El término Lyncheano es algo que cualquier cinéfilo ha escuchado y más o menos sabe de qué se trata. Referido obviamente a la obra del querido David Lynch, hace referencia a una atmósfera, un clima de extrañeza, de realidad alterada, de escenarios cotidianos y hasta prosaicos oscurecidos por algo del orden de los maligno y perverso, con elementos surrealistas, de terror y de retorcido humor. El término, que hasta fue reconocido e incorporado en 2018 por el diccionario de Oxford, ha sido aplicado a varios films con mayor o menor justicia. 

Uno de los últimos exponentes en recibir el mote es Lo que mata, tercera película del realizador iraní Alireza Khatami. Una coproducción turco-canadiense, que ganó el premio como mejor película canadiense en el Festival de Vancouver y fue seleccionada como representante canadiense ante los premios Oscar, si bien está realizada íntegramente en Turquía, en idioma y con actores turcos. 

Sin embargo, para quien arranca a ver el film con esta única información, y después de pasado un buen tramo, es probable que empiece a preguntarse qué estuvieron viendo quienes reparten adjetivos en apariencia tan caprichosamente. A ese espectador hipotético habría que pedirle solo un poco de paciencia. Porque va a llegar un momento, ya bastante avanzado el relato, en que lo Lyncheano haga su misteriosa aparición

El protagonista del film es Ali (Ekin Koç) un profesor universitario turco que vuelve a trabajar a su país después de haber pasado unos años en los Estados Unidos. Ali está casado con Hazar (Hazar Ergüçlü) con quien viene hace tiempo tratando de tener hijos. Una esperanza que de algún modo se rompe cuando Ali recibe los desalentadores resultados de sus pruebas de esperma, algo que no le comunica a su esposa.  

Ali tiene una tensa relación con su padre a quien acusa de maltratar y no cuidar bien a su esposa, la madre de Ali, una sufrida mujer con problemas de movilidad. El protagonista a su vez tiene un huerto en las afueras de la ciudad a donde viaja cada tanto para ponerlo en condiciones. Un día cae por allí Reza (Erkan Kolçak Köstendil), un hombre que se ofrece a trabajar en el lugar como jardinero a cambio de que lo dejen vivir un tiempo en el lugar. Cuando la madre de Alí muere en circunstancias que él considera sospechosas, el dolido hijo dirige su furia y resentimiento contra su padre, al punto de involucrar a su flamante jardinero en un acto de venganza. 

El film arranca como un drama familiar de corte realista y tono naturalista, pero hacia la mitad, cuando sucede algo de orden fantástico que involucra las identidades de dos de los personajes, tanto la trama como el tono dan un giro. Esto supone ya un corrimiento hacia lugares más ominosos. Khatami no ofrece explicaciones de porqué esto sucede, simplemente pasa y trastoca la realidad, al mismo tiempo que envicia las relaciones y hunde al protagonista en una vorágine de la cual no puede librarse y donde ya no se reconoce. 

Algo de este extrañamiento ya está anunciado al principio cuando la esposa le cuenta al protagonista un sueño extraño e inquietante. Y que va a ser de algún modo premonitorio y fundamental al final, como una manera de establecer que aunque las cosas puedan parecer resueltas o vueltas a un cauce normal, ya no son iguales, la realidad ya es otra. 

Y ahí volvemos al término Lyncheano. Entre las primeras referencias  a lo primero que uno se remite es, efectivamente, al cine de David Lynch, influencia que Khatami reconoció explícitamente. Algo de esa realidad enrarecida que irrumpe en el segundo tramo, los hechos misteriosos que entran sin pedir permiso ni dar explicación, el sumergirse en la oscuridad de la mente y del alma. La referencia a Lynch se hace aún más obvia si nos remitimos específicamente a Carretera perdida (1997),  tanto en el recurso de intercambio de identidades o apariencias, como en el hecho de que este fenómeno viene a dividir el film en dos partes bien diferenciadas.

Entre las influencias palpables que Khatami muestra, también se puede mencionar a su  compatriota Jafar Panahi. Ahí están los dilemas morales, como los que aquél presentó en Fue solo un accidente (2025), película con la que comparte también la tensión, la urgencia, el tener que lidiar con las consecuencias de las decisiones. 

Y es que al final, se trata de la omnipresencia del patriarcado, de la masculinidad tóxica, de las relaciones violentas. Tanto en la relación del padre con su esposa que el hijo denuncia y aborrece, pero también en la agresiva manera en que el mismo Ali maltrata a todas las mujeres que lo rodean: a su esposa, a sus hermanas, a una de sus alumnas en la facultad, a una amiga de su padre y hasta a su propia madre, incluso cuando dice o cree que la está ayudando. Y también en la forma en que le oculta a su esposa que la infertilidad es suya porque esto pondría en cuestión su herida masculinidad. 

Lo que mata pone en cuestión el tema de la identidad y sobre todo la forma en que somos percibidos y nos percibimos a nosotros mismos. Algo notorio en la forma equívoca que el protagonista tiene de actuar de una manera y percibirse a sí mismo de otra muy diferente. Lo que Khatami hace con el método Lyncheano es una manera de enrarecer para poner en evidencia una realidad cotidiana, ya de por sí siniestra pero tristemente naturalizada. 

LO QUE MATA
The Things You Kill / Öldürdügün Seyler. Dirección: Alireza Khatami. Intérpretes: Ekin Koç, Erkan Kolçak Köstendil , Hazar Ergüçlü, Ercan Kesal. Guión: Alireza Khatami. Fotografía: Bartosz Swiniarski. Edición: Alireza Khatami, Selda Taskin. Dirección de Producción: Meral Aktan. Origen: Turquía, Canadá. Duración: 110 minutos.

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