Cooper Hoffman and Olivia Wilde appear in I Want Your Sex by Gregg Araki, an official selection of the 2026 Sundance Film Festival. Courtesy of Sundance Institute | photo by Lacey Terrell

En los años 90 Gregg Araki fue uno de los grandes referentes del Cine Queer norteamericano. Películas de aquel periodo como Totally Fucked Up (1993) o The Doom Generation (1995) son a su manera clásicos tanto del movimiento LGTB en el cine como del indie noventero. Se lo podría poner posiblemente a la par de otros representantes de la movida como Gus Van Sant o Todd Haynes que como él también hicieron un pasaje al cine más mainstream, pero en el caso de Araki hay un espíritu más juguetón y relajado (a diferencia también del más combativo y hardcore Bruce LaBruce) que conserva un pie en la comedia preferentemente sexual. 

Araki ha estado apartado del cine por un buen rato. Su último largometraje fue White Bird Blizzard de 2014. Desde entonces el realizador estuvo más concentrado en el mundo de las series, dirigiendo capítulos de las series de otros, como Dahmer, Riverdale o Gigoló Americano, o creando las propias como es el caso de Now Apocalypse. Quiero tu sexo es entonces el primer largo del realizador en doce años.

El relato comienza por el final. Elliot (Cooper Hoffman) se despierta de golpe en la mansión de su jefa, Erika (Olivia Wilde), magullado y sin memoria de lo último que pasó. Mientras trata de recuperarse encuentra a Erika flotando en la piscina. Tras llamar a la policía es sometido a un interrogatorio en donde Cooper va a contarle a los agentes a cargo y al espectador cómo llegamos hasta acá. 

Tras esta introducción, que homenajea de manera explícita a El ocaso de una vida (1950), retrocedemos unas semanas para ver cómo el joven Elliot recién salido de la universidad consigue su primer empleo como asistente en el estudio de Erika, una famosa y prestigiosa artista contemporánea, una celebridad del medio, de carácter fuerte, narcisista y bastante manipuladora. No pasa mucho tiempo hasta que la relación entre Elliot y Erika traspase los límites laborales -o no tanto, porque el tema omnipresente en la obra de la artista es el sexo y ella no parece pensar en otra cosa- y Elliot se transforma en el Sex Toy de su jefa, sometido voluntariamente a diversas maneras de sexo S&M. 

Se trata de una relación claramente asimétrica no sólo por los roles en el sexo sino también por la distancia jerarquica, de edades, y también de espectativas, porque es claro que para Erika su joven asistente no es mas que un pasatiempo o un instrumento, mientras que Elliot se obsesiona con ella de un modo que su vida completa escapa de su control. El film se beneficia mucho de la evidente química entre sus dos protagonistas. Hoffman y Wilde son capaces de volver queribles a sus tremendamente defectuosos protagonistas y de hacer creíbles la seguidilla de disparates a los que el realizador los somete. 

Gran parte del asunto pasa por los diálogos y en muchos momentos los personajes hacen reflexiones acerca del arte, el sexo y el mercado y como todo eso va junto. Hay una crítica bastante directa al mundo del arte, y al del arte moderno en particular, a su impostura, su falsedad, a su carácter vano y vacuo. Esa crítica no es nueva y se hace más o menos en términos ya transitados en unas cuantas producciones recientes con mayor o menor fortuna, como en Velvet Buzzsaw (2019) o el reboot de Candyman (2021). Lo cual no quiere decir que la crítica no sea ajustada o correcta. En cualquier caso el mismo realizador no se la toma tan en serio ni pretende que el espectador lo haga. 

El otro gran tema del film y que, al igual que el de su co-protagonista, es el tema predilecto del propio Araki: el sexo. Algo que aquí aparece no solo en su vertiente de goce sino también como arma de manipulación, como mercancía, como lucha de clases y como diálogo generacional. Araki se pregunta por el rol vital que le dan al sexo generaciones mayores en contraste con el que le da la generación Z que parece no ser de tanta importancia, y se verá que esta tiene sus propios problemas con ese asunto. También en esta dicotomía aparece el tema del consentimiento. El protagonista afirma en el interrogatorio que las relaciones entre ambos siempre fueron consensuadas, aunque veremos más tarde que no todo fue así.

Hay que decir  que las escenas de sexo son unas cuantas y algunas pueden ser (ligeramente) incomodas pero en general son mas graciosas que sensuales. Araki se permite bromear con lo que se suele llamar “cine erótico” con algunos guiños. Por ejemplo cuando, después de la primera escena, un cartel nos presenta el siguiente flashback como ocurrido “9 semanas y media antes”. O con el hecho de que que las primeras palabras que se escuchan en el film sean una larga seguidilla de Fucks

Quiero tu sexo es para Araki un regreso a esa arista provocadora de sus primeros trabajos pero en una forma más digerible. No estaría bien decir que es un Araki domesticado porque sus intereses siguen ahí, pero se siente más accesible, no tan confrontativo, aunque cada tanto sus personajes tiren consignas de barricada. Se trata de una comedia por momentos divertida, de a ratos incómoda pero liviana, que provoca pero no ofende, que quiere escandalizar pero no mucho. En cualquier caso, es disfrutable y un retorno al cine de Gregg Araki es una buena noticia. 

QUIERO TU SEXO
I Want Your Sex. Dirección: Gregg Araki. Intérpretes: Olivia Wilde, Cooper Hoffman, Mason Gooding, Chase Sui Wonders, Johnny Knoxville, Margaret Cho, Roxane Mesquida, Charli XCX, Daveed Diggs . Guión: Gregg Araki, Karley Sciortino. Fotografía: Tucker Korte. Música: James Clements. Edición: Gregg Araki, Victor de la Parra. Diseño de Producción: Angelique Clark. Origen: Estados Unidos / 2026. Duración: 90 minutos.

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