Lo primero que llama la atención de Código: Venganza, incluso antes de ver la película, es el afiche. Si esa era la intención, lo lograron. Allí se ve desde arriba un buque de carga con una explosión en el extremo superior y la carota enorme de Jason Stathan a un costado, todo sobre un fondo negro. El que lo ve lo reconoce enseguida. Se trata de una cita directa al afiche de Duro de matar (1988). Se replica incluso la tipografía y el slogan.
El tema es si además del guiño se sugiere que hay algo en el film mismo que remite a aquel otro clásico de acción o es pura cita cinéfila. Si así fuera, sería algo más trivial pero menos pretencioso. Hay que medirse con ese referente. Sin embargo, ya veremos que algo hay.
Y es que, más allá de la cita al film de Bruce Willis y John McTiernan, Código: Venganza es “una de Jason Statham”. Aquí, el protagonista de exitosas sagas como las de Mechanic y El transportador, interpreta a Cole Reed, un expolicía inglés, devenido custodio y hombre de confianza de un magnate naviero en Bangkok. Cuando este es asesinado delante suyo, Reed es incriminado y, mientras es buscado por las autoridades tailandesas, logra colarse en un barco carguero, de dónde habría salido uno de los asesinos, para averiguar los motivos detrás del crimen.
Una vez a bordo, descubre que en uno de los enormes containers que son transportados a través del océano hay encerrado un grupo de hombres, mujeres y niños que están siendo mantenidos en cautiverio, víctimas del tráfico de personas. Reed, que está allí investigando la conspiración que asesinó a su jefe, sale en su rescate ayudado solo por Angie (Annabelle Wallis), una empleada circunstancial del barco que descubre casualmente la existencia de los prisioneros, lo cual la mete definitivamente en problemas. Juntos, deberán enfrentar a la mucho más numerosa organización criminal que dirige el buque que pretende cuanto antes deshacerse de los testigos incómodos.
Así que si buscamos algunas coincidencias argumentales con Duro de matar, podemos darles la derecha. En ambos casos, introducido de incógnito en un lugar cerrado (un edificio cercado o un barco en medio del océano), un protagonista solo o en inferioridad de condiciones, debe enfrentar a todo un grupo de criminales que controlan ese espacio escondiéndose en sus vericuetos y asestando golpes certeros, y a la vez salir al rescate de sus rehenes. Hasta ahí llegamos, pero es algo.
La idea del protagonista que es acusado de un crimen para encubrir una gran operación y se embarca a sí mismo (en este caso literalmente) en una misión para resolver el caso y limpiar su nombre, es un planteo infinitamente transitado. Es entonces una excusa para la acción. De eso se trata y es lo que todos vinieron a buscar. Y lo cierto es que se demora un rato en llegar. Cuando llega, eso sí, es bastante bruta y el realizador del film, el Frances Jean-François Richet, está interesado en hacernos saber que los golpes duelen, la carne se lastima y la sangre, que chorrea generosamente, puede incluso salpicar a la cámara.
Aunque también habría que decir que la acción no es tan interesante cuando los personajes se andan persiguiendo por los pasillos del barco o se andan disparando en escenas que no son ni muy vertiginosas ni muy trepidantes. Por el contrario, es mucho más divertida cuando el combate es cuerpo a cuerpo y se acude a las siempre efectivas armas blancas o instrumentos contundentes, como hachas, arpones y garfios. De hecho, con estos últimos parece haber cierta predilección y se juegan dos de los momentos más felices. Dicho esto, claro, en sentido figurado.
Richet, es un tipo con mucho oficio en el género que ya trabajó con otras estrellas de acción, algunas más versátiles que otras, como Vincent Cassel, Mel Gibson o Gerard Buttler. Statham es más o menos el mismo de siempre, con la misma cara y los mismos recursos. Nadie le pide otra cosa, ya sabemos lo que puede hacer y eso lo hace bien. De hecho en una escena cuando quiere ponerse emotivo, se nota que no está en su salsa.
Lo que sí falta es el humor. Y no es que Statham no pueda manejarlo. Ya en Crank, veneno en la sangre (2006) probó que su cara de piedra puede acompañar muy bien momentos de puro disparate. Pero acá eso no está, ni siquiera en dosis discretas. Los pocos momentos que pueden motivar la risa (aunque sea incorrecta) están dados por el ejercicio de la fuerza bruta y el vulgar despliegue de poder. Es decir, hachazos en la cabeza o garfios que atraviesan rostros. En fin, la cosa sana.
El film requiere bastante buena voluntad para dejar pasar unas cuantas casualidades y golpes de suerte que vienen en ayuda del protagonista. Es claro igualmente que su público no se va a poner muy quisquilloso con eso y los responsables lo saben. En cuanto al tema del tráfico de personas, uno podría sentirse tentado a suponer un interés de denuncia. Pero esa tentación no tiene donde agarrarse. Se trata de un recurso más, que funciona como motor de la acción. A los efectos podría ser otra cosa. Si fue elegido en vez del tráfico de drogas o armas, es probable que sea porque funciona mejor dramáticamente.
Código Venganza es un Statham típico y un film de acción de manual. No se propone ni ofrece nada nuevo. Es efectivo y entretenido (de a ratos) y es probable que el espectador, incluso si se divierte, se lo olvide al poco tiempo. Quizás lo que más se termine recordando de él sea el chiste del afiche.
CÓDIGO: VENGANZA
Mutiny. Dirección: Jean-François Richet. Intérpretes: Jason Statham, Annabelle Wallis, Roland Møller, Adrian Lester. Guión: J.P. Davis, Lindsay Michel. Fotografía: Brendan Galvin. Música: Marcus Trumpp. Edición: David Rosenbloom, Joe Rosenbloom. Diseño de Producción: Russell De Rozario. Origen: Reino Unido, Estados Unidos. Duración: 95 minutos.





