No son muchos los casos como el de Fabìan Bielinski, el de un realizador con una filmografía tan pequeña y a la vez tan grande. Pequeña en términos de cantidad, apenas dos películas. Grande en términos de calidad, éxito, consenso crítico e influencia. Una carrera como realizador que empezó relativamente tarde, bastante después de un corto como estudiante, La espera (1983), y una larga carrera como asistente de dirección, para llegar a su debut en el largo a los 40 años. Y que terminó muy temprano, después de una muerte prematura, a los 47 años, víctima de un infarto en Sao Paulo donde había ido a grabar un corto publicitario. En el lapso de cinco años dirigió tan solo dos películas Nueve reinas (2000) y El aura (2005), ambas fundamentales en el cine argentino de los últimos 30 años por diferentes motivos y ambas, además, muy diferentes entre sí. Dos películas que alcanzaron para posicionarlo a su vez como uno de sus realizadores más importantes. Ambas fusionan sus nombres en Nueve auras, el documental dedicado a su vida y obra dirigido por Mariano Frigerio. 

Nueve auras es el tercer largometraje de Frigerio después de dos documentales que también tienen como objeto obras emblemáticas del cine argentino. El primero de ellos fue Carroceros (2021), dedicado al fenómeno desatado por Esperando la carroza (1985) y sobre todo a su organizada legión de fans. El segundo es Leyenda feroz (2024) acerca de Tango feroz: la leyenda de Tanguito (1993) y el fenómeno que este film desató a mediados de los 90. Si aquellos dos primeros documentales se concentraban cada uno en una película y los fenómenos que desprendían de la misma, en el caso de Nueve auras el objeto es seguir la vida del autor y por consiguiente su obra, aunque como veremos, uno de los films ocupa el centro de la escena. 

Se trata  de un documental convencional en términos de puesta en escena. Hay un repaso de su carrera en orden cronológico narrado a través de entrevistas a quienes lo conocieron y material de archivo consistente en fragmentos de películas, fotos, recortes de prensa, imágenes de backstage y algunas entrevistas de la época al propio Bileinski. Pero si bien la propuesta no se sale de lo habitual en términos formales, se destaca por la calidad de los entrevistados: todos los actores principales de ambas películas, amigos, compañeros, directores a los que asistió y miembros de su familia. Así desfilan, entre otros, personajes como los actores y actrices Ricardo Darin, Gaston Pauls, Leticia Bredice, Dolores Fonzi, Nahuel Pérez Biscayart o Alejandro Awada, su amigo y asistente Martin Hodara (luego él también director), realizadores como Carlos Sorín o Fernando Spiner, y el íntimo testimonio de su hermana, su viuda y su hijo.

Pero si hay algo que hace la diferencia en Nueve Auras además del hecho de contar con esos entrevistados es, para decirlo en términos informales, la onda que le ponen algunos de ellos, y sobre todo los protagonistas de Nueve reinas, es decir: Darin, Pauls y Bredice. Las escenas de estos recorriendo los escenarios donde se filmó la película son el corazón del documental. La predisposición de los tres y la química entre ellos, son lo que la eleva por encima de una narración más convencional, sobre todo en el caso de Leticia Bredice, en una participación que derrocha entusiasmo, y a quien se la nota disfrutando cada momento. En algún pasaje del documental se dice que el de Nueve reinas fue un rodaje feliz y eso es algo que puede inferirse observando el recuerdo y la actitud de sus protagonistas 25 años después.

En vista de este hallazgo, que quizás no estaba en los planes, es que el rodaje y estreno de Nueve reinas es a lo que está dedicada la mayor parte del documental. Y si bien eso le beneficia, también hace que sufra un desbalance. A El aura, su segundo largometraje, una película que no tuvo el mismo éxito pero es igualmente relevante y para algunos es incluso mejor, se le dedica sólo una cuarta parte del relato y eso termina sabiendo a poco. Es en esta última parte en que el documental se sumerge en la oscuridad del rodaje y del difícil momento personal de su director, y por eso cambia también el tono, en parte por la tortuoso de esa filmación y en parte porque se anticipa la tragedia por venir. Ahí también cobra especial protagonismo Ricardo Darin, quien acompañó a Bielinsky en sus dos películas, que fue su amigo, y que puede del mismo modo contar con mucha gracia una anécdota desopilante con unos ciervos y al rato brindar un momento muy emotivo donde él mismo se quiebra en medio de su narración. 

Bielinski fue un caso extraño, un personaje excepcional en más de un sentido dentro del cine argentino. Fue contemporáneo al llamado Nuevo Cine Argentino, pero sin formar parte de él por generación, por estilo y propuesta, un director muy atento al género y conocido por una gran precisión. Desde un lado más egoísta cabe pensar en lo contrafáctico. No solo lamentamos la pérdida de una persona jóven y (por lo que se desprende de los relatos) muy querida en el ambiente, sino también la de un realizador en su mejor momento, al tope de sus capacidades, con una obra breve pero impecable. Lo que nunca sabremos es lo que estaba por venir, eso que podría haber sido, las películas que nos perdimos 

NUEVE AURAS
Nueve auras. Guión y dirección: Mariano Frigerio. Testimonios: Ricardo Darin, Gastón Pauls, Leticia Brédice, Dolores Fonzi, Nahuel Pèrez Biscayart, Alejandro Awada, Tomás Fonzi, Cris Moncayo, Claudia Bielinski, Martín Hodara. Fotografía : Gastón Zalazar. Música: César Lerner. Edición: Mariano Daneri, Emanuel Kalenik. Origen: Argentina. Duración 80 minutos.

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