En un evento como el de Cannes, donde todo es más grande, más brillante, más mediático; con estrellas que llegan a la Costa Azul para promocionar sus películas y para mostrarse; un ejército de personas vive y sobrevive del festival de cine más glorioso del mundo. Desde los vendedores ambulantes que ofrecen remeras, llaveros, bolsos y todo tipo de artículos relacionados con el festival, o músicos que en la famosa Avenida Corisette tocan por unas monedas; pasando por los que alquilan escaleras para que los turistas vean al menos desde lejos lo que sucede cada noche en las galas de la alfombra roja, hasta los bares cercanos al imponente Palais, siempre llenos de ruidosos periodistas de todo el mundo; hasta las tiendas donde se venden los souvenirs oficiales del festival. Todo eso pasa en Cannes: una gigantesca maquinaria que se pone en marcha cada mayo para mostrar al mundo un evento lleno de brillo, que se sostiene desde hace 64 años.
Publicada originalmente en Télam.




