Una mujer viaja sola por los caminos rurales de Minnesota, uno de los estados del Norte de Estados Unidos, en la frontera con Canadá. Se trata de una mujer mayor llamada Barb, (interpretada por Emma Thompson). Es pleno invierno, el paisaje está nevado, es agreste y solitario. Ella está medio perdida, busca un lago y pregunta en una casa aislada, dice que viene a pescar, aunque después sabremos que viene para otra cosa, algo más personal. Su presencia le causa sorpresa y algo de incomodidad al dueño de casa que le da las señales para que vaya a su destino. Barb se retira pero se da cuenta que algo no está bien en ese lugar.

Poco más tarde, al borde del lago congelado, Barb asiste sin querer (y sin ser vista) a la escena que da respuesta a sus dudas. Una joven está tratando desesperadamente de escapar y quien la persigue y finalmente captura es el mismo dueño de la casa donde antes preguntó. Barb los sigue de regreso hasta la casa y descubre que la chica está secuestrada, que no hay señal ni forma de comunicarse en ese lugar perdido y que ella es la única esperanza de la joven. La situación parece clara: O Barb intenta rescatarla, con el peligro que eso conlleva, o la joven está perdida a su suerte en manos de sus captores

Pero no todo es tan simple. Luego sabremos que los secuestradores son un matrimonio (del que no sabremos los nombres). Ella está interpretada por Judy Greer y él por Marc Menchaca. Ella es enfermera y padece una enfermedad terminal. Necesita un trasplante para el que se requiere un hígado, razón por la cual secuestró a la joven Leah (Laurel Marsden) para que sirva de donante involuntaria. La idea es extraer el órgano de manera clandestina y hacerse una operación también clandestina con un cirujano cómplice. El destino posterior de la donante es previsible. 

Dirigida por Brian Kirk, un realizador que tiene un par de largometrajes de acción en su haber pero que hizo su carrera mayormente en las series, Muerte en invierno es un thriller que, pese a plantear una situación aparentemente convencional, presenta antagonistas que no son tan típicos. Es interesante por un lado, cómo se plantea el personaje de Barb, como alguien inteligente que, en su aparente debilidad, tiene recursos y que, aun en desventaja, puede actuar rápido y bajo presión, como para por lo menos debilitar o complicarle las cosas al rival.

Los villanos por su parte no son delincuentes habituales, secuestran a una chica no para pedir rescate o por algún tipo de sadismo que quieren satisfacer, sino,en el caso de ella, para poder seguir viviendo, mientras para él es el hecho de no perder a la mujer que ama. El marido dice, cuando es confrontado, “no soy una mala persona”. Hay allí un dilema que no se responde de manera tan simple. El personaje sin nombre de Judy Greer termina siendo una villana temible por su voluntad indomable, pero también es una persona desesperada que está convencida de que lo que está haciendo, por atroz que parezca, es su única oportunidad de seguir viva, lo cual convierte a la película en un planteo sobre las decisiones, sobre elegir qué hacer cuando ninguna opción es buena. 

Se trata en definitiva de una elección moral. Y en lo que nos convertimos cuando optamos por una u otra opción. Eso es así de manera muy clara para esta mujer sin nombre, incluso si busca atajos morales y justificativos como que Leah tuvo un intento de suicidio y no merece esa vida que intento quitarse. Pero también lo es para Barb, porque ella ante la escena que se le plantea, decide involucrarse y arriesgarlo todo.

El duelo está servido entre ambas protagonistas, personajes muy diferentes, pero ambas puestas en un lugar límite, enfrentadas a decisiones de vida o muerte. Y es un duelo entre dos mujeres, una fuerte y temible, otra que saca fuerzas ante el peligro, mientras los hombres cumplen un rol secundario y no les va nada bien. Y a otro nivel es también un duelo entre dos posiciones, entre egoísmo y sacrificio.

Ambientada en Minnesota pero filmada en Finlandia, el paisaje invernal y agreste es un elemento crucial. La frialdad del paisaje y la crueldad del planteo, es de algún modo balanceada por la calidez y la piedad que despliega Emma Thompson y por los flashbacks que jalonan cada tanto el relato mostrando a Barb y su marido en su juventud recorriendo ese mismo paisaje. Momento que generan intimidad y humanidad en medio de una situación tan cruda y que en su transcurso muestran relevancia no solo para explicar de dónde saca Barb sus habilidades sino también para comprender su carácter y sus decisiones.

El guión de Nicholas Jacobson-Larson y Dalton Leeb es simple y sirve de entrada al conflicto, la tensión arranca rápido y se sostiene sin interrupciones hasta el final. Es cierto que algunas coincidencias son bastante convenientes a la trama. Se trata de una película concentrada, con pocos elementos, que transcurre en unas pocas horas, en pocas locaciones todas en la misma área y con un puñado de personajes. Solo los pocos flashbacks abren un poco el espacio espacio temporal. Se trata de un thriller efectivo, conciso y que va al punto, con un conflicto claro, decisiones que hay que tomar sin demora y un duelo actoral entre sus dos protagonistas que levanta la temperatura del gélido paisaje.

MUERTE EN INVIERNO
Dead of Winter. Dirección: Brian Kirk. Intérpretes: Emma Thompson, Judy Greer, Marc Menchaca, Laurel Marsden, Gaia Wise, Cúán Hosty-Blaney. Guión: Nicholas Jacobson-Larson, Dalton Leeb. Fotografía: Christopher Ross. Música: Volker Bertelmann. Edición: Tim Murrell. Diseño de Producción: David Hindle. Origen: Estados Unidos, Canadá, Alemania. 98 minutos. 

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