Un documental familiar tan inteligente como inquietante y divertido es el que propone Toia Bonino en una singular experiencia personal dentro de un cine que, hasta acá, había estado más atento a sucesos policiales apreciados en sus filmes Orione, La sangre en el ojo y Engomado.

Capaz de asumir el riesgo de meterse en la intimidad de su propia historia, la realizadora narra cómo fue descubriendo que su abuelo, Antonio Bonino fue secretario general del partido fascista italiano y mano derecha de Benito Mussolini y pone esa revelación en el eje del cuento audiovisual desplegado.

Retazos de archivo de familia, fragmentos de películas, apuntes personales en off y hasta algunas filmaciones con sus hijos van descorriendo el velo de ese secreto que nadie quiso asumir y que al mismo tiempo que muestra los pliegues del pasado, también se proyecta hacia el presente y el futuro de ese clan.

“Era un hombre cariñoso, a mí me decía Señorita Sonrisa pero esta historia no comienza con mi nacimiento sino con su muerte”, cuenta Toia en un momento de los 71 minutos que inician con la revelación del último deseo de Antonio de ser velado con una camisa negra, uno de los símbolos del fascismo.

En otro tramo, la directora describe aspectos de ese abuelo al que “le gustaba cazar, mirar boxeo manejar tractores para demostrar su condición de hombre peligroso”, aspectos que configuran ese perfil a destiempo sobre el que ella misma confiesa: “hicimos lo posible por ignorar”.

L’ADDIO
Dirección: Toia Bonino. Guión: Nicolas Testoni, Gustavo Galuppo, Toia Bonino. Montaje: Gustavo Galuppo. Sonido: Mercedes Gaviria. Fotografía y cámara: Armin Marchesini Weihmüller, Toia Bonino. Distribuidora: Cinetren. Argentina-Italia/2024. Duración: 71 minutos.

Reseña publicada originalmente en el Bafici 26.

Compartir