Abordar un personaje notable conlleva el riesgo de la mera exaltación y hacerlo a partir de una serie de doumentos propios e íntimos puede forzar a un recorte que subraye solamente hitos y hallazgos, pero Atahualpa Yupanqui, un trashumante, de Federico Randazzo Abad, consigue construir un retrato capaz de abrazar la complejidad humana de un artista genial.
Fue el encargo que Roberto “Coya” Chavero (único hijo que el artista criollo tuvo con la pianista y compositora francesa Antonietta Paule Pepin Fitzpatrick) le hiciera al cineasta para digitalizar archivos familiares, el que motorizó la posibilidad de armar el rompecabezas que conlleva la cosmovisión encarnada por Atahualpa Yupanqui.
Y con esmero y seriedad, quizá rindiendo secreto homenaje a los modos artísticos que Yupanqui asumió tanto en la música como en la poesía y el ensayo, el documental que el realizador escribió junto a Fernando Krapp y Germán Sarsotti logra trazar esos andares vitales y creativos.
Allí se van mostrando los pasos del músico, poeta y escritor que nacido el 31 de enero de 1908 en un paraje del partido bonaerense de Pergamino bajo el nombre de Héctor Roberto Chavero, decidió reinventarse como Atahualpa Yupanqui atribuyéndose sangre inca y se largó a caminar entre la Argentina profunda, Europa y Japón surcando saberes, amores, exilios, reconocimientos y grandes escenarios.
En pasajes del documental el autor de gemas de la cultura nacional como «El arriero», «Los ejes de mi carreta» y «Le tengo rabia al silencio» (por citar apenas tres) dice en primera persona: “Trashumante es el que deja atrás el humo de su casa. Ese humo es el que lo persigue a uno y es el creador de las primeras nostalgias del hombre”, luego cita a un cacique quechua y postula: “El hombre es tierra que anda” y más tarde al entonar las “Coplas de baguala del Valle Clachaquí” canta: “Con mi caballo y mi lazo, paso la vida tranquilo/Tengo un letrero en la frente ‘No me vendo ni me alquilo’”.
Para dar forma a esa existencia también atravesada por disputas estéticas, personales y políticas, se añaden testimonios valiosos como el de Sergio Pujol (autor de la valiosa biografía “La dimensión política del folclore”) cuya voz ordena el recorrido, Isabel Aretz, Fabiola Orquera, Jacqueline Rossi, Patrick Clonrozier, Jean-Marc Gardeux, Jiro Hamada y el periodista y escritor Schubert Flores Vasella quien se centra en su espinosa relación con el peronismo que le valió cárcel, censura, torturas y prohibiciones hasta arrancarle la afiliación al Partido Comunista y así provocar la reacción de la prensa partidaria que se plasmó en un crítico artículo rematado con las siglas “¡QEPD!” que lo dio por muerto en 1953.
El filme que hasta el miércoles 9 tendrá funciones a las 16, 17.50 y 22 en el Cine Gaumont se inscribe con pulso propio en el análisis de una figura fascinante (tal como el año pasado pudo leerse en el libro “La flecha ya está en el aire”, del poeta y ensayista Alejandro Gómez Monzón) y convida con más elementos a la posibilidad de abismarse en una obra monumental con 325 canciones registradas y escritos literarios y poéticos que creó hasta su muerte, el 23 de mayo de 1992 en Nimes, Francia.
ATAHUALPA YUPANQUI, UN TRASHUMANTE
Atahualpa Yupanqui, un trashumante. Dirección: Federico Randazzo Abad. Guion: Federico Randazzo Abad, Fernando Krapp, Germán Sarsotti. Testimonios: Atahualpa Yupanqui, Antonietta “Nenette” Pepin Fitzpatrick, Isabel Aretz, Sergio Pujol, Roberto “Coya” Chavero, Schubert Flores Vasella, Fabiola Orquera, Jacqueline Rossi, Patrick Clonrozier, Jean-Marc Gardeux y Jiro Hamada. Cámara y dirección de Fotografía: Diego Poleri, Gabriel Alijo, Darío Mascambrone, Connie Martin, Hiroshi Moriya. Origen: Argentina, 2024. Duración: 91 minutos.





