Mariana Enriquez ocupa un lugar particular en la literatura argentina e iberoamericana. Un lugar de celebridad, casi de estrella de rock, cuyos lectores además son fans. Con su popularidad creciendo exponencialmente su encuentro con el mundo audiovisual era inevitable. Sin embargo, La virgen de la tosquera no es la única adaptación de su obra. Ahí está la muy poco vista Bajar es lo peor (2002), de Leyla Grunberg, basada en la primera novela. Y también hay adaptaciones en curso, como la anunciada película sobre “Las cosas que perdimos en el fuego” dirigida por Prano Bailey-Bond, directora de Censor (2021), o la serie Mis muertos tristes, cuyo estreno Netflix anuncia para este año.
Pero esta película, dirigida por Laura Casabe, sí es la primera que se estrena comercialmente basada en los trabajos de Enriquez. Basado en dos de sus cuentos: “La virgen de la tosquera” y “El carrito”, ambos pertenecientes al libro “Los peligros de fumar en la cama”, viene de un exitoso paso por festivales como Sundance y Sitges y de hacerse con el Gran Premio de la Competencia Argentina en el último Bafici
La acción transcurre durante el verano del 2001. Al mismo tiempo que el país cae en una brutal crisis económica y social, tres adolescentes, Natalia (Dolores Oliverio), Josefina (Isabel Bracamonte) y Mariela (Candela Flores), pertenecientes a una clase media en caída (como gran parte de esa clase en ese momento), viven en un barrio del conurbano bonaerense. A las tres les gusta Diego (Agustin Sosa), un amigo de la infancia, aunque es Natalia la que está verdaderamente enamorada.
Pero ahí aparece, para aguar la fiesta y romper el equilibrio, Silvia (Fernanda Echevarria), una chica mucho mayor, que va seduciendo a Diego. Silvia no solo es mayor sino que presume de ser más mundana, alardeando de viajes, conocimientos y contactos. Aunque, como Natalia empezará a sospechar, esa personalidad experimentada se parece bastante a una impostura. Lógicamente la intrusa se gana la antipatía de Natalia, quien vive con su abuela Rita (Luisa Merelas), una mujer con conocimientos de rituales y trabajos sobrenaturales. En medio de ese cúmulo de situaciones desgraciadas que tiene de fondo el estallido social a punto caramelo, Natalia va acumulando frustraciones, humillaciones y rabia. Y también empieza a ser consciente de la oscuridad que la rodea y de la que está dentro de ella misma.
Se trata del tercer largometraje como directora de Laura Casabe quien ya viene labrandose un lugar en el cine de terror local con La valija de Benavidez (2016) y Los que vuelven (2019). El guión es de Benjamin Naishtat a quien muchos conocen por Puan (2023) codirigida junta a Maria Ache, pero ha probado que los climas ominosos le sientan bien en Rojo (2018) y sobre todo en Historia del miedo (2014), aún sin ser estas películas estrictamente de terror.
El film está ambientado en un verano fatal, para los protagonistas pero también socialmente. Un verano que arde, por el calor, por un país en llamas y, más adentro en el barrio, por resentimientos y fuerzas oscuras que entran en ebullición. El film hace un muy buen retrato de ese momento histórico, por los elementos distintivos como las noticias de la crisis, los programas de TV como el de Susana Gimenez que ofrecían un escape y la promesa de salvarse, los cibercafés donde se socializaba on line, el rock nacional (Las Pelotas, Horcas) y los cortes constantes de agua y energía.
Pero también lo que retrata muy bien es el clima mental de la época, cada vez más enrarecido, con un malestar creciente y con la violencia lista a estallar por una chispa que puede ser el motivo más trivial. Para ello también introduce la trama del carrito de un cartonero que tras ser apaleado por un vecino parece dejar una maldición en la cuadra. Se inicia así un estado agobiante de paranoia suburbana en un barrio habitado por una clase media venida a menos que ve cómo todo se le viene abajo, que mantiene sus pretensiones y también sus prejuicios y odios de clase, aferrándose desesperadamente a marcar la diferencia con una clase baja que ya se cayó completamente del sistema y que se les planta como el fantasma de lo que ellos tambien podrian ser.
Casabe vuelve a explorar la posibilidades para el terror de las creencias populares locales, como en Los que vuelven, y aquí hace uso de una manera muy interesante de un imaginario de terror local, el de una religiosidad popular que combina el santoral catolico con creencias nativas, supersticiones, brujerías y rituales mezclados en un sincretismo muy libre pero que los amalgama para construir un sistema poderoso y temible. Una mitología por derecho propio que Enríquez exploró bastante en su literatura y la realizadora retrata en todo su oscuro magnetismo
Ese sincretismo de creencias también se replica de algún modo en un sincretismo de géneros, donde conviven el terror, el coming of age, la comedia negra, el drama social y el fresco de época. En esa mezcla pasa a toma protagonismo la exploración de la sexualidad adolescente y la frustración e inadecuación que también la acompañan. Hay un crescendo de tensión que Casabe va suministrando y administrando en ese caldero en ebullición que es su protagonista y lo va liberando con estallidos de violencia, a veces absurdos y arbitrarios que en ese contexto son muy verosímiles. Y hay también un gran manejo del humor, que se expresa en observaciones precisas, momentos de incomodidad y diálogos filosos que alivian (solo) un poco la tensión
Con un gran casting donde se destacan y brillan la protagonista y sus dos amigas, La virgen de la tosquera es un film que claramente le hace justicia al universo de Enriquez y, como fue en su momento Cuando acecha la maldad (2023), es un muy buen exponente de un cine de terror argentino con identidad propia y proyección internacional. Con esta obra Laura Casabe viene a ocupar con derecho su lugar entre los referentes del género local.
LA VIRGEN DE LA TOSQUERA
Dirección: Laura Casabe. Intérpretes: Dolores Oliverio, Fernanda Echevarría, Luisa Merelas, Agustín Sosa, Isabel Bracamonte, Candela Flores, Víctor López, Dady Brieva. Guión: Benjamín Naishtat, sobre cuentos de Mariana Enriquez. Fotografìa: Diego Tenorio. Música: Pedro Onetto, Fabián Aranda. Edición: Miguel Schverdfinger, Ana Remón. Dirección de Arte: Soledad Guerrero. Origen: Argentina, México, España. Duración: 96 minutos.






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