La de Gastón Solnicki es una carrera excéntrica en el cine argentino. Ya desde su primer film, Süden (2008), donde retrataba el regreso a la Argentina del compositor Mauricio Kagel o su segundo, Papirosen (2011), donde seguía a cuatro generaciones de su familia mezclando diversos formatos, Solnicki fue construyendo una filmografía curiosa que incluía como marcas la erudición, la “alta cultura”, el mestizaje de géneros y formas de representación y sobre todo un espíritu lúdico que forman un combo que no tiene un exponente semejante en estas tierras. Quizás con Matias Piñeyro o Alejo Moguillansky puede tener algunos rasgos en común, pero en general el cine de Solnicki es un Rara Avis, un ejemplar único.

The Souffler es el sexto largometraje de Solnicki y se podría decir que es el que más se acerca a una estructura convencional, pero tampoco tanto. Transcurre íntegramente en Viena y su protagonista es Lucius Glanz, interpretado por Willem Dafoe, quien viene de armar un pequeño revuelo mediático al venir a presentar el film al país. Lucius es el manager del Hotel InterContinental, un icónico hotel vienés construido en 1964, conocido entre otras cosas por su pista de patinaje visitada anualmente por miles de personas. Lucius ha venido gestionando el hotel desde hace treinta años y ahora descubre que ese edificio al que le dedicó gran parte de su vida fue vendido y que Facundo Ordoñez, un desarrollador inmobiliario argentino, interpretado por el propio Solnicki, planea hacer una profunda remodelación. Así, Lucius viendo que toda su vida está siendo cuestionada, junto a sus colaboradores inicia una serie de actos de resistencia.

Hay un conflicto claro, pero eso no implica una progresión dramática tradicional, más bien una serie de viñetas dentro de esa situación planteada. Lucius sabe que la suerte está echada e intentar revertirla es una batalla perdida de antemano, y hasta ya está pensando en su próximo destino en un viñedo italiano, por eso la suya es una resistencia más testimonial y hasta poética que efectiva. Lo que vemos entonces son una serie de escenas donde el protagonista, mientras sigue realizando su labor, despliega sus actos de rebeldía, de repudio a los nuevos dueños, y también de goce de sus últimos días o semanas en el hotel, así como también vemos sus interacciones con miembros del staff y conocidos en la ciudad con los cuales tiene una relación de años.

Hay elementos propios de un drama y algunos recursos de documental y hasta del cine de espías, pero en mayor medida The Souffler es una comedia. En cualquier caso una comedia contenida, asordinada, que no apela al gag o a la carcajada sino que juega con situaciones absurdas, con la incomodidad y con el diálogo mordaz a cara de piedra. El código de actuación va en ese sentido: actuaciones controladas de su elenco de actores no profesionales, donde solo Dafoe se permite algún desborde. Es un rasgo de humor el que en ese elenco de no actores el propio director (quien actúa por sugerencia o insistencia del propio Dafoe) se reserve el papel de villano de la historia, el argentino fanfarrón y mentiroso. “cocky and full of shit” es la expresión usada para describirlo por parte de su némesis

The Souffler es el tercer film de la Trilogía de Viena, que también incluyen Introduzione all’oscuro (2018)  y A Little Love Package (2022, aquí entrevista al respecto) y que dan cuenta de la fascinación y el amor que Solnicki tiene por la capital austríaca. Una fascinación que parece haber arrancado temprano en su historia y que en este film testimonia incluyendo archivos personales de la infancia del director en la ciudad y el hotel como si fuesen de su personaje. Algo que de algún modo humaniza a este villano y explica un poco su obsesión con el lugar.

Si bien es cierto que este film es el más accesible del realizador, también conserva varias de sus marcas: su interés en materias como la arquitectura, la música, la pintura o la historia y la voluntad de mezclar formatos que en esta ocasión se expresa en el uso de imágenes documentales de fílmico en blanco y negro del hotel en la época de su inauguración, con imágenes de muchas gente disfrutando de su famosa pista de patinaje. 

Hay algo en las situaciones que parece salido de una improvisación mezclado con encuadres muy pensados y  la preciosa fotografía del portugues Rui Poças, quien ya viene trabajando con el realizador en los otros films de la trilogía. Y, por si no bastara, a la mezcla de formatos y géneros cinematográficos, de diálogos sobre grandes temas mezclados con lo más prosaico, también se le agrega ahora la incorporación de géneros musicales no tan habituales en la filmografía del director, como la inclusión en una escena de fiesta con Dafoe y parte del elenco bailando al ritmo de Damas Gratis. 

En The Souffler los temas principales son el paso del tiempo, las consecuencias de la modernidad, los lugares, los oficios y las historias que desaparecen. Por todo ello, hay algo de elegíaco, una sensación de fin de época, de nostalgia por un tiempo perdido. Pero ni el protagonista ni el film se abandonan a la tristeza y el acto más fuerte de violencia puede ser un pase de comedia muda, como una torta embadurnada en la cara del presunto villano. En su despedida hay más de celebración, de alegría de vivir, de voluntad expresa de salir de la melancolía. Esa es quizás  su mejor venganza.

THE SOUFFLEUR

The Souffler. Dirección: Gastón Solnicki. Intérpretes: Willem Dafoe, Gastón Solnicki, Lilly Lindner, Stéphanie Argerich, Claus Philipp, Camille Clair, Fernando Trocca. Guión: Julia Niemann, Gastón Solnicki. Fotografía: Rui Poças. Edición: Ana Godoy, Alan Segal. Dirección de arte: Monika Nguyen. Origen: Argentina, Austria. Duración: 78 minutos.

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