La gente ya no sabe ver películas, el cine perdió su espacio social, el cine está muerto, en las salas los espectadores mastican pochoclo mientras relojean el celular.
Y además, los grandes maestros se están yendo, a los complejos solo les interesa que se consuman snacks, las grandes empresas solo quieren darnos superhéroes y al final Marvel se metió las últimas películas en el ogt.
En tanto alguien dice en Youtube que Martin Scorsese es un vende humo, otro afirma que Christopher Nolan solo sabe filmar películas de Batman; con tono violento varios coinciden en que hay que dejarse de joder con Alfred Hitchcock, una chica interviene y dice sin ponerse colorada que en Taxi Driver no pasa nada.
Las voces siguen en las imprescindibles redes, que están para todo y para cualquiera. Una señora explica enojada que “dejé de ir al cine porque la gente habla como si estuviera en su casa”, un señor dice sin dudar que “ya no se hacen películas como las de antes” (¿que será “antes”?) y agrega “ya no hay sexo en las películas porque todos quieren agradar a todo el mundo”.
Lo cierto es que todos parecen tener algo que decir sobre el negocio del cine y pocos hablan de las películas.
Efectivamente, las plataformas cambiaron todo el juego, solo ellas pueden producir algunas cosas y entre otros cambios, se nota que hay poco y nada de espacio para películas medianas.
Pero sin ninguna duda los buenos relatos siguen estando y en todo caso, solo hay que saber buscar o por caso, elegir al curador adecuado.
En estos últimos días llegaron a las salas argentinas al menos cuatro películas que valen la pena: La sustancia, de Coralie Fargeat; Alien Romulus, de Fede Alvarez; El aroma del pasto recién cortado, de Celina Murga; y El jockey, de Luis Ortega.
En La sustancia una directora francesa toma a Demi Moore y la pone al frente de una película que se atreve con distintos temas que van desde la obligación de ser joven y bello, hasta el salvajismo de una industria que consume todo y aplasta al que no sigue las reglas.
El aroma del pasto recién cortado muestra un solido elenco tratando de contar el hastío de las parejas, el miedo a madurar y esas cuestiones que nos aquejan a los argentinos junto con la malaria económica.
Alien Romulus es nada manos que la modernización de una saga con la que algunos crecimos y que se atreve a volver a personajes que son meros trabajadores de una corporación como lo eran los camioneros de la primera película.
Y El jockey nos trae lo mejor de la poética de Luis Ortega, que aquí se en el mundo burrero como excusa para incursionar en un surrealismo que muchos admiran desde sus películas del comienzo.
Son apenas cuatro ejemplos para festejar al cine.
Es cierto, se perdieron algunas cosas, el rito ya no es el mismo y la industria cedió el lugar que tuvo en otras épocas. Quizás a los que nos gusta el cine debemos aceptar estar en minoría. Dejar que la gente discuta sobre Furia o sobre el Cantando 55, conducido por algún ex Gran Hermano o por un ex ser humano.
Cómo puedes ser feliz si no estás en nuestro tren, canta Charly García traduciendo a Lennon y claro, esa es la actitud que hay que defender.
Aunque las películas ya no lleven tres millones de espectadores o la gente no termine de entenderlas, los que estamos en los medios nos queda algo para decir en tanto siguen existiendo películas para resaltar, directores para recordar o para poner bajo el foco, contarle todo eso a la gente que en muchos casos solo tiene tiempo y energía para sobrevivir.
Hay que empeñarse en señalar lo poético, lo cómico, las películas de aventuras que valen la pena.
Quiero creer que Reencuadre va a ser eso, un espacio para que se guíen y disfruten. Un espacio de debate quizás y por qué no, un lugar donde haya lugar para lo jocoso, en donde siempre con la mala leche justa, podamos quejarnos de las cosas que nos tienen hartos y que, si alguien se enoja u ofende, que entienda de una vez que el riesgo de vivir implica que alguna vez a alguien no le guste lo que dice otro.
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