Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó con la derrota definitiva del eje la alianza que tenía como principales miembros a Alemania, Japón e Italia), se plantearon varias preguntas ante una Alemania vencida. Entre ellas, qué hacer con los líderes vencidos ante la evidencia de crímenes cometidos que no tenían antecedentes. Para ello hacía falta construir un instrumento que tampoco tenía antecedentes: un tribunal internacional que juzgue públicamente a los 22 principales líderes nazis sobrevivientes. 

Ese es el marco histórico en que se presenta Nuremberg, el juicio del siglo, aunque haciendo foco en un episodio lateral al mismo proceso. Basado en el libro “El nazi y el psiquiatra» de Jack El-Haique, el film  cuenta la historia de la relación entre el más importante de los líderes detenidos, Hermann Göring (Russel Crowe), segundo al mando de Hitler y siguiente en la línea sucesoria, y el psiquiatra Douglas Kelly (Rami Malek), comisionado por el ejército norteamericano para evaluar la salud mental de los acusados.

Los aspectos más ostensiblemente dramáticos del film están en esa relación profesional algo equívoca entre Kelly y Göring, donde el primero cree estar simplemente extrayendo del acusado información valiosa para el juicio y, ya que estamos, para su futura gloria en forma de libro. Convencido como está de su progreso, el psiquiatra cree estar en control mientras se va  involucrando bastante más de lo recomendable y se van corriendo cada vez más los límites razonables del vínculo médico-paciente. Mientras tanto, el paciente (en más de un sentido) ve esa relación también en términos utilitarios y sigue su propia estrategia. Aun así, ambos juegan a sostener una suerte de amistad que tampoco es tan impostada. 

En el duelo de esos personajes, cuya relación se parece más bien a un juego de poder y control, son fundamentales los diálogos que aportan nervio y tensión. Lo son también en el último tramo, cuando el film se transforma ya abiertamente en una película de juicio tradicional, con el estrado como escenario. En esta parte los interrogatorios del fiscal Robert H. Jackson (Michael Shannon) a Göring tanto como su primera declaración, son tomadas textuales de los archivos del juicio original. 

En el juego actoral del trío protagónico destaca sobre todo Russell Crowe que no necesita demasiado para darle carnadura a un Göring medido, calculador y narcisista (así lo califica el informe psiquiátrico). Michael Shannon es sobrio y eficiente como el fiscal y principal responsable político del proceso, y Rami Malek es de a ratos convincente en su rol de psiquiatra algo confundido, cuando no se deja llevar por la gesticulación.  

Pero lo más interesante del film viene de la trama política, lo que se podría llamar la preproducción y el backstage del juicio: las negociaciones, los acuerdos, los aprietes, toda la estrategia que hace que ese proceso inédito sea posible, sabiendo que lo que se juega es más que la culpabilidad de los acusados y hasta sus propias vidas o muertes. Los responsables son conscientes de que exponer a esos hombres ante un tribunal, dar a conocer públicamente lo que hicieron y sancionarlos por ello es una forma de darle un cierre real al conflicto, así como asegurarse, de algún modo, que tales hechos no vuelvan a producirse. Un fracaso en esta misión es algo más catastrófico que un revés judicial. 

Ese papel de armador y negociador recae principalmente en Jackson, que debe conseguir consensos, lograr alianzas y, a veces, acudir a métodos discutibles. Esto último es lo que sucede cuando debe obtener el apoyo de Pio XII, y se retira con el el curioso galardón de haber “extorsionado al Papa”.

El juicio de Nuremberg, por su falta de antecedentes, por su magnitud y trascendencia, por su carácter pionero, trazó el mapa de todos los procesos por crímenes de guerra o delitos de lesa humanidad que vendrían después. Nuremberg, el juicio del siglo, de manera inversa, viene con una larga tradición detrás de películas de juicio, de procesos filmados reales o ficticios. Ese mapa ya fue trazado y la película no se aparta demasiado de él. 

La realización no es particularmente innovadora o imaginativa ni hay demasiados juegos formales. El despliegue se centra en la reconstrucción. El realizador y también guionista James Vanderbilt entrega una puesta funcional que se limita a acompañar. Como en muchas películas que tocan temas graves o trascendentes, este confía más en el peso del tema y la historia que en una puesta de escena elaborada o virtuosa. Y esa decisión le funciona, porque el material de base es suficiente para mantener el interés. 

Se trata de un relato medido en su mayor parte, sobrio en su exposición. Hay un solo momento en que acude al impacto. Es un momento efectivamente sucedido en el juicio, cuando se proyectó a todos los presentes Nazi Concentration Camps, un clásico documento fílmico dirigido por George Stevens (el mismo de Shane o Gigante) que dio a conocer por primera vez las atrocidades de los campos de concentracion. Las imágenes, que además nunca habían sido vistas hasta ese momento, tomaron de sorpresa y horrorizaron a los asistentes, e incluso hoy, después de haber circulado por 80 años desde entonces, son difíciles de ver. 

Al comienzo Kelly trabaja con una noción un poco esotérica del Mal para luego darse cuenta que las explicaciones no son tan cómodas. La idea final es que los nazis, los criminales de guerra o la sociedad alemana que los puso en el poder, no son monstruos, no son extraordinarios, no son anomalías, sino que ese aspecto siniestro de odio y deshumanización, también es parte de la condición humana y que esas tragedias pueden repetirse en otro tiempo y lugar. Lo cual abre la puerta para considerar todos los paralelos posibles con hechos sucedidos después (recordando, por ejemplo, que en este país se están cumpliendo 50 años del golpe militar) y también, por supuesto, con la realidad actual.  

NUREMBERG: EL JUICIO DEL SIGLO
Nuremberg. Dirección:  James Vanderbilt. Intérpretes: Rami Malek, Russell Crowe, Michael Shannon, Leo Woodall, John Slattery, Marck O’Brien, Richard E. Grant. Guión: James Vanderbilt sobre el libro de Jack El-Hai. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Brian Tyler. Edición: Tom Eagles. Diseño de Producción: Eve Stewart. Origen: Estados Unidos. Duración: 148 minutos.

Compartir