“La batalla cultural en el terreno del cine no es económica. Es mentira que los niños pobres del Chaco van a comer más o menos según se haga mayor o menor cantidad de películas. Lo que sí van a lograr es invisibilizar seguramente a los niños pobres del Chaco y mucho más si sus papás se organizan para pelear. Eso es lo que buscan. En definitiva, no ahorrar plata, sino destruir toda posibilidad de que el pueblo argentino construya su propia imagen”, postula Fernando Krichmar, un referente del cine documental y político nacional que en el marco de la Muestra de Cine Documental DOCA que se realizará entre el 19 y el 31 de agosto, estará presentando el jueves Elogio de la rebelión – Cine y Contrainformación en las luchas populares.
El filme pone en superficie la tradición militante del cine argentino recogiendo en su disciplina el trabajo de investigación del libro del mismo título coeditado el año pasado entre DOCA (Documentalistas de Argentina) y la Universidad Nacional de Luján que compiló Juan Mascaró.
Y recogiendo el legado de Fernando Birri y de otros próceres del documental testimonial y valiente como Raymundo Gleyzer y Fernando “Pino” Solanas, por citar apenas un par, regala una panorámica contemporánea que se inicia con el llamado “Cine piquetero” de finales de los 90 y en ella reúne testimonios de quienes fueron parte de colectivos entre los que se contaron Boedo Films, Wayruro, Alavío, Contraimagen, Primero de mayo, Cine Insurgente, Ojo Izquierdo, Ojo obrero, Venteveo Video, Argentina Arde, Mascaró Cine Americano, Kino Nuestra Lucha, Documenta, Utopía TV y Barricada TV.

Elogio de la rebelión se proyectará el jueves 21 a las 19 en el Gaumont como parte de la 16º Muestra de Cine Documental de DOCA, que implica para su director “dar cuenta de una historia acerca de cómo el cine documental argentino está relacionado con las luchas populares y mostrar de qué lado está y sobre qué tipo de cosas plantea una mirada profunda con intenciones de generar hechos en la realidad”.
En conversación con Reencuadre, Krichmar apunta que “aquel impulso de las luchas populares tuvo que ver con la lucha de los propios documentalistas por organizarse, reclamar que la Ley de Cine realmente nos reconociera y lograr que se financien más de 100 documentales al año con pequeñísimos pero significativos aportes del Incaa que generaron una gran posibilidad de diversificación de las temáticas y del tratamiento, además de lograr, en la medida en que se profesionalizó el trabajo, mayor espesor narrativo y mayor independencia”.
¿Qué desafíos enfrenta este cine ante el desguace del Incaa y la actual subjetividad social que ungió a Milei en el gobierno?
Teniendo claro que hay una intención de destrucción del Estado por parte de esta administración en una operación que no solo es económica, sino fundamentalmente simbólica y política, el reto que tenemos los documentalistas en este momento es seguir organizados, seguir atentos, seguir peleando por la existencia de los fondos estatales para el fomento del cine, unos fondos que vienen además de la propia industria audiovisual.





