Desde que en los premios Oscar se inauguró en 2001 la categoría a Mejor Largometraje de Animación (que en aquel entonces le correspondió a la primera entrega de Shrek), cada tanto se cuela, entre las franquicias, los tanques 3D y las producciones de las factorías Disney/Pixar, alguna película que se escapa a esa norma y ese estándar para proponer una estética y una mirada totalmente distinta. Este año ese lugar le corresponde a Amelie y los secretos de la lluvia, primer largometraje como directores de la dupla conformada por Mailys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang.
Está película franco-belga que fue estrenada en el Festival de Cannes y ganó, entre otros, el Premio del Público como Mejor film europeo en el Festival de San Sebastián, está basada en la novela “Metafísica de los tubos”, una obra de carácter autobiográfico de la escritora belga nacida en Japón Amelie Nothomb. Cuenta los tres primeros años de Amelie, que nace en 1969 en Japón de una familia belga en la que su padre ejerce como diplomático. Amelie vive con su padre, su madre, y sus dos hermanos mayores, Juliette y André, a los que se suma Nishio-San, la empleada doméstica que ejerce también como niñera y con la que Amelie tendrá una relación muy cercana. En ese periodo breve pero intenso (más breve aún de lo que parece, como ya veremos) Amelie aprenderá acerca de cómo funciona el mundo y las relaciones entre la gente, acerca de la vida y de la muerte, hará muchas preguntas, tendrá experiencias felices y dolorosas, se dejará llevar por la fantasía y se dará de bruces con la realidad.
La historia es en parte autobiográfica en relación a Nothomb, hija de un diplomático belga que cuando ella nació estaba cumpliendo su función en Osaka, y decimos en parte porque, atentos al hecho de que casi nadie tiene verdaderos recuerdos de sus primerísimos años de vida, gran parte de lo que se cuenta es reelaboración o pura ficción de lo que pasó en esos primeros tres años. O seis meses, si tenemos en cuenta que los primeros dos años y medio la pequeña Amelie los pasa en silencio como una observadora, convencida de ser nada menos que Dios, hasta que es despertada por su abuela quien le da a probar un pedazo de chocolate blanco belga que funciona como mágico empujón a la vida. A partir de ahí, Amelie habla de golpe como si lo hubiera hecho siempre, aprende rápidamente a caminar y empieza a reconocer ávidamente el mundo que le rodea. Una forma poética de la autora de introducir el tema del autismo que sufrió desde pequeña.
Se trata de una obra excepcionalmente madura y compleja para dos directores que están estrenando su primer largometraje, aunque ya tienen una amplia experiencia como animadores, diseñadores gráficos y de personajes. Ambos ya habían coincidido en esos rubros en otros films de animación como Tout en haut du monde (2015) y Calamity, une enfance de Martha Jane Cannary (2020). Es en estos dos films donde ya está presente la estética, el diseño de personajes y fondos que se pueden ver en Amelie. Además en este último también coincidieron con Eddine Noël, quien aparece ahora como diseñador de producción y director de Arte, un rol también fundamental en la obra.
La estética gráfica del film, cálida y personal, se aparta de las superficies hiperrealistas 3D y se basa en masas de colores plenos y vivos, con gran cantidad de detalles y fondos muy elaborados como marco de esos personajes aparentemente simples configurando una propuesta visualmente cautivadora. Es notable aquí la influencia de la obra de Hayao Miyazaki y de las películas de Studio Ghibli en general, no tanto en el diseño, que es bien diferente, sino en la narrativa, en la sensorialidad, el apego a la naturaleza, el pasaje constante entre lo cotidiano y lo fantástico, el poder de la imaginación, la posibilidad de armar grandes épicas de pequeños sucesos y la atención a detalles como pueden ser las gotas de lluvia, las hojas de hierba, o un cambio repentino en la luz o en el viento.
Siete años fue lo que se tardó en realizar los 77 minutos de película, algo que se nota en la minuciosidad, en las múltiples capas estéticas y de sentido. Como una suerte de Coming of Age excepcionalmente temprana, Amélie y los secretos de la lluvia es una película que se atreve, en un formato habitualmente asociado a temáticas más livianas, a hablar de frente de temas como el crecimiento, la pérdida y la muerte. Entre las observaciones y viñetas de la vida cotidiana de la familia, de los momentos íntimos, de los pequeños y grandes descubrimientos, hay también momentos poéticos y reflexiones filosóficas. Se trata de un film que trata acerca de la primera niñez y se abandona un poco a esa inocencia, pero que también contiene una mirada adulta de una notable profundidad.
AMÈLIE Y LOS SECRETOS DE LA LLUVIA
Amélie et la métaphysique des tubes. Dirección: Mailys Vallade, Liane-Cho Han Jin Kuang. Guión: Liane-Cho Han Jin Kuang, Eddine Noël, Aude Py, Mailys Vallade. Sobre la novela: Amélie Nothomb. Música: Mari Fukuhara. Edición: Ludovic Versace. Diseño de producción y Dirección de arte: Eddine Noël. Origen: Francia, Bélgica. Duración: 77 minutos.





