¿Qué pasa si se toma el relato clásico de “La Cenicienta” y en lugar de contarlo desde el punto de vista de la heroína se cuenta desde la hermana rechazada por el príncipe la noche de la famosa fiesta? La directora noruega Emilie Blichfeldt puso manos a la obra con esa hipótesis para brindar una versión retorcida y siniestra del cuento de hadas que durante años se conoció desde la mirada hegemónica tradicional.

Rebekka (Ane Dahl Torp) es una viuda con dos hijas que se casa con un señor bastante mayor -los dos viudos deciden casarse por razones monetarias- que tiene una hija. El asunto es que en la misma noche del casamiento el señor se muere y así Rebekka descubre que el que iba a ser su marido en realidad era un seco. A partir de ese momento todo lo que Rebekka intenta es colocar a una de sus hijas con el Príncipe Julian (Isac Calmroth), que convoca a una fiesta en el palacio donde va a elegir a su esposa. Elvira (Lea Myren), es la hija elegida y si bien tiene algunos inconvenientes estéticos no se puede decir que sea horrible pero en comparación con Agnes (Thea Sofie Loch Næss), la bella Cenicienta, la hija del muerto lleva las de perder.

Lo cierto es que sin embargo empieza a ser tuneada por su madre y un cirujano estético que por supuesto, sin anestesia re realiza una cirugía para cambiarle la nariz con un martillo y un cincel.

Mientras Elvira se somete a todo lo que la estética de la época propone para alcanzar una belleza deseable, Cenicienta es humillada por su madrastra pero a cambio de ese sufrimiento se dedica a retozar en el establo con un mozo de cuadra que le arrastra el ala y otras cosas.

“Nos embellecemos por afuera para que el exterior coincida con nuestro interior”, le dice Rebekka a Elvira que por su cuenta se traga una Taenia saginata para poder comer todo lo que quiera mientras el parásito la mantiene delgada.

Mientras tanto nos enteramos que el adorado príncipe del reinado es un machista despreciable, que le gusta la caza y que se dedica a denigrar al resto de la humanidad, más o menos lo uno imagina de un príncipe salvo Disney, que se los imagina apolíneos y azules (los príncipes de Disney eran cianóticos o pitufos).

Cuando llega el momento de la fiesta, Elvira está lista para impactar al príncipe después de los tratamientos estéticos y de una temporada con una profesora de modales y danza, en donde fue aceptada porque Erikka pagó la inclusión de su hija en el grupo selecto de las jóvenes del reinado.

El baile entonces es algo más que una fiesta para que el príncipe elija a su consorte porque en la práctica funciona como una especie de subasta en la que los millonarios y los nobles pueden lanzarse sobre las chicas de sociedad babeándose por ellas y toqueteándolas para comprobar la “calidad de la mercadería”. Lo cierto es que el príncipe elije a Elvira pero en lo mejor del baile aparece una extraña con un velo en la cara, que claro, conquista al príncipe.

Ni falta hace aclarar que la desconocida es la mismísima Cenicienta. Elvira entra en crisis, la madre le dice que se comporte, que hay otros candidatos viejos y libidinosos pero millonarios. Lo que sigue es el incidente del zapato y es el momento en donde la película alcanza su máximo grado de horror y degradación.

La hermanastra fue de lo mejor de 2025 pero su paso por los cines fue algo fugaz, así que tiene una merecida segunda oportunidad en la plataforma MUBI.

LA HERMANASTRA FEAThe Ugly Stepsister. Guion y dirección: Emilie Blichfeldt. Elenco: Lea Myren, Ane Dahl Torp, Thea Sofie Loch Næss, Flo Fagerli, Isac Calmroth, Malte Gårdinger, Ralph Carlsson, Isac Aspberg, Albin Weidenbladh, Oksana Czerkaszyna, Katarzyna Herman, Adam Lundgren, Willy Ramnek Petri, Cecilia Forss, Kyrre Hellum, Agnieszka Żulewska, Staffan Kolhammar y Philip Lenkovsky. Fotografía: Marcel Zyskind. Edición: Olivia Neergaard-Holm. Música: Vilde Tuv y Kaada. Origen: Noruega-Dinamarca-Rumania-Polonia/2025). Distribuidora: BF París. Duración: 105 minutos.

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