No es para nada habitual que en una película del vigoroso cine surcoreano sea explícitamente política, en todo caso, cuando esquivan el ejercicio de resignificar géneros, en el mejor de los casos sus relatos trasmiten el enojo, la decepción, la rebeldía o el conformismo y la mayoría de las veces de manera elíptica. Un amor posible de Lee Chang-dong, es una de las pocas excepciones -otros ejemplos cercanos son La única otra opción de Park Chan-wook y Parasite de Bong Joon-ho-, que aborda de lleno las consecuencias del capitalismo despiadado en la carne viva de un grupo de trabajadores que son despedidos de una gran empresa.

El centro del relato es Ho-seok (Sul Kyung-gu, que ya trabajó con Lee en Peppermint Candy y Oasis), un obrero que fue parte activa de una huelga en contra de una “reestructuración”, un acto colectivo que terminó en derrota, con despidos masivos y el propio Ho internado como consecuencia de los golpes que recibió de la policía, que «en la “»recuperó” de la fábrica tomada.

Ho-seok apenas habla, no se relaciona con casi nadie, no quiere ir a terapia, da la impresión de querer ser invisible para que lo dejen solo con su dolor. Mientras que se desarrolla la historia, se va desgranando en origen de la desesperación de Ho, un obrero despedido de la empresa que se había convertido en su lugar de pertenencia.

La otra protagonista es Ye-ji (Cho Yeo-jeong, de Parásite), una documentalista empeñada en contar la tragedia de los trabajadores despedidos -que de paso incluye los límites morales de inmiscuirse en una problemática ajena a posición social-, empeñada en contar con el testimonio de Ho, que según su mirada y con la voluntad de fusionar lo personal con lo colectivo, representaría como nadie a la víctima prototípica de las políticas de ajuste de las empresas, siempre en busca de maximizar beneficios.

Más allá de retratar una existencia rota, a Lee también se preocupa en dejar en claro la monstruosidad de las decisiones empresariales, que determinan hasta categorías en los niveles de tragedia, porque si bien Ho es un damnificado, los despidos también generaron una ola de suicidios entre los obreros cesanteados.

Tanto Ho-seok como Ye-ji tienen pareja, él con Mi-Ok (Jeon Do-yeon), mientras que la cineasta Ye-ji está casada con Sang-woo (Zo In-sung).

Entre ambas parejas se establece una relación un poco forzada, que trata de ignorar las diferencias de clase, aunque claro, se trata de un recurso para hacer funcional el relato en tanto se trata de dos matrimonios que por historia y posición en la sociedad, son absolutamente diferentes y por eso mismo, necesariamente complementarios en la historia, tensionando desde su lugar la división de clases sociales.

Entonces, el interés por lo político y social que Lee Chang-dong demostró en su corta pero contundente filmografía (Burning, 2018; Secret Sunshine, 2007; Green Fish, 1997; y las mencionadas Peppermint Candy, 1999 y Oasis, 2002), ahora y desde el más lúcido presente, conjuga el drama íntimo con la crueldad y la indiferencia social frente al problema de cientos de trabajadores y sus familias.

Pero lo extraordinario es que además, el relato de corte naturista transita una conmovedora sutileza para contar la fractura emocional que le deparó al protagonista el despiadado presente, suma a una puesta exquisita la represión policial en el desalojo de la fábrica tomada y muestra la magnitud de la violencia contra los obreros. E incluso reserva unos decisivos momentos para retratar el carácter de las víctimas, la solidaridad y también la traición o mejor, el que no todos estuvieron a la altura del compromiso de lucha.

El estrés postraumático laboral; contar también la frustración del sueño módico del trabajador, que con mucho esfuerzo fue construyendo un espacio en su jardín para disfrutar con sus compañeros de trabajo y nunca pudo estrenar porque ya no tenía ni trabajo ni compañeros; o el encuentro con un amigo de la fábrica devenido en conductor de una aplicación y la extrañeza e incomodidad que le produce un grupo de autoayuda para los desempleados, son ejemplos valiosos que se yerguen como agudas observaciones sobre derrumbe de una idea de vida.

Cuando lo personal y lo colectivo se fusionan sin dificultad por la extraordinaria mirada del maestro coreano, irrumpe otra decisión tan arriesgada como efectiva como viajar al pasado y mostrar la juventud de la humilde pareja devenida de objeto de exposición de una documentalista acomodada. En ese flashback, son apenas dos jóvenes destinados a convertirse en trabajadores -no empresarios, no intelectuales, no burgueses bien remunerados-, de una clase obrera orgullosa de sus saberes que claro, en el caso del protagonista, cuando décadas después ya no pueda desarrollar su habilidades en el trabajo, queda cuasi anulado como persona. Una consecuencia esperable de la alienación que provoca el capitalismo.

UN AMOR POSIBLE
Possible Love
/ Ga-neung-han sa-rang. Dirección: Lee Chang-dong. Elenco: Jeon Do-yeon, Sul Kyung-gu, Zo In-sung y Cho Yeo-jeong. Fotografía; Kim Ji-yong. Edición: Kim Da-won. Música: Jung Jaeil. Orogen: Corea del Sur/2026. Duración: 164 minutos.

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