A dos meses del lanzamiento español y apenas tres semanas después de uno de sus grandes conciertos en Argentina cuando llenó el estadio Obras, el músico, compositor y productor Leiva estrena en el país Hasta que me quede sin voz, un documental que regala una intensa intimidad del artista.

Nacido, criado y habitante del barrio madrileño Alameda de Osuna (cercano al aeropuerto de Barajas), el protagonista del filme nació hace 45 años como José Miguel Conejo Torres pero esa identidad quedó sepultada bajo el aluvión Leiva, un prolífico y exitoso referente del rock de su tierra que ha sabido devenir en marca registrada desde diversas facetas en la vasta escena de la música hispanoamericana.

Sin embargo su nombre de pila, Miguel, aparece nítidamente hacia el final de los 93 minutos de película cuando evoca el intercambio con un miembro del equipo médico que iba a operarlo a los 12 años tras el accidente con un revólver de perdigones que marcaría su vida.

“Miguel: eres el niño con más suerte que conozco de todos los órganos importantes que puedes perder, el ojo es el único en el que tu vida va a ser exactamente igual, así que métete ahí dentro sabiendo que eres un tipo con suerte. Y me metí al quirófano con ese mensaje, un aprendizaje clave que me ha ayudado tanto en la vida”, relata Leiva en la misma primera persona que atraviesa y domina todo el relato.

Aquella pérdida del ojo izquierdo y la lesión irreversible en una cuerda vocal que lo aqueja hace años y que termina dando nombre al retrato audiovisual, son parte de los pesares que el músico desnuda sin maquillaje en un atractivo viaje a las entrañas de un creador que sabe desplegarse con pulso personal y, a la vez, encajar en el mundo de la música como industria.

Casi siempre con la guitarra entre manos, pero alejado de otras imposturas para asumir el agobio, las inseguridades y su adicción al alcohol, Leiva se recorta como un personaje atractivo desde sus inicios en la banda barrial Malahierba, el primer gran boom en el grupo Pereza que lideró junto a Rubén Pozo y su fulgurante tránsito como solista del que se muestran algunos hitos en vivo como fueron los recitales en el Auditorio Nacional de Ciudad de México, el estadio Luna Park de Buenos Aires y el Wiznik Center de Madrid.

El entrañable vínculo con Joaquín Sabina -con quien colaboró desde 2017- es de las pocas referencias a su también eficaz actividad como productor y tampoco aparecen otros hitos de su andar como su rol autoral para colegas ni las creaciones para cine que le valieron un Goya por la canción “La llamada”, del filme homónimo de Javier Ambrossi y Javier Calvo.

Pero esas ausencias no hacen más que delinear un tipo de perfil que sus amigos, los realizadores Mario Forniés y Lucas Nolla, armaron apelando desde el registro en Súper 8 al formato digital para capturar instantáneas y recuerdos capaces de construir un producto cinematográfico que funciona más allá del protagonista y que no tiene la pretensión de una biografía rigurosa aunque entregue certeros apuntes al respecto.

Hasta que me quede sin voz se estrena hoy a las 21 y se verá también el viernes próximo en ese horario en Cine Arte Cacodelphia (Av. Presidente Roque Sáenz Peña 1150).

HASTA QUE ME QUEDE SIN VOZ
Dirección: Mario Forniés, Lucas Nolla. Guionista: Lucas Nolla y Sepia. Montaje: Lucas Nolla. Canción Original: Hasta que me quede sin voz – Leiva. Banda Sonora Original: Inur Ategi y Guillermo Rojo. Origen: España, 2025 – 95 Minutos)

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