La relación de los argentinos con los habitantes de las Islas Malvinas es compleja y ambivalente. Desde el fin de la guerra en julio de 1982, y tras la herida que más de cuarenta años después sigue abierta, la relación con los llamados Kelpers puede pasar de la indiferencia a la hostilidad, los intentos de seducción (recordar los ositos de peluche que Guido Di Tella les envió en su rol de canciller) o el curiosidad por conocer su perspectiva. El hecho de que estos rechacen absolutamente los reclamos argentinos de soberanía ha sido siempre motivo de un abismo insalvable entre ambos.
Con la idea de explorar y de algún modo salvar ese abismo, Pablo Aparo viajó a las islas para documentar la vida cotidiana y la palabra de quienes viven allí e indagar acerca de los recuerdos de quienes vivieron la guerra y conocer sus opiniones y argumentos. Pero, como a veces sucede, se termina llevando más de lo que buscaba.
Al principio, Aparo se instala en Port Stanley (o Puerto Argentino como lo llamamos aquí) y realiza varias entrevistas con sus habitantes, la mayoría de cierta edad para poder además recoger sus recuerdos de la guerra. Algunos fueron tomados prisioneros, uno perdió un ojo en un bombardeo. Todos cuentan sus actividades diarias en un lugar que se revela plácido, aislado, algo idílico, un poco aburrido, y que, de no ser por el conflicto bélico que lo puso en el mapa, no estaría en la mente de nadie. Todos son muy correctos y amables pero todos dejan su posición bien clara: rechazan por completo la pretensión argentina de soberanía sobre las islas y colocan este tema como un punto insalvable. Esa tensión está siempre presente
Hasta ahí el documental está muy bien llevado, ofrece bellas imágenes y una perspectiva interesante por ser poco conocida. Pero entonces sucede algo que lo hace dar un paso más allá. Aparo quiere conocer a los habitantes de las zonas más apartadas y surge el nombre de Matthew. El problema es que este tiene fama de irascible, hosco y sobre todo hostil a los argentinos. Aparo, con buen sentido para generar suspenso, les pregunta a sus entrevistados del pueblo cómo creen que le iría si trata de entrevistarlo y todos le advierten de los riesgo de intentarlo.
Así, el documental encuentra a su protagonista, o más bien a su co-protagonista, y pega un giro que en cierta medida lo eleva. Matthew vive solo con su novia y su perra, criando ovejas y viviendo de la tierra en una granja en el medio de la nada. Cuando era un bebe, durante la guerra, estuvo prisionero con su familia, que la pasó bastante mal. Al principio la relación es tensa, pero Aparo consigue instalarse allí unos días y con el tiempo se va construyendo entre ambos algo bastante parecido a una amistad.
Lo interesante es que ninguno de los dos resigna sus posiciones. Matthew insiste en que para que pueda existir un diálogo entre los argentinos y los isleños los primeros deberían renunciar a los reclamos sobre la soberanía sobre las islas. Aparo, quien aparece casi todo el tiempo fuera de cuadro con su voz en off, no solo no transa en esto sino que le aclara que eso nunca va a pasar y hasta le echa en cara el carácter colonial del Reino Unido. Y además prueba que esa imposibilidad no es tan así, ya que en medio de sus diferencias, las peleas y las chicanas, también aparecen los gestos de empatía, de acercamiento genuino, de solidaridad entre presuntos enemigos.
En cierto punto el documental se vuelve una buddy movie, una película sobre la amistad, una de las más improbables y, por eso mismo, un milagro de esos que a veces suceden en el cine.
LOS VENCEDORES – Competencia Oficial Internacional
De Pablo Aparo (Argentina, 2026. 96 minutos)
Puede verse el viernes 17 a las 21:25 en el Cine Teatro Alvear; el domingo 19 a las 19:30 en Cinépolis Recoleta Sala 3 y el martes 21 a las 11:50 en Cinépolis Recoleta Sala 3.





