Anatole “Zsa-zsa” Korda (Benicio del Toro), viene pergeñando un plan: el Esquema de Infraestructura Fenicia por Tierra y Mar de Korda. El proyecto de este empresario inescrupuloso y feroz, incluye dominar recursos naturales y esclavizar a poblaciones enteras.

Pero sus prácticas generan enemigos en todo el mundo, que organizan múltiples atentados para acabar con su vida a los que Korda siempre sobrevive, aunque empieza a tomar en cuenta que la obra de toda su vida está en juego y por eso convoca a su hija Liesl (Mia Threapleton, la hija de Kate Winslet), para que conserve su legado, aún cuando la chica está a punto de convertirse en monja y lo odia porque supone que mandó a matar a su madre.

Muchas veces se dice que un realizador es un “artesano” cuando si bien puede contar cualquier historia con un estándar de calidad aceptable, no posee ni una pizca de personalidad. En la misma conversación seguramente bien puede mencionarse a los otros, los directores que toman diferentes estilos y recursos, un eclecticismo funcional que le permite avanzar con lo que quieren contar sin renunciar a una mirada propia, de “autor” como se le decía antiguamente. Y en esta clasificación arbitraria, una categoría en sí mismo es Wes Anderson, un cineasta rígido, con un riquísimo, pero a la vez hermético universo personal.

Lo impermeable de la mirada de Anderson (El gran hotel Budapest, Asteroid City, La crónica francesa, Moonrise Kingdom) refractario a cualquier búsqueda ajena a su propia poética, logra un cine extraordinario que incluye dosis gigantescas de absurdo, figuras estelares que aceptan formar parte de la aventura en cuestión hasta el punto de que sus apariciones son apenas cameos, una melancolía aceptación de sus personajes del sinsentido de casi todo, puestas que tienen a los objetos como protagonistas impensados a partir de otra interpretación de su misma esencia, y claro, la obsesión por el plano perfecto, una geometría abigarrada y deslumbrante con una lógica tan hermosa como inexpugnable.

Esteticismo llevado a un nivel difícil de cuantificar y de balancear en tanto la posibilidad de entender, la visión benevolente sobre El esquema fenicio podría especular sobre cómo Wes Anderson parece querer sentar posición sobre lo desalmado del poder, mientras que en el otro extremo, el artificio habitual de la obra del director texano, si fuera posible, aquí da un paso más y las características, motivaciones y objetivos del protagonista son apenas un vehículo para montar sus atracciones virtuosas sobre la pantalla.

Al final de los 100 minutos, la sensación es que la que prevalece es la segunda posición, en tanto en buena parte del relato la composición virtuosa de los planos, el repentismo de cierto gags planteados para generar una sonrisa a medias y hasta la legendaria inexpresividad de los protagonistas -que se aplica casi sin excepción a todas las criaturas de su cine-, forman parte de una nada estéticamente impecable, yerma pero claro, que cumple su función de otro lujoso episodio del fantástico universo de West Anderson. Habitado solo por él.

EL ESQUEMA FENICIO
The Phoenician Scheme. Guion y dirección: Wes Anderson. Elenco: Benicio del Toro, Mia Threapleton, Michael Cera, Riz Ahmed, Tom Hanks, Bryan Cranston, Mathieu Amalric, Richard Ayoade, Jeffrey Wright, Scarlett Johansson, Benedict Cumberbatch, Rupert Friend, Hope Davis, Alex Jennings, Stephen Park, F. Murray Abraham, Charlotte Gainsbourg, Willem Dafoe, Beatrice Campbell, Bill Murray y Freya Feyrouz. Fotografía: Bruno Delbonnel. Música: Alexandre Desplat. Edición: Barney Pilling. Origen: Estados Unidos, 2025.  Duración: 101 minutos. 

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