Josh y Benny Safdie dirigieron juntos cuatro largometrajes de ficción, un documental y varios cortos. Algunas de sus películas alcanzaron gran notoriedad como Good Time, viviendo al límite (2017) o Diamantes en bruto (2019). Son de esa especie tan cara a la historia del cine: los hermanos directores, como los Taviani, los Dardenne o los Coen. Y, al igual que estos últimos, terminaron separándose para dirigir en solitario. Aunque Josh ya hizo solo The Pleasure of Being Robbed en 2008.
En un mismo año, el que pasó, ambos fueron por biopics, si bien la de Josh solo lo es hasta cierto punto. Benny hizo La máquina, basada en la historia real del luchador Mark Kerr. Josh también va por la peli de un deportista aunque con un deporte menos cinematográfico, o con menos tradición en la pantalla: el tenis de mesa.
Al igual que en las películas que Josh dirigió con su hermano, Marty supremo es una película frenética, tensa, nerviosa, que sigue el pulso acelerado de sus protagonistas, buscavidas que se mueven entre el éxito y el fracaso, la marginalidad y la búsqueda de la gloria, para lo cual están dispuestos a todo, incluso las acciones más cuestionables. Marty Mauser, interpretado por Timothée Chalamet, es un personaje en esta vena, inspirado muy libremente en Marty Reisman, un prodigio del tenis de mesa quien ganó unos cuantos campeonatos entre 1958 y 1997. Fue el hallazgo de un libro escrito por él lo que disparó la idea de hacer el film.
Pero Marty Mauser es un personaje ficcional, una entidad por derecho propio. Un personaje ególatra, tramposo, narcisista, mentiroso compulsivo, cuyas acciones están únicamente en función de cumplir sus objetivos. Marty tiene, además, una opinión muy elevada de sí mismo, apuesta a lo más alto y, como explícitamente afirma, la posibilidad de no conseguirlo no se le pasa por la cabeza. Y aún así, es un personaje simpático y cautivante aunque, tome todas las decisiones equivocadas. En parte porque carece totalmente de vergüenza y porque su carisma y encanto son innegables.
El presente de Marty no se parece en nada a sus sueños de grandeza. Es obvio que tiene talento como jugador, pero sus condiciones materiales son muy desfavorables. Y como al talento hay que ayudarlo, y nadie parece muy dispuesto, Marty va hacer lo que considere necesario, incluso si eso implica engañar, seducir, robar, extorsionar o, haciendo gala de unos reflejos envidiables, aprovechar cualquier oportunidad que se le ponga adelante.
El objetivo inmediato, la zanahoria en la frente, es poder competir en el torneo mundial de Tenis de Mesa que va a desarrollarse en Japón y obtener la revancha con el campeón japonés que ya le arrebató anteriormente la gloria que Marty cree le pertenece. Pero para llegar hasta ahí hace falta dinero y apoyos que no tiene. La vida de Marty es como una carrera de obstáculos que tiene que ir sorteando a toda velocidad. Y una fuga hacia adelante, de la pobreza, del desencanto, del aburrimiento, del fantasma de una vida mediocre e infeliz.
Y la estructura del film acompaña esa circunstancia. Con líneas que se abren constantemente. Su familia problemática, su amante embarazada, su jefe que lo presiona para que deje sus sueños deportivos y se dedique full time a vender zapatos, el intento de seducir a una ex estrella de Hollywood (una gran Gwyneth Paltrow) y obtener el apoyo económico de su marido empresario, los intentos de hacer estafas jugando en tugurios con el peligro de ser descubierto, el encuentro con un mafioso (un intimidante Abel Ferrara) que le encarga el cuidado de su perro. Marty va enfrentando un problema, solucionádolo o pateándolo para adelante y luego metiéndose en otro o volviendo a caer en uno anterior. Así es su vida, sin pausa. Y Safdie narra esta carrera alocada con un ritmo sostenido que hace que las dos horas y media de película se pasen con rapidez.
La historia está ambientada en la Nueva York de los años 50. Una época, la de posguerra, que es la de apogeo del “sueño americano”, una creencia o ilusión que alguien como Marty podría encarnar por su talento y determinación. Pero las cosas no son para nada como esa promesa. Marty viene de un entorno humilde del Lower East Side, nadie lo apoya ni lo toma en serio, es talentoso en un deporte que es entonces marginal y que la mayoría ni siquiera lo considera un deporte. Timothée Chalamet realiza con Marty una entrega total, un tour de force, una actuación adrenalínica de esas que suelen considerarse consagratorias.
Hay mucho de Scorsese en la forma en que Safdie filma esa New York de bajos fondos, esos personajes marginales, en la representación de la violencia y en ese protagonista ambicioso y dispuesto a jugárselo todo. Y al igual que en ese otro Marty, juega un papel importante la música, que además del score de Daniel Lopatin, quien ya trabajó previamente para los Safdie, incluye unos cuantos temas anacrónicos provenientes de bandas y artistas de pop y rock de los 80 como New Order, Tears for Fears, Alphaville, Peter Gabriel o Public Image Ltd. El film, tomando algo en apariencia tan poco grandilocuente como el tenis de mesa, es también a su manera un film sobre el deporte, sobre la adrenalina de la competencia y la búsqueda de la gloria.
Marty Supremo no es una escalera al éxito, ni una historia de ascenso y caída. Es una carrera cuesta arriba, que el realizador comparó con el mito de Sísifo, con un Marty condenado de manera agotadora y frustrante a empezar de nuevo una y otra vez. Safdie no da mucho descanso a su protagonista, pero lo muestra como un personaje querible pese a sus múltiples defectos, un perdedor hermoso, un estafador adorable. Arma una épica con el personaje más improbable y le proporciona una redención donde este menos se la espera.
MARTY SUPREMO
Marty Supreme. Dirección: Josh Safdie. Intérpretes: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Tyler The Creator, Larry ‘Ratso’ Sloman, Luke Manley, Fran Drescher. Guión: Ronald Bronstein, Joshua Safdie. Fotografía: Darius Khondji. Música: Daniel Lopatin. Edición: Ronald Bronstein, Joshua Safdie. Dirección de Producción: Jack Fisk. Origen: Estados Unidos: Duración: 149 minutos.





