A los cinco minutos de película ya está clara cuál es la relación entre las dos protagonistas y cuáles son sus diferentes personalidades. Dreux (Keke Palmer) trabaja como camarera pero aspira a dedicarse al management. Es ordenada, responsable y enfocada. Alyssa (la cantante SZA en su debut en el largometraje) es aspirante a artista y es todo lo contrario: impulsiva, desordenada e incapaz de planificar nada. Son amigas y roommates ya que ambas comparten el alquiler de un departamento medio destartalado en un complejo de clase media baja en una zona mayoritariamente afroamericana. Algo así como Extraña pareja en versión femenina y afro. 

La relación está sujeta a permanentes choques por estas diferencias de carácter y frecuentemente por la tendencia de Alyssa a meterse y meterlas en problemas. Y últimamente, además, porque trajo  a vivir con ellas a su amante, Keshawn (Joshua David Neal), un vividor bueno para nada. O para una sola cosa, porque se deja en claro que el principal motivo de su estadía allí es la confirmación de que el tamaño importa. El problema es que, fiel a su tendencia de no pensar demasiado las cosas, Alyssa le deja la plata del alquiler a Keshawn, quien obviamente se la gasta. Es entonces que el el propietario del complejo, un casero más impaciente que el Señor Barriga, les da un ultimátum: tienen ocho horas para pagar o terminar en la calle. 

Uno de esos dìas es el primer largometraje dirigido por Lawrence Lemont, quien viene de dirigir varios videos musicales para artistas de Hip Hop y R&B, y está escrito por Syreeta Singleton, productora y escritora de varias sitcoms, algunas de ellas protagonizadas o que tocan temáticas cercanas a las experiencias de la población afroamericana. Y si bien no hace de lo racial un eje, la película recrea varios de los elementos, e inclusive clichés, de la cultura pop negra de los últimos 30 años, desde la obsesión por las zapatillas a la chica culona que seduce perreando, pasando por el tipo vividor (que acá no llega a pimp) o el gangsta que aterroriza el barrio. Por supuesto todas estas referencias y lugares comunes están planteadas por autores de la misma comunidad, así que suponemos que está bien.  

El film tiene un planteo simple pero eficaz y transcurre prácticamente en ese periodo de ocho horas en que las protagonistas tienen que conseguir la plata y evitar el desalojo. Obviamente el camino de las heroínas está lleno de trampas, las cosas se complican siempre y, en esa estructura episódica, cada vez que están por lograr su objetivo algo las hace retroceder varios casilleros. Pero aunque mete a las chicas en más problemas de los que tenían cuando arrancan, tampoco los autores les hacen la vida imposible. Después de todo se trata de una comedia liviana y amable, donde incluso la posibilidad de recibir un tiro por parte de un matón es mostrado de una manera ligera. El azar juega un rol protagónico en la resolución, y así como las cosas se complican por pura mala suerte también se solucionan por pura buena suerte, algo que no tendría mucho sentido ponerse a cuestionar. Al fin y al cabo, el dinero funciona como McGuffin, ya que lo importante es si nuestras protagonistas podrán salvar su cascoteada amistad y salir del estancamiento de sus vidas. 

El humor se basa mayormente en enredos, chistes tontos o escatológicos, algunos graciosos, otros no tanto, aunque en el balance son más las veces que da en el blanco.  Pero en medio de esta liviandad el film se toma la libertad, como quien no quiere la cosa, de hacer algunos comentarios sociales acerca de las pocas oportunidades que tiene la población negra de bajos recursos. Después de todo, lo que el sistema tiene para ofrecerles para juntar el dinero es meterse con empresas de préstamos abusivos o vender su sangre. E incluso se permite denunciar, tambien livianamente, el racismo presente en la propia comunidad, cuando llega una nueva inquilina blanca a la vecindad, la unica en una población exclusivamente afro, y el casero (también negro él) la trata con la deferencia inaudita que no tiene para sus otros inquilinos. 

Esta odisea moderna a lo largo de un día a través de Los Ángeles y sus personajes pintorescos y un poco borders, recuerda un poco a Tangerine (2015) de Sean Baker (en una versión mucho menos sórdida), pero sobre todo a Friday (1995) de F. Gary Gray, una película de culto de la comedia afroamericana, que tuvo dos secuelas, que parece haberla inspirado y con la que podría hacer un buen doble programa como su reverso femenino. 

De hecho Uno de esos días resultó un éxito de crítica y público que aseguró una secuela ya en preproducción, donde nuestras heroínas seguramente volverán a poner a prueba su amistad. 

UNO DE ESOS DÍAS
One of Them Days. Dirección: Lawrence Lamont. Elenco: Keke Palmer, SZA,  Vanessa Bell Calloway, Lil Rel Howery, Katt Williams, Maude Apatow. Guión: Syreeta Singleton. Fotografía: Ava Berkofsky. Música: Chanda Dancy. Kim Boritz-Brehm: Tia Nolan. Diseño de Producción: Monique Días. Dirección de Arte: Jessica Shorten. Origen: Estados Unidos. Duración: 97 minutos.

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