La pregunta por la efectividad del tratamiento es algo que siempre se le presentó a Sigmund Freud, señalado como padre del método psicoanalítico, quien intentó dar respuestas a lo largo de toda su obra. Esa misma pregunta parece ser la que aqueja a Ulises Veron (Ricardo Darin), psicoanalista de una carrera que se diría exitosa y reconocida por sus pares pero que él no ve tan así. Es una pregunta que se le hace más apremiante tras la muerte de un colega y paciente que le hace cuestionarse acerca de si pudo haber hecho algo para evitarlo, dudas que verbaliza en un discurso donde rechaza un premio frente a un nutrido auditorio.
Motivado por este sentimiento que tiene algo de duda, algo de urgencia y algo de culpa, Verón prueba nuevas metodologías nada ortodoxas que apuntan a una mayor rapidez y eficacia, intervenciones que hace sobre sus pacientes que son acciones directas destinadas a conseguir un resultado inmediato, como llevar a una engañada a un encuentro con la madre que no se anima a enfrentar o extorsionar al marido adúltero para que termine la relación que la esposa y paciente es incapaz de concluir. Y las cosas le parecen funcionar al principio.
Es cuando está en medio de esta búsqueda que viene a consultarlo Martin Bouchard (Diego Peretti), un escritor famoso, exitoso y algo pomposo. Bouchard está sufriendo un bloqueo creativo que ya no puede quebrar ni con el alcohol al que usa como combustible para inspirarse y que, ya no solo no le funciona, sino que se le volvió un problema adicional. Verón le propone atenderlo con un método no convencional que el escritor, intrigado, acepta. Pero, a la vez, sin que este lo sepa, empieza a desplegar una intervención paralela bastante arriesgada.
Lo dejamos acá, es una película de claro corte industrial producida por Kenya Films y estrenada en Netflix. Los responsables creativos cuentan con experiencia en este tipo de producciones. El director Hernán Goldfrid debutó en el largometraje con la comedia Música en espera (2009), protagonizada por Peretti, y siguió con el thriller Tesis para un homicidio (2013), protagonizado por Darín. Goldfrid no sólo reúne aquí a los dos protagonistas de sus dos películas anteriores sino también amalgama en un único relato los dos géneros que exploró en ambas producciones por separado.
El aspecto de comedia aquí está en la serie de enredos, malentendidos, secretos y situaciones incómodas generadas por el psicólogo y su particular método. Y sobre todo en los diálogos afilados y en el duelo de personalidades entre ambos protagonistas.
Hay una trama principal, la que sigue el caso de Bouchard, y la de otros casos en simultáneo. Se trata de otros pacientes con los que Verón también experimenta, como los que interpretan Inés Efron o Patricia Echegoyen, que le dan un poco de aire al relato y que van a ir confluyendo más cerca del final, no porque los casos se relacionen entre sí sino para convertirse en la prueba de hasta donde llegan los métodos novedosos de su analista.
Y también está la relación de Veron con su hija Paula (Antonia Bengoechea), que trabaja como su secretaria y que sirve de contrapunto al entusiasmo intervencionista de su padre al que cuestiona en varias ocasiones.
Goldfrid plantea a su vez un tono de suspenso interesante en el que surge como referente inmediato el nombre de Alfred Hitchcock, maestro absoluto del género. Algo que se nota por ejemplo en la música de Roque Baños que parece referenciar a las bandas sonoras que compuso Bernard Hermann para el maestro inglés, sobre todo en Vértigo (1958) y también por momentos que remiten a La ventana indiscreta (1954).
La dupla de Darin y Peretti es probablemente una de las más convocantes del cine argentino ya que ambos por separado están en la cima del más bien escaso Star System local. Una dupla con una química ya probada anteriormente en films como La señal (2007) que a la vez fue el debut y por ahora despedida de Darín en la dirección. Ambos, son en gran medida, responsables de que la trama funcione.
Verón se hace las misma preguntas que Freud pero encuentra respuestas distintas que el analista vienés sin duda no hubiese aprobado. El film arranca planteando a través de su protagonista ciertas ideas acerca del rol del psicólogo, su grado de involucramiento, lo que este llama “meter los pies en el barro”. Si al principio su nueva metodología parece dar resultados, después se le van revelando las fallas, los fracasos, los daños colaterales y obviamente los reproches.
Al fin y al cabo, lo que hace el protagonista detrás de la fachada de involucramiento es una invasión a la intimidad bastante más siniestra de lo que el tono mismo del relato haría suponer. Y cuando aparecen los resultados, con ellos empiezan (incluso antes) a aparecer las preguntas acerca de la ética, acerca de en qué medida este profesional tiene derecho a meterse sin permiso, a imponer, a sugestionar o manipular. Son preguntas interesantes pero que los autores prefieren apenas sugerir y luego abandonar.
El film se presenta como una comedia que, de manera progresiva, va tomando formas del film de suspenso hasta que, en cierto momento, se produce un hecho grave y esa progresión se abandona para pegar un volantazo brusco. A partir de ahí el film se va por un carril que parece más un salirse de pista que un desarrollo natural de la trama. Hacia el final se recupera el tono de comedia pura de una manera bastante descolgada donde, más allá de la reunión de estrellas que se da, y que no vamos a adelantar aquí, la sensación que queda es la de un vía sin salida que no se supo muy bien cómo resolver.
LO DEJAMOS ACÁ
Dirección: Hernán Goldfrid. Intérpretes: Ricardo Darín, Diego Peretti, Antonia Bengoechea, Inés Efrón, Andrea Politti, Patricia Echegoyen. Guión: Emanuel Diez. Fotografía: Rodrigo Pulpeiro. Música: Roque Baños. Edición: Andrés Quaranta. Dirección de Arte: Daniel Gimelberg. Producción: Chino Darín, Ricardo Darín, Federico Posternak. Origen: Argentina/ 2026. Duración: 98 minutos.





