En 2001 Kiyoshi Kurosawa estrenaba Kairo, una película de fantasmas que se esparcían como una enfermedad a través de un extraño programa de computadora. Una pieza de horror sobrenatural, aparecida en medio del surgimiento del J-Horror, pero que a través de los fantasmas hablaba de la soledad y la imposibilidad de relacionarse en un mundo virtualmente conectado. Todo esto cuando el fenómeno de las redes y el retraimiento detrás de pantallas y teclados era todavía algo relativamente reciente. 

Más de 20 años después, con la situación retratada en aquel momento hoy exacerbada y omnipresente, el realizador todavía tiene algo que decir al respecto y nuevamente con una película de género que nunca se olvida de lo que es. Esta vez lo hace con Cloud, un film que Kurosawa mostró en varios festivales como Venecia y Sitges y que resultó preseleccionada para representar a Japón en la carrera por los premios Oscar. 

El protagonista es Yoshii (Masaki Suda) un joven que trabaja como operario en una fábrica de ropa, pero su actividad principal, o más bien la que él prioriza, es la de revender productos por internet. Pueden ser carteras, o figuras de colección, Yoshii simplemente compra lo más barato que puede conseguir, a un precio que otros consideran vil, y revende al mayor precio posible para maximizar la ganancia. Esa es su ética de trabajo, nada personal, negocios son negocios. Claro que esto puede caer mal y ganarle mucha antipatía. 

Sin embargo, a pesar de sus actitudes cuestionables, el protagonista no es retratado como un villano, sino como alguien enfocado en sus objetivos que no piensa que esté perjudicando a nadie sino simplemente haciendo la suya, un producto de la filosofía de cada cual por su cuenta. Por otro lado, pese a que es exitoso en el mundo de las reventas online, y que otros lo perciben como tal, tampoco es un tipo particularmente próspero. Vive en un pequeño departamento y lleva una vida que hasta podría considerarse austera. 

Siguiendo el sueño de vivir de sus negocios, Yoshii renuncia a su trabajo y le propone a su novia mudarse a una casa en el campo para dedicarse exclusivamente a su emprendimiento. Ya desde antes había recibido ciertas muestras anónimas de hostilidad y amenazas a las que no les daba importancia, pero después de la mudanza las amenazas se vuelven más agresivas y peligrosas. Es entonces que se da cuenta que tiene un enemigo, o varios, a los cuales no puede identificar porque es mucha la gente que no lo quiere. El problema es hasta donde están dispuestos a llegar. Como se irá comprobando después, bastante lejos.

Cloud es un thriller que arranca a fuego lento y va en un crescendo de tensión hasta terminar en una última media hora frenética donde se entrega a la acción por completo. El realizador va dosificando el peligro en aumento, la tensión, la creciente sensación de estar en territorio hostil, que el cerco se cierra y nadie es confiable. Se siente por momentos como unos Perros de paja de la era digital. La mudanza del entorno urbano al rural también habilita esa comparación y en la película aumenta la indefensión del protagonista. 

Un punto fundamental aquí es el anonimato. El protagonista no sabe hasta último momento quien lo vigila y castiga y él mismo se maneja de manera anónima con un seudónimo (Ratel) que lo identifica en las redes y es su identidad hacia afuera. Cuando pierde ese carácter anónimo, su pantalla, es cuando se vuelve vulnerable. Se trata también de una película de venganza pero desde el punto del supuesto ofensor, que nunca se da cuenta de que lo es o de que los otros lo perciben así.  

Hay algo de drama existencialista y de retrato de época donde se pueden sacar de la manga términos al uso como Haters, Doxeo o Backlash. Cloud resulta en un thriller paranoico en la era de las relaciones virtuales, con un protagonista con el que cuesta empatizar porque en realidad nadie empatiza con nadie. Hay un retrato bastante despiadado del egoísmo inherente a las nuevas relaciones dictadas por el ideal del emprendedurismo, el salvarse solo, el rechazo de lo colectivo. El triunfo individual o el fracaso solitario.

En este mundo todo (o todo lo que se presume importante) pasa por las redes, por la nube, de ahí el nombre del film: el comercio, las conspiraciones, la venganza y hasta el castigo. El problema es cuando todo ese odio en ebullición que circula libre hace el salto al mundo real. Y ahí lo que se expresa es la banalidad del mal, lo prosaico y fútil de los motivos, la poca importancia de la vida y de la muerte, la facilidad con la que el odio se construye y la liviandad con que se sostiene y justifica.  

En Cloud, Kurosawa vuelve a echar una mirada sobre los efectos de la tecnología que ya se veían en Kairo, mostrando las consecuencias que esa virtualidad en las relaciones tiene en el tejido social: gente solitaria, disgregada y sin capacidad de empatía, pero lo hace sin acudir a un discurso moralizante sino a un atrapante película de género. Algo nada fácil que Kurosawa logra con mucha agudeza.

CLOUD
Kuraudo. Guión y Dirección: KIyoshi Kurosawa. Intérpretes: Masaki Suda, Kotone Furukawa, Daiken Okudaira, Amane Okayama, Yoshiyoshi Arakawa, Masataka Kubota. Fotografía: Yasuyuki Sasaki. Música: Takuma Watanabe. Edición: Kôichi Takahashi. Diseño de Producción: Norifumi Ataka, Kyoko Matsui. Origen: Japón: Duración 124 minutos.

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