El documental Cuidadoras, de Martina Matzkin y Gabriela Uassouf, que mañana se estrena en el Cine Gaumont del barrio porteño de Congreso -además de Quilmes, en La Banda (Santiago del Estero), en Santa Rosa (La Pampa) y en la ciudad de Santa Fe-, narra la historia de tres mujeres trans que se desempeñan como cuidadoras en un hogar público para personas mayores.

Maia Antesana, Yenifer Franco Pereira y Luciana Méndez son las protagonistas de este relato que rescata el aprendizaje y luego el trabajo de estas mujeres que por primera vez tuvieron la posibilidad de acceder a un empleo formal y dejar la prostitución. 

¿Cuál fue el disparador para que se interesen en la historia de estas mujeres trans y su trabajo con personas mayores?

Gabriela Uassouf: Con Martina Matzkin, mi codirectora, y Rocío Pichirili, productora somos militantes por la diversidad desde hace muchos años. En 2017 conocimos un hogar público donde había cuidadoras trans. Nos pareció que era una idea fantástica, un encuentro pocas veces visto, el de la vejez y las mujeres trans, que además tienen una expectativa de vida muy baja. Entonces empezamos a hacer el trabajo de hormiga que hace todo documental, que es ir a proponer la historia, que cuidadoras y residentes nos conozcan y la vez, conocer las rutinas del hogar. En definitiva, hacernos parte de esa comunidad y generar la confianza que permita filmar. Cuando ya habíamos comenzado el rodaje, llegó la pandemia y echó el proyecto por la borda. Entonces se hizo muy importante una organización que para nosotras es referente, la Mocha Celis, una asociación civil que impulsa una enorme cantidad de programas de inserción educativa, laboral y de acceso a derechos para personas trans.

Durante el aislamiento fuimos voluntarias del Teje Solidario, la red de asistencia en pandemia que coordinaba la Mocha. En conjunto con Groncho, la productora de la película, la Cruz Roja, UNTREF, Ancestras, la Dirección Nacional de Políticas para Adultes Mayores y la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, la Mocha impulsó un nuevo curso de formación de cuidadoras, haciéndose eco de la necesidad que manifestaban muchas compañeras trans a partir de la pandemia de reconfigurar su vida, de buscar una salida laboral nueva. Apoyándose en el cupo laboral trans, después se articuló con el Hogar Santa Ana, un hogar público, para que las egresadas realizaran pasantías.

Entonces Maia, Luciana y Yenifer, que son las protagonistas de esta historia, tres egresadas de las muchas que hubo en aquel curso, se incorporaron como pasantes primero y después como trabajadoras de este hogar. Así que el disparador fue primero la curiosidad, y después la voluntad de acompañar un proceso que transformó vidas de una manera muy concreta.

La puesta se ocupa de mostrar el proceso de aprendizaje de las chicas y a la vez cómo los residentes y el personal no solo se acomodan a las estudiantes, sino que establecen todo tipo de complicidades en las relaciones. ¿Cómo fue surgiendo esta narrativa?

Martina Matzkin: Antes de comenzar a filmar nos interesaba como hipótesis que la historia se centrara en los vínculos que se generaran entre las cuidadoras y les residentes. Queríamos mostrar el trabajo, el espacio, y el aprendizaje, pero es el encuentro el lugar en donde más riqueza encontrábamos. Pero más allá de esa idea rectora, es en el proceso que el guion se va transformando y encontrando.

Comenzamos a filmar desde el inicio del curso de formación: un material que luego decidimos no incluir en el corte final. Allí pudimos conocer a las estudiantes desde la entrevista de inscripción y empezar a decidir quienes serían las protagonistas de la película. Porque elegir es un salto al vacío, sobre todo en las películas que se apoyan en el paso del tiempo, en las que los procesos son muy largos y una no sabe qué puede pasar.

Iba a ser la primera vez para Maia, Yenifer y Luciana en un hogar, con un equipo de trabajo que no conocían, y encima siendo filmadas. Todo lo que hicieron fue sumamente valiente. Nosotras ponderamos sus personalidades, fuertes y distintas entre sí. Esa diversidad nos interesaba a la hora de encarar un relato coral.

Luego el mayor desafío tuvo que ver con el tiempo, la paciencia y la confianza en la historia. Desde el momento en el que empezamos a filmar con ellas en el hogar, que fue su primer día de trabajo, estuvimos un año yendo y encontrando los vínculos que nos parecía que mejor reflejaban la historia que queríamos contar. Decidimos centrarnos en algunas de las relaciones más fuertes que construyeron, y con personas que nos resultaban entrañables, y así la narrativa fue tomando forma, transitando por esos encuentros.

¿Cómo se modificó su mirada con respecto a la experiencia de estas mujeres en el comienzo del proyecto y ahora, con la película terminada y el tiempo que tardaron en rodarla?

Gabriela Uassouf: Fue muy interesante poder entrar con las cuidadoras al hogar desde su primer día. Escuchar las primeras explicaciones. Empezar, con ellas, a reconocer rostros y nombres, rutinas, horarios, espacios.

En cada jornada, y a lo largo de los meses, pudimos atestiguar el profundo aprendizaje que tuvieron: tomando confianza con el oficio, trabando relaciones muy profundas. También conocimos los problemas como lo extenuante de la tarea, los sueldos bajos, la dificultad de encontrar la distancia emocional justa. Hoy sentimos una gran admiración por el trabajo que hacen. El trabajo de cuidado, que a veces ni siquiera es llamado trabajo, o que cuando lo es muchas veces es informal, y casi siempre mal remunerado, está completamente subvalorado. Creemos que luego de la pandemia, y en una sociedad que envejece a pasos agigantados, donde la situación económica y hasta demográfica nos hace preguntarnos cada vex con más urgencia cómo lograr que las vejeces sean acompañadas y dignas, los cuidados deberían ser una profesión muchísimo más ponderada.

¿En qué lugar transcurre el relato, quién está a cargo del programa?

Martina Matzkin: La película transcurre en el Hogar Santa Ana, un hogar público que queda en San Andrés, provincia de Buenos Aires. Depende de la Dirección Nacional de Políticas para Adultes Mayores (DINAPAM) en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Social (ahora Capital Humano) que se encuentra desfinanciado y ya no funciona a nivel nacional.

¿El documental tiene la intención de generar un debate sobre las políticas públicas que en la actualidad están siendo devastadas por el gobierno nacional?

Gabriela Uassouf: Por supuesto. Cuidadoras muestra una realidad en donde muchas de esas cosas que hoy están siendo cuestionadas funcionan: no a la perfección, no sin faltas, pero funcionan. El curso en que se formaron las cuidadoras, el cupo laboral travesti trans, el hogar público en que filmamos, las políticas públicas. Incluso por fuera de las instituciones en sí, valores como la defensa de la diversidad, el cuidado, la empatía y el respeto, que parecían una base de sentido común, hoy parecen mal vistas.

En un contexto en el que la violencia y la crueldad están arrasando con tantas cosas, en donde se destruye no sólo usando discursos de odio, sino directamente mintiendo y militando la desinformación, en donde cada semana se reprime a les jubilades y se desconocen leyes, nuestra película busca contraponer otro discurso. “La ternura como gesto político”, tituló una crítica sobre la peli hace poco, y estamos completamente de acuerdo con eso. Esperamos que entre quienes la vean se movilicen debates y reflexiones, pero sobre todo acciones.

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