A partir del domingo 7 de junio se podrá ver en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530) cuatro funciones especiales de Taxi Driver, la obra maestra de Martin Scorsese.
Estrenada originalmente en el año 1976, la película protagonizada por Robert De Niro resultó ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de ese año, y se transformó con el correr de las décadas en uno de los films esenciales en la filmografía de Scorsese. Las funciones son organizadas por el Complejo Teatral de Buenos Aires, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad, junto con Fundación Cinemateca Argentina.
Sinopsis:
Para sobrellevar el insomnio crónico que sufre desde su regreso de Vietnam, Travis Bickle (Robert De Niro) trabaja como taxista nocturno en Nueva York. Es un hombre antisocial que apenas tiene contacto con los demás, se pasa los días en el cine y vive obsesionado con Betsy (Cybill Shepherd), una atractiva rubia que trabaja como voluntaria en una campaña política. Pero lo que realmente obsesiona a Travis es comprobar cómo la violencia, la sordidez y la desolación dominan la ciudad. Y un día decide pasar a la acción.
Dirección: Martin Scorsese. Guion: Paul Schrader. Producción: Michael Phillips, Julia Phillips. Fotografía: Michael Chapman. Montaje: Marcia Lucas, Tom Rolf, Melvin Shapiro. Música: Bernard Herrmann. Director de arte: Charles Rosen. Efectos especiales: Dick Smith. Elenco: Robert De Niro, Cybill Shepherd, Jodie Foster, Albert Brooks, Harvey Keitel, Leonard Harris, Peter Boyle. Estados Unidos, 1976. 113 minutos.
PALABRAS DEL REALIZADOR
Taxi Driver es realmente de Paul Schrader. (…) Schrader me dio el guion porque vio Calles peligrosas (1973) y le gustó Robert De Niro en ella y le gusté como director. Nosotros –es decir, De Niro y yo– teníamos los mismos sentimientos sobre Travis, la forma en que estaba escrito, la forma en que Paul lo concibió. Era como si todos sintiéramos lo mismo, como un pequeño club entre los tres. Paul Schrader y yo teníamos cierta afinidad sobre la religión y la vida, la muerte y la culpa y el sexo. Paul y yo somos muy cercanos en ese tipo de cosas. Pero debo decir que el concepto original de Taxi Driver es todo suyo. Hay que entender que la idea original vino de Schrader. Y creo que cuando dicen: Taxi Driver, de Martin Scorsese, eso puede ser muy doloroso para Paul.
(…) Travis Bickle empieza a actuar según sus fantasías. Viviendo en esta ciudad, en cierto punto uno puede querer matar a alguien. Tú no lo haces. Travis lo hace. Cruza al otro lado. Con De Niro entendemos esas implicaciones. Bob no es un experto en cine como yo. No puede sentarse conmigo y con Schrader a hablar de Traidora y mortal, la película de cine negro de Jacques Tourneur. No la conoce. Y, sin embargo, eso lo hace más puro, porque se centra en lo que está ahí. Es mejor. No trae consigo ningún bagaje. Es muy, muy claro. (…) Con De Niro improvisamos la escena del espejo. Es cierto. Improvisé la parte en la que él habla frente al espejo: “You talking to me?”. En el guion estaba escrito que él hacía eso con las pistolas y se miraba a sí mismo, y le dije a Bob que tenía que decir algo. Tenía que hablar consigo mismo. No sabíamos qué. Empezamos a experimentar con la idea, y eso fue lo que salió.
Declaraciones de Martin Scorsese, The Rolling Stone Interview. Noviembre de 1990.
“El expresionismo de Scorsese no se parece en nada a los decorados exagerados de los directores alemanes; él utiliza locaciones documentales, aunque lleva al límite los elementos discordantes, y Michael Chapman, el director de fotografía, le confiere a la vida callejera un suntuoso aspecto sensacionalista y sórdido. (…) La Nueva York de Scorsese es la gran ciudad de los thrillers que alimentaron su imaginación, pero en una etapa posterior de decadencia. Esta Nueva York es un enemigo voluptuoso. Los vapores de la calle se vuelven fantasmales; Sport, el proxeneta, corteja a su prostituta jovencita, la conduce en un baile hipnótico; los cines porno son como morgues; el tráfico congestionado es macabro. Y este Infierno siempre está en movimiento. Ninguna otra película ha dramatizado la indiferencia urbana con tanta fuerza. (…) A su manera, Taxi Driver también posee un aura erótica. Prácticamente no hay sexo, pero nada de sexo puede resultar tan perturbador como el sexo. Y de eso se trata: de la ausencia de sexo; de la energía y la emoción atrapadas y reprimidas, con una liberación que salpica sangre. Como espectadores, al experimentar de un modo visceral la necesidad de Travis de una explosión y que esa explosión como tal sea el equivalente a la consumación, convierte a Taxi Driver en una de las pocas películas de terror verdaderamente modernas”.
Pauline Kael, “Escritos a quemarropa”





