En la edición 2003 de Bafici se estrenó Save the Green Planet, primera película del realizador Jang Joon-hwan. El film, exponente del entonces emergente nuevo cine coreano, ganó el premio a la mejor actriz para Hwang Jeong-min y causó cierta sensación en el festival por su trama delirante que involucra a un joven y a su novia quienes secuestran a un importante empresario, con la certeza de que este es en realidad un extraterrestre perteneciente a una raza que planea acabar con la tierra. 

Cuando en 2023, al poco de haber estrenado Pobres criaturas, Yorgos Lanthimos anunció que estaba trabajando en una adaptación del film coreano, se sintió como algo natural. Esa trama y esos personajes se veían muy familiares a los del universo del realizador griego ya hace tiempo radicado en Hollywood. Dos años después y con otra película en el medio (Tipos de gentileza de 2024), la llegada de Bugonia viene a confirmar esas sospechas. 

El nombre no fue lo único que cambió en el proceso. En la versión Lanthimos el empresario es reemplazado por Michelle, una importante CEO interpretada por Emma Stone, a esta altura parte del elenco estable de los films del griego, y el cómplice ya no es la novia del protagonista sino su primo Don, que sufre cierto retraso madurativo, interpretado por Aidan Delbis, un joven actor no profesional y neurodivergente que hace aquí su debut. El que no varía demasiado es Teddy, un sujeto de esos que reciben el mote de conspiranoico interpretado por Jesse Plemons, incorporado a la troupe Lanthimos desde su anterior film. 

Tras una investigación que hace por su propias e inusuales vías y con la certeza que suelen tener este tipo de personajes, Teddy llega a la conclusión de que Michelle es miembro de una raza de alienígenas invasores de la galaxia de Andrómeda, quienes ya vendrían hace rato esclavizando secretamente a la humanidad. El plan, pergeñado con toda la precisión de la que Teddy es capaz, es secuestrarla para forzarla a arreglar una reunión con las altas autoridades andromedanas.

Efectivamente el planteo parece ideal para Lanthimos, quien se dio a conocer a principios de la década de 2000 con la movida que se bautizó como “ola rara griega”, de la cual fue su principal referente y producto de exportación, y cuyos personajes suelen tener sistemas de pensamiento, cosmogonías incluso, bastante originales, no sólo convencidos de ellas, sino comprometidos hasta las últimas consecuencias. Pensar por ejemplo en el padre de Colmillo (2009), en la organización de The Lobster (2015) o en el fanatismo del científico de Pobres criaturas, todos ellos con razones muy poderosas para hacer lo que hacen.

La película es un auténtico duelo entre entre ambos protagonistas, un duelo que es también actoral entre Plemons y Stone. Sus personajes, aun en su asimetría, están en una permanente puja por el poder y el control. Por el lado de Teddy hay una certeza cuyo origen puede parecer delirante pero es de una lógica inamovible, que además se acompaña con una convicción que lo justifica para hacer lo que sea, por cuestionable que parezca, puesto que el fin último es salvar a la humanidad. Con el tiempo se irá develando que su accionar está sustentado en fuentes emocionales que lo vuelven más vulnerable. 

Por el lado de Michelle nos encontramos con un personaje ambicioso, capaz de cualquier cosa para salirse con la suya. Se deja en claro que si bien ella es la víctima, y sufre abusos totalmente injustificables, no es inocente ni tampoco está completamente indefensa. Maestra de la manipulación, en su trabajo se presenta con la cara amable y condescendiente de la nueva explotación canchera. Ella se ve a sí misma (y no le falta razón) como una ganadora, un predador alfa en la cima de la cadena observando a los demás como instrumentos o como estorbos. Durante el secuestro, está siempre atenta a cualquier fisura en sus captores para tomar el control. Y en las discusiones, que alcanzan niveles de peligrosa intensidad,  aprovecha esos flancos débiles con precisión quirúrgica. 

En el medio queda Don. Cómplice de Teddy, incluso si no comprende muy bien sus razones. Captor y guardián de Michelle, incluso si no está de acuerdo con el trato que se le dispensa. Don, que tiene la inocencia de los simples, es usado y manipulado por ambos a un punto mucho más allá de lo que su frágil mente puede soportar y las consecuencias son explosivas. Un personaje que el realizador declaró que introdujo para crear una dinámica diferente entre la pareja protagónica. El debutante Aidan Delbis sale bien parado con un personaje muy demandante y con escenas muy border. 

Al igual que la mayoría de los films de Lanthimos se trata de una comedia, algo negra y delirante, con personajes pasados de rosca y un poco descuadrados de la lógica corriente. Lanthimos maneja el punto de vista para que nada sea del todo confiable, incluso a pesar de las certezas de los personajes. El realizador hace gala de la misantropía de la que a veces se lo acusa, pero que en su caso es más liviana y juguetona que la de otros realizadores que también reciben la acusación de crueldad como Haneke o Aronofsky. Hay, eso sí, una mirada despiadada pero bastante certera sobre el mundo de la conspiranoia y el mundo corporativo. Dos lugares que parecen antagónicos aunque, si uno mira el panorama ideológico de los Estados Unidos de hoy, no lo son tanto. 

De todos modos, a Lanthimos no le interesa demasiado hacer una bajada de línea, más interesado como está en estas estructuras curiosas de pensamiento que requieren su disciplina y sus reglas. Y es que las reglas son importantes en Lanthimos, y mejor aun si son disparatadas, ya que en su arbitrariedad aparente construyen un sistema y producen una práctica. Lanthimos sigue haciendo lo que le interesa y toma el film del realizador coreano  para expandir su propio universo donde las contradicciones se llevan de lo más bien, a la vez ligero y cruel, riguroso y absurdo. 

BUGONIA
Bugonia. Dirección: Yorgos Lanthimos. Intérpretes: Emma Stone, Jesse Plemons, Alicia Silverstone, Aidan Delbis, Stavros Halkias. Guión: Will Tracy. Basado en el film escrito y dirigido por Jang Joon-hwan. Fotografía: Robbie Ryan. Música: Jerskin Fendrix. Edición:     Yorgos Mavropsaridis. Diseño de Producción: James Price. Origen: Estados Unidos, Corea del Sur, Irlanda. Duración: 118 minutos

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