El 8 de febrero de 1977, los habitantes de la ciudad de Indianápolis, en el estado de Indiana, se encontraron en los medios con una noticia que los conmocionó: Tony Kritisis, un emprendedor local, había entrado con una cita a las oficinas de Meridian Mortgage, una entidad financiera que lo había acorralado con una hipoteca y que ahora le reclamaba los pagos amenazando con dejarlo en la ruina. La cita era supuestamente para negociar las condiciones de pago.

Pero en su lugar, lo que hizo Kritisis fue secuestrar a Richard Hall, el hijo del dueño de la financiera (que no se encontraba en el lugar y era su objetivo primigenio), atarle el cuello a un rifle con un cable, de manera que si este intentaba zafarse y huir el arma se dispararía, y llevárselo a su casa para reclamar cobertura mediática, compensación económica, inmunidad penal y, sobre todo, un pedido de disculpas por parte de M.L. Hall, padre de Richard, y principal responsable según Tony. El lugar fue sitiado por la policía y los medios y el caso tuvo un impacto inmediato que saltó también a los medios nacionales.    

La historia inspiró un documental: Dead Man’s Line de 2018 (que puede verse en Youtube aunque sin subtítulos) y este a su vez inspiró el guión escrito por Austin Kolodney para adaptar el caso a la ficción. La historia era bastante atractiva y prometedora, pero la preproducción tuvo sus sobresaltos. En principio estaba pensada para que la dirija Werner Herzog y la protagonice Nicholas Cage, pero el compromiso con esta dupla de director e intérprete, la misma de Un maldito policía en Nueva Orleans (2009), se cayó por problemas de agenda. Es entonces que Gus Van Sant tomó la posta en la dirección y el papel de Kritisis fue a parar a Bill Skarsgård.

La elección de Gus Van Sant fue efectiva, por lo menos en términos artísticos. Con una filmografía bastante ecléctica, el realizador vuelve a contar una historia basada en hechos reales, como lo hizo en Last Days de 2005 (sobre los días previos a la muerte de Kurt Cobain), en Milk de 2008 (sobre la vida de Harvey Milk, el primer homosexual reconocido en acceder a un cargo público en Estados Unidos), o en No te preocupes no irá lejos (sobre el humorista John Callahan).

Y para contar una historia sucedida en los 70, Van Sant se deja llevar por la influencia del cine de aquellos años, en particular el de Sidney Lumet y en particular de Tarde de perros (1975), donde además ahora tenemos la presencia de su protagonista, Al Pacino, esta vez jugando del otro lado del mostrador, como villano empresarial, el desagradable y despectivo dueño de la entidad financiera, que no es capaz siquiera de fingir una disculpa aún con su hijo en peligro. 

Esta influencia setentera está la impecable reconstrucción, en la estética, la imagen, los colores o en la música que va de Roberta Flack a Barry White, de Donna Summer a Yes. Una puesta en escena que refiere en buena medida al New Hollywood de los 70, el interesado en el realismo, los vericuetos de la política y la denuncia de las fracturas y miserias de su país, sobre todo el de Lumet pero también el de Alan Pakula o Sydney Pollack. En esta puesta se destacan, además de la textura, el uso de fotos en blanco y negro, imagenes de video, fragmentos de archivo original y el uso de recursos propios del cine de la época con el zoom a la cabeza. 

Se trata de un relato nervioso, acotado en el tiempo, cuya acción se desarrolla en un par de días y principalmente en una locación. Sin embargo, hay varios espacios periféricos que se abren y reaccionan a lo que allí va pasando. Y también hay varias situaciones y líneas que corren paralelas al episodio principal, con sus propios protagonistas. La de la radio con su DJ estrella (Colman Domingo, quien vuelve a hacer gala de su voz relajante y aterciopelada como en El día de la revelación), y el de la transmisión televisiva con su notera con ambiciones (Myha’la Herrold) que ve en esta cobertura la oportunidad de hacerse un nombre. Estas líneas son las que además dan cuenta del papel, cada vez más importante para ese entonces, de los medios y de la opinión pública.

La negociación es un thriller tenso, con un protagonista con el que uno simpatiza por su situación de víctima de un sistema injusto, de hombre común acosado por los poderosos que reacciona y devuelve el golpe reclamando algo de dignidad. Sin embargo, esa empatía es hábilmente matizada. Por varios momentos su actitud es errática y produce bastante incomodidad. La identificación funciona pero no es total.

Es contrafáctico imaginar cómo habrá sido el papel en mando de Nicolas Cage, pero la interpretación encendida de Bill Skarsgård es muy convincente y no se queda atrás en términos de intensidad, mientras que Dacre Montgomery a quienes algunos recordarán (si es que son capaces de reconocerlo) por el papel de Billy en Stranger Things, se mueve en la ambigüedad entre su papel de víctima y su origen privilegiado. Como en No te preocupes… Van Sant no apuesta tanto al parecido físico con los personajes originales sino a captar cierta esencia. En el caso de Tony, la condición desesperada, acorralada, de alguien que está dispuesto a todo porque ya no tiene nada que perder.  

Con una historia de base así, está servida la crítica anticapitalista y la denuncia al carácter ilusorio del sueño americano. Y Van Sant, por supuesto, va a por ello. Lo interesante es que se hace a través de alguien que se identifica con ese mito, que se comporta según esos valores, y que termina siendo aplastado por el mismo sistema que lo inspira. 

Aunque por momentos se sienta que algo de justicia, aunque sea poética, se produce, sobre todo por el apoyo que Tony obtiene de la gente común cuando su historia se transmite a lo largo del país, el regusto amargo persiste, porque la impresión inevitable es que hay algo en este caso que no es un accidente ni una anomalía sino que es estructural. Al fin y al cabo, quizás el mayor error que su protagonista cometió no fue aquel que lo convirtió en noticia, sino el haber creído con total convicción en un sistema que claramente está hecho para beneficiar a sus verdugos y no a las personas como él. 

LA NEGOCIACIÓN
Dead Man’s Wire. Dirección: Gus Van Sant. Intérpretes: Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Cary Elwes, Myha’la Herrold, Colman Doming, Al Pacino. Guión: Austin Kolodney. Fotografía: Arnaud Potier. Música: Danny Elfman. Edición: Saar Klein. Diseño de Producción: Stefan Dechant. Origen: Estados Unidos. Duración: 104 minutos.

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