Todo empieza con una conversación. En realidad empieza antes pero es la conversación la que dispara todo. Es una conversación entre amigos. En realidad son compañeros de trabajo, y son jefe y subordinado, pero también son amigos porque se tienen confianza y se cuentan cosas. Son dos deshollinadores en una pausa de descanso, y casi casualmente se cuentan algo que les sucedió recientemente. Algo que no debería tener mucha importancia. O eso creen.
Uno de ellos interpretado por Thorbjørn Harr, que tiene el rol de jefe, cuenta un sueño. En este, un personaje que él cree es David Bowie lo mira y lo trata como si fuera una mujer. Este sueño lo deja bastante perturbado, sensación que sigue volviendo e incomodándolo ya en la vigilia. El otro, su subordinado, interpretado por Jan Gunnar Røise, le cuenta a su vez una situación que en algun punto se relaciona, pero es mucho mas concreta: tuvó hace unos pocos dias una experiencia de sexo casual con otro hombre. El no parece darle demasiada trascendencia al hecho, al punto de que se lo cuenta a su esposa como una anécdota curiosa.
Cabe aclarar que ambos son dos hombres heterosexuales, que no se consideran gays y, según dicen, nunca experimentaron un deseo homosexual. Ambos llegando a sus cincuenta, casados, con hijos, en matrimonios que parecen felices o por lo menos razonablemente armónicos, y estas inquietudes hasta ahora no habían formado parte de su agenda mental. Pero después de esa larga conversación, que pone en marcha el film, esos acontecimientos contados y discutidos con aparente racionalidad empiezan a desplegar consecuencias. El jefe tiene este sueño en forma repetida y empieza a tener reacciones físicas que asocia al mismo: sequedad en la piel y un problema en su voz, que además lo preocupa porque canta en el coro de la iglesia. El subordinado comprueba la ingenuidad en su actitud de contarle su experiencia a su esposa como si nada. Y es que esa no lo toma nada bien, generándose a partir de allí una crisis inmanejable que amenaza seriamente a la pareja
Sex es el primer film de la trilogía “Sex, Love, Dreams” del realizador noruego Dag Johan Haugerud, de las cuales Dreams fue ganadora del Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival de Berlín 2025, mientras Sex se hizo, entre otros, con el Premio ecuménico del Jurado en la Sección Panorama del mismo festival en su edición pasada.
A pesar del sexo que anuncia el titulo, el film se trata más bien de una discusion sobre los roles de genero y sobre todo acerca de la masculinidad, que aca no es la masculinidad toxica como habitualmente se representa. Por el contrario los protagonistas parecen razonablemente deconstruidos, o por lo menos bastante tolerantes, y no parecen tener demasiadas inhibiciones a la hora de mostrar sus vulnerabilidades. Eso obviamente no les impide caer en la incertidumbre, en la inseguridad acerca de su propia masculinidad. Teniendo en cuenta además que ambos están en sus 50, el elemento de crisis de la mediana edad también viene a agregar su parte. Así que a lo que asistimos es a la crisis de identidad de ambos protagonistas que pasan a cuestionarse todas sus certezas en relación a sus roles de género, su sexualidad y su vida de pareja.
Sex es una película donde lo que prima es el texto. Casi todas las situaciones están basadas en extensos diálogos, en general entre dos personajes. Escenas largas, planos fijos, situaciones que podrían considerarse teatrales, desarrolladas en ambientes luminosos, limpios, bastante asépticos, de colores claros y lavados. Y además bastante modernos, como sin historia. Y si, todo es un poco light, relajado, contenido. Los conflictos son de baja intensidad, incluso si las consecuencias amenazan ser graves, y se van cociendo a fuego lento. Es algo así como una película debate, donde los personajes discuten, argumentan y reflexionan sobre los temas a partir de esas situaciones inesperadas que se les presentan. Que no sepamos los nombres de los protagonistas también habla un poco de esta tendencia a la abstracción.
Puede parecer curiosa la elección del oficio, ya que el de deshollinador es un trabajo que uno supone cada vez más en desuso y que asocia con imágenes de otro siglo. Imágenes victorianas, dickensianas en su versión más lúgubre (recordar Oliver Twist). Quizás si uno trata de ponerse más luminoso, puede remitirse al alegre deshollinador interpretado por Dick Van Dyke en Mary Poppins (1964). El director afirma que lo eligió porque es un trabajo mayoritariamente masculino y eso lo hacía propicio para la discusión acerca de géneros y roles
Sin embargo la referencia al oficio también puede remitir a Sigmund Freud, ya que este, cuando en sus escritos sobre psicoanálisis presenta su idea de la cura por el habla, usa la metáfora del Chimney Sweeping, es decir deshollinamiento. La cura por el habla, la catarsis, como el deshollinamiento de la mente. Quizás eso haya estado entre las ideas del director, quizás no, pero la analogía parece pertinente ya que son esos extensos diálogos, que son la base del film, los que permiten desplegar, discutir, analizar todos los conflictos que arrebatan a los protagonistas y les afectan la mente, el cuerpo y sus relaciones.
Hay en la propuesta de Haugerud, reminiscencias del cine de Rohmer, de Ozu, o, más acá, de Hong Sang-soo, en su ritmo lento, con personajes discutiendo acerca de sus vidas amorosas, problemas cotidianos y dilemas existenciales. Los nombres de los films de la trilogía son bastante explícitos y hablan de la intención de hacer preguntas y poner en cuestionamiento ciertas ideas establecidas acerca de estos temas. Puede parecer pretencioso y en cierta medida lo es, y uno si se pone un poco escéptico puede sacar de la manga la vieja acusación de “white people problems”, pero en su espíritu cuestionador también puede desprenderse alguna idea interesante de la propuesta.
SEX
Sex. Guión y Dirección: Dag Johan Haugerud. Intérpretes: Thorbjørn Harr, Jan Gunnar Røise, Anne Marie Ottersen, Nasrin Khusrawi, Birgitte Larsen, Sereba Marvin, Vetle Bergan. Fotografía: Cecilie Semec. Música: Peder Kjellsby. Edición: Jens Christian Fodstad. Producción: Hege Hauff Hvattum, Yngve Sæther. Origen: Noruega. Duración: 118 minutos.





