se mueve entre el melodrama, el drama familiar y por momentos un registro que se le arrima al policial. Podemos hablar también de épica generacional, aunque esta palabra se ajusta más por la cantidad de tiempo que el relato abarca y no por un tono grandilocuente que el film nunca utiliza.
Al contrario de los films anteriores, que exploraban el universo femenino y donde los hombres estaban ausentes, en cuentagotas, o en calidad de victimarios fuera de campo (como en Partió un barco…), aquí Kang aborda abiertamente y con mucha sensibilidad el universo masculino, que puede ser tóxico, violento, pero al mismo tiempo vulnerable y frágil. El Antonio joven puede ser toda esas cosas, un personaje que puede repeler por su actitud arrogante y un poco tramposa y por sus malas decisiones, y a la vez generar compasión y empatía ante su situación desgraciada y suerte esquiva.
A la vez, y del mismo modo que en su primer film, la realizadora usa su propia historia familiar, aunque lo hace desde un abordaje diferente, ampliando así su abanico. Es capaz,en ese movimiento, de entregar nuevamente una película muy personal que es tanto o más emotiva.
HIJO MAYOR
Dirección: Cecilia Kang. Intérpretes: Kim Chang, Suh Sang Bin, Anita B Queen, Yon Chul Jung. Guión: Cecilia Kang. Fotografía: Victoria Pereda. Música. El Asesino del Romance. Montaje: Lorena Moriconi. Dirección de Arte: Lucas Koziarski. Directora de Producción: Mariana Ponisio. Jefe de Producción: Nicolás Giorgis. Origen: Argentina. Duración: 118 minutos.





