La tercera edición de Fuera de Campo, “una acción política que toma forma de muestra” según define Andrés Medina uno de los organizadores del evento, se realizará entre 5 y el 10 de noviembre en el Teatro Enrique Carreras de la ciudad de Mar del Plata.
Nacido como contracara del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata -de hecho se desarrolla en paralelo al tradicional certamen que este año celebra su 41° edición- con un total de 24 funciones repartidas en cinco días, este año el encuentro autogestivo presenta 43 títulos entre largometrajes, cortometrajes, rescates y proyecciones en 16mm a cargo de Fernando Martín Peña y Carlos Muller, además de charlas para “poner en diálogo la pantalla y el contexto, y plantear preguntas políticas sobre el presente y el futuro”, detallan a través de un comunicado de prensa los organizadores, un aguerrido grupo de unos 20 personas compuesto por cineastas, críticos, productores y gente relacionada al cine desde distintos sectores.

Entre las películas destacadas de la tercera edición de Fuera de Campo se verán el último trabajo de Lisandro Alonso que presenta La libertad doble a 25 años del estreno de ese ovni cinematográfico que se llamó La libertad, con el mismo protagonista, Misael, que ve trastocada su pacífica existencia cuando se tiene que hacer cargo de su hermana.
Otro de los films esperados es Biografía de Jorge Luis Borges, un kilométrico documental, acaso con la pretensión de ser el definitivo, que se asienta en un exhaustivo registro de “los papeles que escribió, de los libros que leyó, de los lugares adonde fue”; también se verá A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, una historia de amor escrita y dirigida por María Aparicio (ganadora del GdA Director’s Award de la Giornate degli Autori del Festival de Venecia) durante la residencia de una beca otorgada por el Museo Reina Sofía que ganó la cineasta cordobesa.
Pedro en el país de María Alché y Benjamín Naishtat, es otra de las películas relevantes de esta edición de la muestra, que reconstruye la vida de Pedro Catella, desde su participación en la resistencia peronista a los 9 años hasta su experiencia como combatiente y tirador de élite en la Sierra del Escambray en Cuba a los 17. El relato se articula a partir de cartas de amor de los años 50 entre Alicia Eguren y John William Cooke; en tanto Familia teme enfrentar una nueva noche de terror de Cristian Ponce (Premio a la Mejor Dirección en Noves Visions del Festival de Sitges), es un artefacto que explora el género del terror a partir de la historia de una familia que habita una casa embrujada que es en realidad un estudio de televisión.

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“La libertad de expresión, el federalismo cinematográfico y la experimentación estética son los valores que Contracampo busca proteger”, decían en 2024 cuando comenzaron. ¿Estas premisas se mantienen en esta, la tercera edición?
Sí, sin duda siguen siendo ejes centrales de la acción. El primer año cuando se aparecía la amenaza muy fuerte de que la producción cinematográfica en Argentina se paralice. De hecho, por un año el Instituto no financió no subsidió películas.
Luego por la fuerza del sector y con mucho sacrificio del cine, se siguió adelante y el Estado lanzó concursos para muy pocas películas, poniendo a los realizadores a competir por un fondo, por un concurso. Y las que terminaron siendo beneficiadas no son las películas más pequeñas, más más marginales, que son las que más necesitan de fomento para la producción y también ventanas de exhibición.
No es casual que Fuera de Campo coincida con el Festival de Mar del Plata. ¿Cuál es el objetivo, qué quieren comunicar en contraposición al festival que organiza e Incaa?
No es casual, efectivamente, que Fuera de Campo coincide con el Festival de Mar del Plata.
Esta nueva dirección el Festival de Mar del Plata no muestra películas que son de producciones más independientes, más pequeñas y en cambio priorizan un enfoque más comercial, industrialista, de alfombra roja y eso de alguna manera es una limitación a la libertad de expresión.
Por eso sin dudas nuestra acción es una respuesta, una confrontación, pero la idea fundamental es seguir convocando a la gente, a los cinéfilos, espectadores que solían ir a otro Festival de Mar del Plata, que sigan yendo, que sigamos encontrándonos ahí, porque el objetivo último de la acción es que el festival y el Instituto vuelva a ser lo que era, un punto de encuentro para el sector audiovisual.
¿Cuál es la mirada que tiene sobre la actual situación del cine argentino con la ofensiva del gobierno que continúa sobre el sector y sobre todo la cultura?
Creo que está claro a esta altura que el ataque que hace este gobierno sobre la cultura tiene como objetivo el diseñar un enemigo interno en la cultura y nos quiere retratar como privilegiados, que usan las arcas del Estado para financiar sus caprichos que no les sirven a nadie.
Y quieren que en el proceso se borren se borre la historia muy rica que tiene el país en la construcción de su propia identidad y su propia memoria, pero sobre todo en la búsqueda de una cultura y unas estéticas muy vibrantes, que siempre nos caracterizaron.
Se trata de herramientas fundamentales que podrían detener este ataque, no solo sobre la cultura, sino la violencia económica que ejerce el gobierno a la sociedad. Entendemos entonces que la cultura ofrece herramientas fundamentales para resistir y nosotros tenemos que ser los primeros los primeros en hacer esfuerzos activos para conservarlas.

¿Cómo evolucionó la muestra desde 2024 hasta esta edición, los realizadores se acercan más, hay un mayor compromiso?
La verdad que es emocionante. El primer año ya tuvimos un gran apoyo y una gran convocatoria, empezando por los realizadores que pusieron a disposición sus películas, retirándolas del festival oficial o acercándolas y convocando a la gente al encuentro en Mar del Plata.
Pero con el tiempo esto solo estuvo creciendo, la gente se acerca más. El teatro Enrique Carreras ya nos queda definitivamente muy chico.
Las entradas se agotan y la gente cada vez más está más pendiente del evento que se replicó en muchas provincias del país porque acercan sus propuestas para hacer la muestra allá también, lo cual nos emociona mucho porque es también en definitiva el objetivo central de Fuera de Campo. Que se puedan ver estas películas, que sigan teniendo una ventana de exhibición digna, que las trate con amor y compromiso con el cine nacional.
Eso es alentador de cara al futuro, que todavía no sabemos cómo va a ser y que luce muy incierto.
¿Cuáles son las actividades más allá de las proyecciones?
Como no somos precisamente un festival, sino una acción política que toma forma de muestra, me parece muy importante tener espacios para el debate y la conversación, que nos encontremos a discutir ideas a imaginar y construir el futuro que queremos.
El año pasado las charlas se hicieron en la librería Pez de Mar del Plata y este año van a haber dos charlas en el mismo espacio, pero también movimos tres charlas centrales al a la sala misma del teatro Enrique Carreras, en un horario más central por la tarde para darle el primer plano que merece el espacio de la discusión.
Porque no se trata solo de ver las películas, sino de discutirlas, de discutir estéticamente y políticamente cómo queremos que sea el cine argentino en los próximos años.

¿Cómo financian la muestra?
La financiamos nosotros mismos, entre los colaboradores, los que organizamos todo el año, ponemos de nuestro propio bolsillo a riesgo un presupuesto que luego recuperamos con la venta de entradas, de bolsas de tela, de remeras y demás artículos que tenemos a la venta.
Es una apuesta que hacemos que nos viene saliendo bien, siempre logramos recuperar.
Nos gustaría que deje de ser así porque eso se suma al tiempo que le damos a la organización, pero como de momento no tenemos mayores sponsors ni ayudas de otro tipo, lo tenemos que financiar así.





